22/02/2010

16 años del inicio del diálogo EZLN y Gobierno

Amalia Avendaño

“Donde quiera que nuestra actitud sea discriminadora, soberbia, prepotente, dominadora injusta, se acumula potencialmente una violencia de respuesta a esta violencia primera que se infringe a la gente”, Samuel Ruiz García, febrero de 1994.

El 22 de febrero de 1994, hace 16 años, al iniciarse los diálogos entre el EZLN y el gobierno Federal; el primero encabezado por el -entonces recién conocido- Subcomandante Marcos y el segundo por Manuel Camacho Solís como representante del –en ese entonces presidente de la República- Carlos Salinas de Gortari, evento en los que medio mundo tenía puestas sus esperanzas de una vida mejor y más justa, sino para todos los chiapanecos, al menos si para los más amolados y el mediador de dichas platicas, el obispo Samuel Ruiz García, advirtió desde el altar de Catedral:

“La paz no es un regalo que viene del cielo empaquetado como regalo, es un don y un ofrecimiento sagrado, pero es conquista humana, tiene que ser resultado corresponsable de nuestra conducta”,

A 16 años de ese acontecimiento, que era un logró inédito de una sociedad civil mexicana -conmovida por la miserable situación de los indígenas- cuando se volcó a las calles para demandar el silencio de las armas y la búsqueda de soluciones de fondo, el balance es a todas luces un fracaso total, nadie puede negar que en Chiapas se sigue regando estérilmente la sangre indígena.

Es cierto que a raíz del alzamiento armado la pobreza de las montañas, la selva y la sierra chiapaneca se conoció en todo el mundo, que se hizo evidente el fracaso y las mentiras oficiales de país perfecto, que el PRI perdió momentáneamente el poder, que gente de buen corazón llegó y aún llega a las comunidades a hacer menos peor la vida de muchos y que cientos, quizá miles de comités de solidaridad con el zapatismo se crearon en todos los continentes y que algunos todavía se comportan honestamente transfiriendo los beneficios del proselitismo a los municipios autónomos.

Pero también es cierto que bastaron menos de 16 años para desactivar a la inmensa mayoría de aquella sociedad civil, aquellos millones que marcharon en distintas ciudades mexicanas para exigir la paz y estuvieron cabalmente representados en el cinturón humano entorno a la reunión de Manuel Camacho, Marcos y Don Samuel.

A varias de aquellas piezas de la imponente manifestación y del conmovedor cinturón viviente unidos sin más interés que detener la violencia y proteger a los huéspedes del templo, bastó mucho menos de 16 años para colocarse en el bando contrario a la paz al paso de cualquier proceso electoral, otros justificaron la invención de bandos paralelos a la justicia desde donde hipócritamente suministran -o juran que lo hacen- el 10 por ciento de las regalías de sus actividades a las comunidades.

Y muchos otros confundieron la búsqueda de la paz con huecos escándalos mediáticos conmemorativos similares a los proselitismos sexenales partidistas que sólo alimentan egos y abonan peligrosamente a la violencia, aquella violencia a la que Marcos se refería el día que inauguró los diálogos de Catedral mientras rendía honores al lábaro tricolor:

“Ustedes nos han dicho que le demos una oportunidad a la paz, y nosotros hemos recibido su mensaje y hemos venido aquí con ánimo verdadero y honesto.

Si hay otro camino al mismo sitio, al lugar donde esta bandera ondee con democracia libertad y justicia, muéstrenlo.

“Si es posible que no sean necesarias ya ni las guerras, ni los ejércitos, sin que haya fuego y sangre para lavar la historia, sea. Pero… ¿Y si no? ¿Si se nos vuelven a cerrar todas las puertas? ¿Y si la palabra no logra saltar los muros de la soberbia y la incomprensión? ¿Y si la paz no es digna y verdadera? ¿Quién, preguntamos, quien nos negara el sagrado derecho de vivir y morir como hombres dignos y verdaderos? ¡¿Quien?¡”.