Babel
El mundo se ha vuelto orwelliano
Desde su precario (por ser un pedazo de suelo diplomático en
territorio hostil) refugio en Londres, Julian Assange dijo: “El jueves
mi amigo Nabeel Rajab fue sentenciado a 3 años por un tweet. El viernes,
un grupo musical ruso fue sentenciado a 2 años en la cárcel por una
performance política. Hay unidad en la opresión. Debe haber absoluta
unidad y determinación en la respuesta.”
El mundo se ha vuelto orwelliano. En la patria del autor de On
Liberty, el gobierno británico amenaza con violar el derecho
internacional sobre las sedes diplomáticas en represalia porque Quito
dio asilo a Assange. En la tierra de Kropotkin, los herederos de lo peor
del zarismo y el estalinismo condenan a la prisión y persiguen como a
delincuentes a las Pussy Riot, mujeres activistas de un grupo de punk
que cantan: “Virgen María, vuélvete feminista, Virgen María, líbranos de
Putin”. Y en la tierra de Henry David Thoreau esperan a Assange con
ánimo de venganza por haber publicado cosas que Washington hubiera
deseado mantener en secreto.
No es nada esperanzador este contexto mundial de opresión
dictatorial, donde gobiernos se confabulan para tratar de ocultar la
información y tratar de negar el derecho de los pueblos a saber.
En México, la policía de la mente no tiene nada que envidiar a los
represores de Londres, Moscú y Washington. También aquí encarcelan
twitteros, también aquí persiguen la libertad de información y de
expresión. De México se han tenido que exiliar periodistas como Lilia
Pérez (de Contralínea) y Lydia Cacho. Es un país donde a Sanjuana
Martínez la sacan de su casa como si fuera el mismísimo Chapo Guzmán por
una falta administrativa relacionada con un proceso de divorcio, todo
por un complot entre un gobernador, una jueza, afectados por el trabajo
periodístico de la acosada, y su ex esposo (un juez).
La libertad de expresión en México puede costar la vida. Según
Artículo 19 suman ya 70 los periodistas asesinados en los últimos dos
sexenios, bajo los gobiernos panistas de Fox y Calderón. De 2006 hasta
mayo de 2012, durante el sexenio calderonista que finaliza, el número
de comunicadores muertos era 45. Ejecutados en los siguientes estados: 9
en Veracruz; 7 en Chihuahua; 6 en Guerrero, 3 por estado en Durango,
Michoacán, Oaxaca y Tamaulipas; 2 por entidad en el Estado de México,
Sinaloa y Nuevo León; y uno en cada estado en Coahuila, Distrito
Federal, Quintana Roo, Sonora y Tabasco. Contralínea suma 79 periodistas
asesinados y 12 desaparecidos, sólo en el sexenio de Calderón.
En el informe de la revista Contralínea, un medio crítico que ha
sufrido el acoso mediante demandas penales de empresas, así como
amenazas y agresiones, al grado que dos de sus reporteras, Marcela Yarce
y Rocío Martínez Trápaga, fueron encontradas muertas en la Ciudad de
México en 2011. Y aunque su caso lo “resolvieron” como un asunto de
delincuencia común no relacionado con el ejercicio de su profesión, al
menos en el gremio no se conforman del todo la versión. El reporte de
Contralínea cuenta 109 asesinatos y desapariciones de periodistas de
2001 a mayo de 2012.
Las cifras se desactualizan constantemente, porque después de ese
corte temporal se ha reportado la desaparición de Stephania Cardoso, el 9
de junio en Saltillo, y el crimen de Víctor Báez Chino, encontrado
muerto en Xalapa el 14 de junio, tras haber sido secuestrado por un
comando armado. En los casos en que las autoridades dicen haber resuelto
algunos casos, a veces la explicación es peor que el problema. La
impunidad no cede.
México es considerado como uno de los países más peligrosos del mundo
para la prensa. El más peligroso de América Latina según Artículo 19 y
Reporteros sin Fronteras. Al menos un 49% de las agresiones contra
reporteros son responsabilidad de funcionarios y fuerzas públicas, de
acuerdo con Reporteros sin Fronteras, la CNDH, Cencos y Artículo 19.
Pero la Agencia Reforma considera que es el 65%, el de agresiones
responsabilidad del poder público. Además, según Freedom House y
Artículo 19 se han registrado 40 agresiones a instalaciones de medios de
comunicación. En promedio, cada dos días un periodista o un medio de
comunicación es agredido en el país.
Organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres denunciaron
ante el comité de expertas de la Cedaw en Nueva York que 71 mujeres
periodistas padecieron distintos tipos de violencia y otras seis fueron
víctimas de feminicidio entre enero de 2001 y diciembre de 2011.
Varios analistas de estos temas coinciden en la preocupación por que
el regreso de un gobierno priista a la presidencia de la república
generalice en el país el clima de represión de la libertad de prensa que
ha sido grave en estados gobernados por ese partido.
Aun antes de llegar al poder Peña Nieto, entre sus operadores que le
“limpian el camino” y toman venganza de sus críticos, y las venganzas
del saliente calderonismo, le quitan una importante concesión a MVS
favoreciendo el oligopolio de Televisa, TV Azteca y Slim.
Entre los intereses creados de las empresas de comunicación y la
agresión contra periodistas y medios que no se pliegan al discurso
hegemónico, la libertad de expresión y el derecho de los mexicanos a
estar informados se encuentran bajo un grave ataque.
De estas agresiones y acosos no se escapan los medios alternativos,
quienes intentan dar voz a los actores excluidos de las agendas de los
medios convencionales. La Ké Huelga denunció recientemente una visita de
la policía política a sus instalaciones, intentando hacerse pasar por
“reporteros”, para finalmente reconocer que son agentes de la policía
ministerial federal.
También en Xochistlahuaca, Guerrero, la cabina de Radio Ñomndaa fue
visitada por policías ministeriales, con el pretexto de investigar las
denuncias de la radio comunitaria sobre el acoso de la cacique del
lugar, pero pidiendo que conserven en secreto el hecho de su visita.
Sin duda los poderes formales y fácticos en México y en todo el mundo
tienen mucho que ocultar. No desean fugas de información ni incómodas
voces críticas. Julián Assange tiene razón: ante la unidad y la
determinación de los opresores la respuesta debe ser también de gran
unidad y determinación. En un mundo gobernado al estilo de viejos zares
rusos, todos somos actual o potencialmente las Pussy Riot. Así que
ensayemos la tonada: Virgen María, vuélvete feminista. Virgen María,
vuélvete comunicadora popular. Líbranos de Moscú, de Washington, de
Londres. Virgen María, marcha con nosotros por las calles, altavoz en
mano gritando no al poder…
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