25/08/2012

Declaración de los Pueblos del Campo, de las Aguas y de los Bosques

Tenemos la fraternal satisfacción de saludar y compartir esta declaración programática unitaria, que difundimos en la certeza de su alcance ejemplar y sin fronteras. Hermanos y hermanas -de clase y de causa- del Brasil, gracias! por un aporte que, fruto de las mejores y más dignas luchas, sin duda sabrá ser herramienta también para todos los pueblos en lucha de nuestra Matria Grande.
Red Latina sin fronteras
 

Nota aclaratoria: Hoy mismo hemos recibido la declaración original en idioma portugués. Realizamos una traducción no profesional. Por lo que agradecemos hagan llegar o indiquen cualquier corrección que consideren necesaria. Se adjunta también la versión original.
redlatinasinfronteras@yahoo.es

Fuente:  Red Latina sin Fronteras



Fente original en portugués: MST informaMartes, 22 de agosto 2012
Año 9 - N º 195

letraviva@mst.org.br www.mst.org.br 


Unidad por Tierra, Territorio y Dignidad! 

Los movimientos sociales del campo, que se reunen esta semana en el Encuentro Unitario de Trabajadores, Trabajadoras y Pueblos del campo, Agua y Bosques, en Brasilia, lanzan una declaración conjunta que representa una demostración de articulación y unidad política de los campesinos, los pequeños agricultores , trabajadores  rurales sin tierra, indígenas y cimarrones y ambientalistas, defensores de derechos humanos y estudiantes que participaron en esta construcción.

El encuentro es una respuesta a los desafíos de nuestro país para superar la desigualdad en la distribución de la tierra, que se mantiene inalterada desde los años 20, pero con la consecuencia de los riesgos económicos, sociales, culturales y ambientales de la especialización primaria de la economía.

El proyecto capitalista en curso en Brasil, representada en el campo por el agronegocio, tiene como objetivo la acumulación de capital en el sector primario, sirviendo a los intereses y al dominio del capital extranjero en el campo por medio de las transnacionales.

La ofensiva de este proyecto causa la trituración y desplazamiento de los trabajadores y trabajadoreas de los pueblos del campo, de las aguas y los bosques. Además de eso , se impide la realización de la reforma agraria, la demarcación y el reconocimiento de los territorios indígenas y cimarrones.

Por otra parte, tiene impactos sociales y ambientales negativos, con el aumento de la violencia, la violación de los territorios de los pescadores y los pueblos de los bosques, el debilitamiento de la agricultura familiar y campesina, la sujeción de los trabajadores y de los consumidores a los alimentos contaminados y la convivencia con la degradación ambiental.

El encuentro demuestra que es indispensable un proyecto de vida y trabajo para la producción de alimentos saludables en una escala suficiente para satisfacer las necesidades de la sociedad, que respete la naturaleza y genere dignidad en el campo.

Para ello, es necesario realizar la reforma agraria, defender nuestra soberanía territorial, garantizar la soberanía alimentaria, desarrollar la agroecología, con la centralidad de la agricultura familiar y campesina y las formas tradicionales de producción y educación  del campo, los pueblos indígenas y cimarrones, como herramientas estratégicas para la emancipación. 

A continuación, lea la declaración final del Encuentro Unitario de Trabajadores, Trabajadoras y Pueblos del Campo, de las Aguas y los bosques:

Por Tierra, Territorio y Dignidad! 

Después de siglos de opresión y resistencia, "las masas campesinas oprimidas y explotadas" en una demostración de capacidad de articulación, unidad política y construcción de una propuesta nacional, se reunieron en el Congreso "Primer Congreso Nacional de Labradores y Trabajadores Agrícolas sobre el carácter de la reforma agraria", en el año 1961, en Belo Horizonte. Ya en ese Congreso los pueblos del campo, asumiendo un papel de sujetos políticos, apuntaban a la centralidad de la tierra como espacio de vida, de producción e identidad socio-cultural.

Esa unidad y fuerza política llevó al gobierno de João Goulart a incorporar la reforma agraria como parte de sus reformas de base, contrariando los intereses de las elites y transformandose en uno de los elementos que llevaron al golpe de Estado de 1964. Los gobiernos golpistas perseguieron, torturaron, encarcelaron y asesinaron dirigentes, pero no lograron destruir el sueño, ni las luchas campesinas por un pedazo de tierra.

Después de décadas de resistencia y denuncias de la opresión, las movilizaciones y luchas sociales han creado las condiciones para la reanudación y la expansión de la organización campesina, haciendo  emerger una diversidad de sujetos y pautas. Junto con la lucha por la reforma agraria, la lucha por la tierra y por el territorio se van afirmando sujetos como los sin tierra, cimarrones, indígenas,  recolectores, pescadores artesanales , quebradeiras, comunidades tradicionales, agricultores familiares, campesinos, trabajadores y trabajadoras rurales y demás pueblos del campo, de las aguas y los bosques. 

En este proceso de constitución de sujetos políticos, se afirman las mujeres y los jóvenes en la lucha contra la cultura patriarcal, por la visibilidad y la igualdad de derechos y dignidad en el campo.

En nueva demostración decapacidad de articulación y unidad política, nosotros hombres y mujeres de todas las edades, nos reunimos 51 años después, en Brasilia, en el Encuentro Nacional Unitario de Trabajadores y Trabajadoras, Pueblos del Campo, de las Aguas y los Bosques, teniendo como centralidad  la lucha de clases en torno a la tierra, que actualmente se expresa en la lucha por la Reforma Agraria, Tierra, Territorio y Dignidad.

Estamos construyendo la unidad en respuesta a los desafíos de la desigualdad en la distribución de la tierra. Al igual que en los años 60, esta desigualdad se mantiene inalterada, habiendo una profundización de los riesgos económicos, sociales, culturales y ambientales, como consecuencia de la especialización primaria de la economía.

La primera década del siglo XXI revela un proyecto de reactivación de la modernización conservadora de la agricultura, iniciada por los militares, interrumpida se en los años noventa y retomada como proyecto de expansión primaria para el sector externo en los últimos doce años, bajo la denominación de agronegocio, que establece como nuestro enemigo común.

Este proyecto, en esencia, produce desigualdades en  las relaciones fundiárias y sociales del medio rural,  profundiza la dependencia externa y realiza una explotación ultrapredatória de la naturaleza.  Sus protagonistas son el capital financiero, las grandes cadenas de producción y comercialización de commodities de escala mundial,  el latifundio y el Estado brasilero en sus funciones financiadoras - inclusive destinando recursos públicos para grandes proyectos y obras de infraestructuras - y (des)reguladora de la tierra.

El proyecto capitalista en curso en Brasil persigue la acumulación de capital especializado en el sector primario, promoviendo la sobreexplotación agropecuaria, hidroeléctrica, mineral y petrolera. Esta superexplotación, en nombre de la necesidad de equilibrar las transacciones externas, sirve a los intereses y la dominación del capital extranjero en el campo a través de las transnacionales del agro y el hidronegocio.

Este proyecto provoca la trituración y la desterritorialización de los trabajadores y trabajadoras de los pueblos del campo, de las aguas y de los bosques. Sus consecuencias sociales y ambientales son la no realización de la reforma agraria,  la no demarcación y el reconocimiento de los territorios indígenas y cimarrones, el aumento de la violencia, la violación de los territorios de los pescadores y los pueblos de los bosques, la fragilización de la agricultura familiar y campesina, la sujeción de trabajadores y consumidores a los alimentos contaminados y a la convivencia con la degradación ambiental. También hay consecuencias socio-culturales como la masculinización y el envejecimiento en el campo, por la falta de oportunidades para los jóvenes y las mujeres, resultando la no reproducción social del campesinado.

Estas consecuencias fueron agravadas por la ausencia, la falta de adecuación al carácter asistencialista y de emergencia de las políticas públicas. Estas políticas contribuyeron al proceso de desigualdad social entre el campo y la ciudad, el vaciamiento del medio rural y el aumento de la vulnerabilidad de los sujetos del campo, de las aguas y de los bosques. En lugar de promover igualdad y dignidad, las políticas y acciones del Estado ,muchas veces, retiran derechos y promueven la violencia en el campo.

Incluso generando conflictos y siendo enemigo de los pueblos, el Estado brasileño en sus esferas de Ejecutivo, Judicial y Legislativo, históricamente viene invirtiendo en el fortalecimiento del modelo de desarrollo concentrador, excluyente y degradante. A pesar de todos los problemas generados, los sucesivos gobiernos - inclusive el actual - mantiene la opción  por el agro e hidronegocio.

El Brasil, un país rico en tierras, agua, bienes naturales y biodiversidad, atrae el capital especulativo y agroexportador, intensificando los impactos negativos sobre los territorios y poblaciones indígenas, cimarrones y las comunidades  tradicionales y campesinas. Externamente, el Brasil se está convirtiendo en la palanca de diseño neocolonizador, la ampliación de este modelo para otros países, especialmente en América Latina y África.

Se torna indispensable un proyecto de vida y trabajo para la producción de alimentos saludables en escala suficiente para atender las necesidades de la sociedad, que respete la naturaleza y genere dignidad en el campo. Al mismo tiempo, el rescate y fortalecimiento del campesinado, la defensa y recuperación de sus culturas y saberes se hace necesario para proyectos alternativos de desarrollo y sociedad.

Ante esto, declaramos lo siguiente:

1) La reforma agraria como política esencial de desarrollo justo, popular, solidario y sostenible, presupone el cambioen la estructura agraria, la democratización del acceso a la tierra, respeto a los territorios y garantia de reproducción social de los pueblos del campo, del agua y los bosques.

2) La soberanía territorial, que comprende el poder y la autonomía de los pueblos interesados ​​para proteger y defender libremente el bien común y el espacio social y de lucha que ocupan y establecen  sus relaciones y modos de vida, desarrollo de las diferentes  culturas y modos de producción y reproducción, que marcan y dan identidad al territorio.

3) La soberanía alimentaria como derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la alimentación adecuada de toda la población, respetando sus culturas y la diversidad de formas de producir, comercializar y administrar estos procesos.

4) La agroecología como base para la sostenibilidad y la organización social y productiva de la agricultura familiar y campesina, en oposición al modelo del agronegocio. La agroecología es un modo de producir y relacionarse en la agricultura, que preserva la biodiversidad, los ecosistemas y el patrimonio genético, que produce alimentos saludables, libres de transgénicos y agrotóxicos, que valoriza saberes y culturas de los pueblos del campo, del agua y de los bosques y defiende la vida.

5) La centralidad de la agricultura familiar y campesina y las formas tradicionales de producción y su fortalecimiento por medio de políticas  públicas estructurantes, como el fomento y crédito subsidiado y adecuado a las realidades,  asistencia técnica basada en principios agroecológicos,  investigación que reconozca e incorpore los saberes tradicionales ,  formación, especialmente de la juventud, incentivo de la cooperación, agroindustrialización y comercialización.

6) La necesidad de relaciones igualitarias, el reconocimiento y el respeto mutuos, especialmente en relación a las mujeres, superando la división sexual del trabajo y el poder patriarcal y combatiendo todos los tipos de violencia.

7) La soberanía energética como un derecho de los pueblos, lo que demanda el control social sobre las fuentes, la producción y distribución de energía, alterando el actual modelo energético brasileño.

8) La educación rural, indígena y cimarrona como herramientas estratégicas para la emancipación de los sujetos, que surgen de las experiencias de lucha por el derecho a la educación y un proyecto político-pedagógico vinculado a los intereses de la clase trabajadora. Ellas se contraponen a la educación rural, que tiene como objetivo auxiliar un proyecto de  agricultura y sociedad subordinada a los intereses del capital, que sufre la educación escolar para preparar   mano de obra mínimamente cualificada y barata y que esclaviza a los trabajadores en el sistema de producción de monocultura.

9) La necesidad de democratización de los medios de comunicación, hoy concentrados en unas pocas familias y al servicio del proyecto capitalista concentrador, que criminalizan a los movimientos s y  organizaciones sociales del campo, de las aguas y los bosques.

10) La necesidad de reconocimiento por el Estado de los derechos de las poblaciones afectadas por grandes proyectos, asegurando la consulta libre, previa e informada y la reparación en los casos de violación de los derechos.

Nos comprometemos:

1 - A fortalecer las organizaciones sociales e intensificar el proceso de unidad entre los trabajadores y trabajadoras, los pueblos del campo, de las aguas y los bosques, poniendo como centro la lucha de clases y el enfrentamiento al enemigo común, el capital y su expresión actual en el campo , el agro e hidronegocio.

2 -A ampliar las unidad en los próximos períodos, construyendo pautas comunes y procesos unitarios de lucha por la realización de la reforma agraria, por el reconocimiento, titulación, demarcación y retirar los intrusos de las tierras indígenas, los territorios y las comunidades tradicionales cimarrones, garantizando derechos territoriales, dignidad y autonomía.

3 - A fortalecer la lucha por la reforma agraria como bandera unitaria de los trabajadores y trabajadoras y de los pueblos del campo, de las aguas y los bosques.

4 - A construir y fortalecer alianzas entre sujetos del campo y la ciudad, a nivel nacionales e internacional, en estrategias de clase contra el capital y en defensa de una sociedad justa, igualitaria, solidaria y sostenible.

5 -A luchar por la transición agroecológica masiva, contra los agrotóxicos, por la producción de alimentos saludables, por la soberanía alimentaria, en defensa de la biodiversidad y las semillas.

6 - A construir una agenda común para rediscutir los criterios de construcción, acceso,  alcance,  carácter y  control social de las políticas públicas, por ejemplo, del PRONAF, PNAE, PAA, PRONERA, PRONACAMPO, investigación y extensión, entre otros, dirigidos a la pueblos del campo, de las aguas y de los bosques.

7 - A fortalecer la lucha de las mujeres por derechos, por la igualdad y poner fin a la violencia.

8 - A ampliar el reconocimiento de la importancia estratégica de la juventud en la dinámica del desarrollo y reproducción social de los pueblos del campo, de las aguas y de los bosques.

9 - A luchar por cambios en el modelo actual de pautadoen los petro-dependientes, de alto consumo de energía.

10 - A combatir y denunciar la violencia y la impunidad en el campo y la criminalización de los movimientos sociales y líderes, promovida por agentes públicos y privados.

11 - A luchar por el reconocimiento de responsabilidad del Estado por la muerte y desaparición de campesinos, así como los derechos de reparación a sus familias, con la creación de una comisión campesina por amnistia, memoria, verdad y justicia para incidir en los trabajos labor de la Comisión Especial sobre muertos y desaparecidos políticos, viendo la inclusión de todos los afectados por la represión.

Nosotros, trabajadores y tabajadoras, pueblos del campo, de las aguas y de los bosques exigimos la reorientación de las políticas y acciones del Estado brasileño, porque el campo no soporta más. Seguiremos en marcha, movilizados en unidad y  lucha, y en el combate a nuestro enemigo común,  construiremos un País y una sociedad justa, solidaria y sostenible

Brasilia, 22 de agosto de 2012. 

Asociación de Casas Familiares Rurales (ARCAFAR)
Asociación de Mujeres de Brasil (AMB)
Asociación Brasileña de Reforma Agraria (ABRA)
Asociación Brasileña de Estudiantes de Silvicultura (ABEEF)
Articulación Nacional de Agroecología (ANA)
Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB)
Indígena Consejo Misionero (CIMI)
CARITAS brasileño
Coordinación Nacional de quilombolas (CONAQ)
Confederación Nacional de Trabajadores Agrícolas (CONTAG)
Comisión Pastoral de la Pesca (CPP)
Comisión Pastoral de la Tierra (CPT)
Central de Trabajadores de Brasil (CTB)
Central Unitaria de Trabajadores (CUT)
Federación de Estudiantes de Agricultura de Brasil (FEAB)
Federación de Trabajadores de la Agricultura Familiar (FETRAF)
FASE
Greenpeace
INESC
Marcha Mundial de las Mujeres (MMM)
Movimiento de Afectados por Represas (MAB)
Movimiento Campesino Popular (MCP)
Movimiento de Mujeres Campesinas (MMC)
Movimiento de Mujeres Trabajadoras Rurales en el noreste (NE-MMTR)
Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA)
Movimiento de Pescadores y Oficios Marinas (MPP)
Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST)
Movimiento Interestatal de la Mujer babasú tuerca automáticos (MIQCB)
Oxfam Brasil
Pastoral Juvenil Rural (PJR)
Plataforma DhESCA
Cefas Network
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Investigación y el Desarrollo Agrícola (SINPAF)
Sinpró DF
Derecho a la Tierra
Unicafes
VIA CAMPESINA BRASIL 

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Versión original en portugués
Terça-feira, 22 de agosto de 2012
Ano 9 - nº 195 

Unidade por por Terra, Território e Dignidade! 

Os movimentos sociais do campo, que se reuniram nesta semana no Encontro Unitário dos Trabalhadores, Trabalhadoras e Povos do Campo, das Águas e das Florestas, em Brasília, lançaram uma declaração conjunta que representa uma demonstração de articulação e unidade política dos camponeses, pequenos agricultores, sem-terra, indígenas e quilombolas, além de ambientalistas, defensores dos direitos humanos e estudantes que participaram dessa construção.

O encontro é uma resposta aos desafios do nosso país para superar a desigualdade na distribuição da terra, que se mantém inalterada desde a década de 20, mas com riscos econômicos, sociais, culturais e ambientais em consequência da especialização primária da economia.

O projeto capitalista em curso no Brasil, representado no campo pelo agronegócio, tem como objetivo a acumulação de capital no setor primário, servindo aos interesses e domínio do capital estrangeiro no campo por meio das transnacionais.

A ofensiva desse projeto causa o esmagamento e a desterritorialização dos trabalhadores e trabalhadoras dos povos do campo, das águas e das florestas. Além disso, impede a realização da reforma agrária, a demarcação e reconhecimento de territórios indígenas e quilombolas.

Por outro lado, tem impactos sociais e ambientais negativos, com o aumento da violência, a violação dos territórios dos pescadores e povos da floresta, a fragilização da agricultura familiar e camponesa, a sujeição dos trabalhadores e consumidores a alimentos contaminados e ao convívio com a degradação ambiental.

O encontro demonstra que é indispensável um projeto de vida e trabalho para a produção de alimentos saudáveis em escala suficiente para atender as necessidades da sociedade, que respeite a natureza e gere dignidade no campo.

Para isso, é necessário realizar a Reforma Agrária, defender a nossa soberania territorial, garantir a  a soberania alimentar, desenvolver a agroecologia, com a centralidade da agricultura familiar e camponesa e de formas tradicionais de produção e educação do campo, indígena e quilombola como ferramentas estratégicas para a emancipação.

Abaixo, leia a declaração final do Encontro Unitário dos Trabalhadores, Trabalhadoras e Povos do Campo, das Águas e das Florestas.

Por Terra, Território e Dignidade! 

Após séculos de opressão e resistência, "as massas camponesas oprimidas e exploradas", numa demonstração de capacidade de articulação, unidade política e construção de uma proposta nacional, se reuniram no "I Congresso Nacional dos Lavradores e Trabalhadores Agrícolas sobre o caráter da reforma agrária", no ano de 1961, em Belo Horizonte. Já nesse I Congresso os povos do campo, assumindo um papel de sujeitos políticos, apontavam a centralidade da terra como espaço de vida, de produção e identidade sociocultural.

Essa unidade e força política levaram o governo de João Goulart a incorporar a reforma agrária como parte de suas reformas de base, contrariando os interesses das elites e transformando-se num dos elementos que levou ao golpe de 1964. Os governos golpistas perseguiram, torturaram, aprisionaram e assassinaram lideranças, mas não destruíram o sonho, nem as lutas camponesas por um pedaço de chão.

Após décadas de resistência e denuncias da opressão, as mobilizações e lutas sociais criaram condições para a retomada e ampliação da organização camponesa, fazendo emergir uma diversidade de sujeitos e pautas. Junto com a luta pela reforma agrária, a luta pela terra e por território vem afirmando sujeitos como sem terra, quilombolas, indígenas, extrativistas, pescadores artesanais, quebradeiras, comunidades tradicionais, agricultores familiares, camponeses, trabalhadores e trabalhadoras rurais e demais povos do campo, das águas e das florestas. Neste processo de constituição de sujeitos políticos, afirmam-se as mulheres e a juventude na luta contra a cultura patriarcal, pela visibilidade e igualdade de direitos e dignidade no campo.

Em nova demonstração de capacidade de articulação e unidade política, nós homens e mulheres de todas as idades, nos reunimos 51 anos depois, em Brasília, no Encontro Nacional Unitário de Trabalhadores e Trabalhadoras, Povos do Campo, das Águas e das Florestas, tendo como centralidade a luta de classes em torno da terra, atualmente expressa na luta por Reforma Agrária, Terra, Território e Dignidade.

Nós estamos construindo  a unidade em resposta aos desafios da desigualdade na distribuição da terra. Como nos anos 60, esta desigualdade se mantém inalterada, havendo um aprofundamento dos riscos econômicos, sociais, culturais e ambientais, em conseqüência da especialização primária da economia.

A primeira década do Século XXI revela um projeto de remontagem da modernização conservadora da agricultura, iniciada pelos militares, interrompida nos anos noventa e retomada como projeto de expansão primária para o setor externo nos últimos doze anos, sob a denominação de agronegócio, que se configura como nosso inimigo comum.

Este projeto, na sua essência, produz desigualdades nas relações fundiárias e sociais no meio rural, aprofunda a dependência externa e realiza uma exploração ultrapredatória da natureza. Seus protagonistas são o capital financeiro, as grandes cadeias de produção e comercialização de commodities de escala mundial, o latifúndio e o Estado brasileiro nas suas funções financiadora - inclusive destinando recursos públicos para grandes projetos e obras de infraestrutura - e (des)reguladora da terra.

O projeto capitalista em curso no Brasil persegue a acumulação de capital especializado no setor primário, promovendo super-exploração agropecuária, hidroelétrica, mineral e petroleira. Esta super-exploração, em nome da necessidade de equilibrar as transações externas, serve aos interesses e domínio do capital estrangeiro no campo através das transnacionais do agro e hidronegócio.

Este projeto provoca o esmagamento e a desterritorialização dos trabalhadores e trabalhadoras dos povos do campo, das águas e das florestas. Suas conseqüências sociais e ambientais são a não realização da reforma agrária, a não demarcação e reconhecimento de territórios indígenas e quilombolas, o aumento da violência, a violação dos territórios dos pescadores e povos da floresta, a fragilização da agricultura familiar e camponesa, a sujeição dos trabalhadores e consumidores a alimentos contaminados e ao convívio com a degradação ambiental. Há ainda conseqüências socioculturais como a masculinização e o envelhecimento do campo pela ausência de oportunidades para a juventude e as mulheres, resultando na não reprodução social do campesinato.

Estas conseqüências foram agravadas pela ausência, falta de adequação ou caráter assistencialista e emergencial das políticas públicas. Estas políticas contribuíram para o processo de desigualdade social entre o campo e a cidade, o esvaziamento do meio rural e o aumento da vulnerabilidade dos sujeitos do campo, das águas e das florestas. Em vez de promover a igualdade e a dignidade, as políticas e ações do Estado, muitas vezes, retiram direitos e promovem a violência no campo.

Mesmo gerando conflitos e sendo inimigo dos povos, o Estado brasileiro nas suas esferas do Executivo, Judiciário e Legislativo, historicamente vem investindo no fortalecimento do modelo de desenvolvimento concentrador, excludente e degradador. Apesar de todos os problemas gerados, os sucessivos governos - inclusive o atual - mantêm a opção pelo agro e hidronegócio.

O Brasil, como um país rico em terra, água, bens naturais e biodiversidade, atrai o capital especulativo e agroexportador, acirrando os impactos negativos sobre os territórios e populações indígenas, quilombolas, comunidades tradicionais e camponesas. Externamente, o Brasil vem se tornando alavanca do projeto neocolonizador, expandindo este modelo para outros países, especialmente na América Latina e África.

Torna-se indispensável um projeto de vida e trabalho para a produção de alimentos saudáveis em escala suficiente para atender as necessidades da sociedade, que respeite a natureza e gere dignidade no campo. Ao mesmo tempo, o resgate e fortalecimento dos campesinatos, a defesa e recuperação das suas culturas e saberes se faz necessário para projetos alternativos de desenvolvimento e sociedade. Diante disto, afirmamos:

1) a reforma agrária como política essencial de desenvolvimento justo, popular, solidário e sustentável, pressupondo mudança na estrutura fundiária, democratização do acesso à terra, respeito aos territórios e garantia da reprodução social dos povos do campo, das águas e das florestas.

2) a soberania territorial, que compreende o poder e a autonomia dos povos em proteger e defender livremente os bens comuns e o espaço social e de luta que ocupam e estabelecem suas relações e modos de vida, desenvolvendo diferentes culturas e  formas de produção e reprodução,  que marcam e dão identidade ao território.

3) a soberania alimentar como o direito dos povos a definir suas próprias políticas e estratégias sustentáveis de produção, distribuição e consumo de alimentos que garantam o direito à alimentação adequada a toda a população, respeitando suas culturas e a diversidade dos jeitos de produzir, comercializar e gerir estes processos.

4) a agroecologia como base para a sustentabilidade e organização social e produtiva da agricultura familiar e camponesa, em oposição ao modelo do agronegócio. A agroecologia é um modo de produzir e se relacionar na agricultura, que preserva a biodiversidade, os ecossistemas e o patrimônio genético, que produz alimentos saudáveis, livre de transgênicos e agrotóxicos, que valoriza saberes e culturas dos povos do campo, das águas e das florestas e defende a vida.

5) a centralidade da agricultura familiar e camponesa e de formas tradicionais de produção e o seu fortalecimento por meio de políticas públicas estruturantes, como fomento e crédito subsidiado e adequado as realidades; assistência técnica baseada nos princípios agroecológicos; pesquisa que reconheça e incorpore os saberes tradicionais; formação, especialmente da juventude; incentivo à  cooperação, agroindustrialização e comercialização.

6) a necessidade de relações igualitárias, de reconhecimento e respeito mútuo, especialmente em relação às mulheres, superando a divisão sexual do trabalho e o poder patriarcal e combatendo todos os tipos de violência.

7) a soberania energética como um direito dos povos, o que demanda o controle social sobre as fontes, produção e distribuição de energia, alterando o atual modelo energético brasileiro.

8) a educação do campo, indígena e quilombola como ferramentas estratégicas para a emancipação dos sujeitos, que surgem das experiências de luta pelo direito à educação e por um projeto político-pedagógico vinculado aos interesses da classe trabalhadora.  Elas se contrapõem à educação rural, que tem como objetivo auxiliar um projeto de agricultura e sociedade subordinada aos interesses do capital, que submete a educação escolar à preparação de mão-de-obra minimamente qualificada e barata e que escraviza trabalhadores e trabalhadoras no sistema de produção de monocultura.

9) a necessidade de democratização dos meios de comunicação, hoje concentrados em poucas famílias e a serviço do projeto capitalista concentrador,  que criminalizam os movimentos e organizações sociais do campo, das águas e das florestas.

10) a necessidade do reconhecimento pelo Estado dos direitos das populações atingidas por grandes projetos, assegurando a consulta livre, prévia e informada e a reparação nos casos de violação de direitos.

Nos comprometemos:

1- a fortalecer as organizações sociais e  a intensificar o processo de unidade entre os trabalhadores e trabalhadoras, povos do campo, das águas e das florestas, colocando como centro a luta de classes e o enfrentamento ao  inimigo comum, o capital e sua expressão atual no campo, o agro e hidronegócio.

2- a ampliar a unidade nos próximos períodos, construindo pautas comuns e processos unitários de luta pela realização da reforma agrária, pela reconhecimento, titulação, demarcação e desintrusão das terras indígena, dos territórios quilombolas e de comunidades tradicionais, garantindo direitos territoriais, dignidade e autonomia.

3- a fortalecer a luta pela reforma agrária  como bandeira unitária dos trabalhadores e trabalhadoras e povos do campo, das águas e das florestas.

4- a construir e fortalecer alianças entre sujeitos do campo e da cidade, em nível nacional e internacional, em estratégias de classe contra o capital e em defesa de uma sociedade justa, igualitária, solidária e sustentável.

5- a lutar pela transição agroecológica massiva, contra os agrotóxicos, pela produção de alimentos saudáveis, pela soberania alimentar, em defesa da biodiversidade e das sementes.

6- a construir uma agenda comum para rediscutir os critérios de construção, acesso, abrangência, caráter e controle social sobre as políticas públicas, a exemplo do PRONAF, PNAE, PAA, PRONERA, PRONACAMPO, pesquisa e extensão, dentre outras, voltadas para os povos do campo, das águas e das florestas.

7-  a fortalecer a luta das mulheres por direitos, pela igualdade e pelo fim da violência.

8- a ampliar o reconhecimento da importância estratégica da juventude na dinâmica do desenvolvimento e na reprodução social dos povos do campo, das águas e das florestas.

9- a lutar por mudanças no atual modelo de produção pautado nos petro-dependentes, de alto consumo energético.

10-  a combater e denunciar a violência e a impunidade no campo e a criminalização das lideranças e movimentos sociais, promovidas pelos agentes públicos e privados.

11- a lutar pelo reconhecimento da responsabilidade do Estado sobre a morte e desaparecimento forçado de camponeses, bem como os direitos de reparação aos seus familiares, com a criação de uma comissão camponesa pela anistia, memória, verdade e justiça para incidir nos trabalhos da Comissão Especial sobre mortos e desaparecidos políticos, visando a inclusão de todos afetados pela repressão.

Nós, trabalhadores e trabalhadoras, povos do campo, das águas e das florestas exigimos o redirecionamento das políticas e ações do Estado brasileiro, pois o campo não suporta mais.  Seguiremos em marcha, mobilizados em unidade e luta e, no combate ao nosso inimigo comum, construiremos um País e uma sociedade justa, solidária e sustentável.

Brasília, 22 de agosto de 2012.


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