José Steinsleger /I
La Jornada15/08/2012
En la ofensiva
sionista contra los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos
de Nuestra América (Alba) y el Mercosur (a más de su presencia abierta o
solapada en la Alianza del Pacífico –Colombia, Chile, Perú, México y
los de América Central–, sobresalen varios hechos interconectados, a
saber:
2005. Brasil (mayo): Cumbre árabe-sudamericana, convocada por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva. En Brasilia, los líderes sudamericanos y árabes piden reformas a la carta de la ONU, critican a los países ricos y a Israel, y dan su apoyo a los derechos de Palestina.
2006. Venezuela/Bolivia (enero): tras la llamada
2007. Chile (marzo): visita de la funcionaria Dorit Shavit, jefa de la División para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, para coordinar con el gobierno de Michelle Bachelet (en el marco de la oposición de Israel al retorno de los refugiados) la radicación de un centenar de palestinos de Irak en el país cordillerano.
2008. Colombia (agosto): undécimo Encuentro de Dirigentes y Comunidades Judías Latinoamericanas y del Caribe en Cartagena, donde se divulga el infundio de que la organización libanesa Hezbolá
Simultáneamente, en Caracas, el presidente Hugo Chávez atiende a una delegación del Congreso Judío Mundial (AJC, por sus siglas en inglés), encabezada por Ronald S. Lauder.
2005. Brasil (mayo): Cumbre árabe-sudamericana, convocada por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva. En Brasilia, los líderes sudamericanos y árabes piden reformas a la carta de la ONU, critican a los países ricos y a Israel, y dan su apoyo a los derechos de Palestina.
2006. Venezuela/Bolivia (enero): tras la llamada
segunda guerra del Líbano, ambos países rompen relaciones con Israel. Por su lado, Costa Rica y El Salvador (firmes aliados del Estado sionista) mudan sus embajadas de Jerusalén a Tel Aviv, donde están ubicadas todas las representaciones latinoamericanas.
2007. Chile (marzo): visita de la funcionaria Dorit Shavit, jefa de la División para América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, para coordinar con el gobierno de Michelle Bachelet (en el marco de la oposición de Israel al retorno de los refugiados) la radicación de un centenar de palestinos de Irak en el país cordillerano.
2008. Colombia (agosto): undécimo Encuentro de Dirigentes y Comunidades Judías Latinoamericanas y del Caribe en Cartagena, donde se divulga el infundio de que la organización libanesa Hezbolá
usa indígenas para penetrar en América Latina.
Simultáneamente, en Caracas, el presidente Hugo Chávez atiende a una delegación del Congreso Judío Mundial (AJC, por sus siglas en inglés), encabezada por Ronald S. Lauder.
Buenos Aires (diciembre): la delegación del AJC es recibida por el
presidente Néstor Kirchner, lleva el propósito de cerrar las
investigaciones del caso AMIA (1994), y celebrar en lo oscurito un acuerdo similar al caso Lockerbie (1988). Kirchner se niega.
2009. Venezuela (enero): a raíz del genocidio en Gaza, el gobierno de
la revolución bolivariana rompe por segunda vez sus relaciones
diplomáticas y comerciales con Tel Aviv. Chávez califica a Israel de
Estado que practica el genocidio y persigue inhumanamente a los palestinos.
Días después (30 de enero), la sinagoga de Maripérez, en Caracas, es
saqueada por desconocidos. En tanto, el gobernador Henrique Capriles
Radonsky contrata fuerzas de seguridad israelíes para entrenar a la
policía del estado de Miranda. Y en Miami, el vicedirector del AJC, Juan
Dircie, ataca a Chávez en un acto de judíos venezolanos que exclaman:
queremos quedarnos a vivir en Venezuela.
De visita en Argentina, Dircie declara que el presidente Hugo Chávez manifiesta
antisemitismo a ultranzay que en Venezuela se espera
un atentado como el ocurrido en Buenos Aires (1994), y hasta que el gobierno lo propicie directamente.
Tegucigalpa (mayo): en la cumbre de presidentes de la OEA de San Pedro Sula, el
observadorisraelí Dani Ayalon (viceministro de Relaciones Exteriores) niega su autoría en el informe que circula entre las delegaciones. El documento afirma que Venezuela y Bolivia venden uranio para el programa nuclear de Irán.
En los días siguientes, varios ministros del gabinete de Benjamín
Netanyahu, son recibidos por los gobiernos de Panamá, Costa Rica y
Honduras. A finales de septiembre, tras el golpe que derrocó al
presidente Manuel Zelaya, trasciende que la embajada de Israel en la
capital hondureña fue el escenario de un intenso movimiento diplomático
con representantes de la oposición.
Por su parte, Andrés Pavón, presidente del Comité para la Defensa de
los Derechos Humanos en Honduras, denuncia que el presidente fantoche,
Roberto Micheletti, contrató especialistas privados israelitas para
asesorar a las fuerzas armadas en técnicas de represión y en la actitud
que deben asumir contra los manifestantes.
Brasil/Argentina/Perú/Colombia (julio y noviembre): sendas visitas
del ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, y el
presidente de Israel, Shimon Peres. En Colombia, Peres asegura:
Chávez pronto desaparecerá.
2010. Nicaragua/Ecuador (junio): el gobierno sandinista condena el ataque del Ejército israelí a la
flotilla de pazque llevaba ayuda humanitaria a la población de Gaza y rompe relaciones con el estado sionista. Por igual motivo, el presidente Rafael Correa llama a consultas a su embajador en Tel Aviv.
En agosto, dos senadores del lobby anticubano (Bob Menéndez,
de Nueva Jersey, y Marco Rubio, de Florida) envían sendas cartas a los
gobiernos de Colombia, Panamá y Costa Rica, pidiéndoles que se opongan
en la ONU al reconocimiento de un Estado palestino.
En diciembre, los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y
Paraguay) reconocen a Palestina como un Estado libre e independiente.
2011. Buenos Aires (noviembre): primer encuentro mundial de
organizaciones sionistas convocado fuera de Israel. Asisten el
viceprimer ministro Dan Medidor, Keren Kayemet Leisrael (Fondo Nacional
Judío) y 250 delegados de Estados Unidos, Europa, Israel, Australia y
Argentina (ver mi artículo de la semana pasada,
De sionistas y judíos, La Jornada, 8/8/12).
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La creciente injerencia de Israel en
América Latina sintoniza con el fortalecimiento de los gobiernos
populares en el sur del continente, el rotundo no al Acuerdo de Libre
Comercio para las Américas (cumbre de presidentes de Mar del Plata,
Argentina, 2005), y la consolidación de Brasil como potencia soberana y
mundial.
Brasil es una potencia
mundial y soberana, en tanto otras no lo son. Israel, por ejemplo, es una potencia. Sin embargo, y más allá de su política interior, depende, opera y funciona al compás de la agenda belicista de Estados Unidos. ¿Es posible que no siempre haya sido así? Puede ser. Pero una golondrina no hace verano.
Washington y Tel Aviv coinciden en atacar al Diablo que, como es
sabido, vive entre Venezuela y Teherán, y en las sucursales que el
infierno abrió en Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
¡Tengan cuidado con Irán!, dicen los sionistas a los países que osan fortalecer sus relaciones diplomáticas y comerciales con el país asiático. Y el Comando Sur del ejército estadunidense, feliz de contar con un argumento más para instalar sus bases militares.
Cuando en la cumbre árabe-sudamericana de Brasilia (mayo 2005), el
presidente de Argelia, Abedelaziz Buteflika, defendió el derecho de los
palestinos de tener a Jerusalén por capital y que Israel se retire de
los territorios ocupados, la embajadora sionista Tzipora Rimon y el
Centro Simon Wiesenthal denunciaron que en su declaración se había
omitido la condena explícita al
terrorismo suicida. Teniéndoles sin cuidado que Celso Amorim (canciller de Lula) había condenado todas las formas de terrorismo.
Un año después, el telefonista Andrés Oppenheimer entrevistó a Sergio
Widder, director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal, quien
se declaró
sorprendidopor la
alianza entre grupos radicales de izquierda y grupos islámicos radicales en el gobierno de Néstor Kirchner(sic).
“Su causa común –añadió– ya no es la demanda de la creación de un
Estado palestino, sino la adopción de la agenda iraní, que exige la
aniquilación de Israel.” La cizaña de Oppenheimer aportó lo suyo:
Una de las cosas que más me sorprendió en recientes visitas que hice a Argentina y a otras naciones latinoamericanas es el creciente sentimiento antisraelí (sic), y la tácita tolerancia con el terrorismo de la milicia de Hezbolá en varias partes de la región(sic, Reforma, 14/8/06).
El falaz y maniqueo discurso sionista cuenta con poderosos ideólogos y
exégetas. En Estados Unidos figuran el Comité de Asuntos Públicos
(Aipac, por sus siglas en inglés), creado por republicanos y demócratas a
finales del decenio de 1950; el tenebroso Comité del Peligro Presente
(CPD, por sus siglas en inglés, nacido en 1950 y reactivado en 1976
para combatir al terrorismo y las ideologías que lo promueven) y el Washington Institute for Near East Policy (Winep).
Tales entidades nutren y pautan las directrices de un par de institutos que en Israel dirige el
expertoEly Karmon: el Internacional para la Lucha contra el Terrorismo (ICT), y el Político y Estratégico del Centro Interdisciplinario (IDC). Y de ambos surge la llamada
diplomacia pública, que a modo de soft power rige la propaganda del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel: la hasbará.
La hasbará es un término hebreo que quiere decir
explicacióno
esclarecimiento. Que en contante y sonante no es más que propaganda y contrapropaganda. Un ejemplo de hasbará podemos apreciarlo en los pueriles conjuros que el remitente SER acostumbra a insertar al pie de artículos como el que usted lee ahora en la página web de La Jornada. Y, faltaba más, en los del colega y amigo Alfredo Jalife-Rahme.
Durante una gira por varios países, Karmon declaró a una revista colombiana:
Hezbolá (NR, partido político libanés) usa indígenas para penetrar en América Latina. Y a continuación acusó a las instituciones islámicas chiítas de América Latina, cuyo propósito sería el de
fortalecer la influencia de Irán en suelo americano(Cambio, Bogotá, 29/4/09).
El proverbial terrorismo mediático de la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP) amplificó las declaraciones de Karmon. No obstante, la
sólida y acreditada revista Veintitrés de Buenos Aires
(dirigida por la periodista pro israelí Romina Manguel) sostuvo
exactamente lo contrario: que las instituciones sionistas serían las que
reclutan indígenas para la causa israelí (Veintitrés Internacional, Buenos Aires, mayo 2009).
Dato que no parece descabellado al revisar un artículo exhumado por Husain Ali Molina (Boletín Islam y Al-Andalus,
núm. 89, agosto 2009). El texto, firmado por Grez Myre y publicado por
la agencia de noticias Associated Press (9/7/02), da cuenta de la
política de reclutamiento empleada por el gobierno israelí entre los
indígenas de América Latina.
Escribe Myre: “Atraídos desde todos los rincones del globo, nuevos
conversos al judaísmo están ayudando en la ocupación ilegal. Se trata de
peruanos que fueron formalmente convertidos al judaísmo por rabinos
israelitas en noviembre pasado, para ser cualificados para la residencia
bajo las leyes del Estado judío…”. O sea, carne de cañón para asesinar
palestinos.
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Israel exporta su guerra a América Latina
José Steinsleger /III y último
La Jornada 29/08/2012
Luego del atentado a las Twin Towers de Nueva York (2001), Washington y Tel Aviv impusieron al mundo la doctrina de
En curiosa sincronía, la Agencia Judía de Israel (Sojnut) y la Organización Sionista Mundial relanzaron en aquel año el programa de inmigración (aliyá), ofreciendo ayuda a los que aceptaban participar en la ilegal, sigilosa y sostenida apropiación de lo que resta de Palestina (Gaza, Cisjordania, Jerusalén este).
La mayor parte de inmigrantes provenían de Rusia y Europa central. ¿De dónde empezaron a llegar desde 2001? ¿De las clases medias israelíes que resentían el látigo del modelo neoliberal, al tiempo de intuir que sus gobiernos resultaban más peligrosos que los chicos malos de Irán, Hezbolá y Hamas?
El carácter neocolonial y dependiente de la militarizada sociedad israelí se sustenta, totalmente, en la ayuda estadunidense. Sin embargo, en lugar de soldados, la conquista de territorios demanda, como en la época de las Cruzadas, de fanáticos imbuidos de una mística guerrera. O sea: de paramilitares.
Perfil ideológico que, paradójicamente, anda de capa caída en la
Mitad de realidad histórica y mitad de fantasía, la milenaria historia de las tribus
Tan
En México, algunos papás y mamás sionistas cuentan a sus niños que Dios dijo a Moisés: “…busca la Tierra Prometida y funda mi ciudad en una gran laguna donde encuentres un águila sobre un nopal devorando una serpiente…” Pero si los niños repiten la historia en su escuela y los compañeritos se ríen, los sionistas montan una campaña internacional para denunciar
Los rabinos serios niegan que los miembros de las tribus perdidas son parte del mal llamado
En Cisjordania, el periodista Grez Myre entrevistó para Associated Press (Ap) a Mariano Pérez, uno de los cien indígenas de Perú convertidos al judaísmo por rabinos israelíes. Mariano siguió un curso de hebreo veloz en Trujillo, cambió de nombre y hoy se llama Mordechal. Tras ser aceptado como
Mordechal confesó a Myre: “Te entra algo de miedo, todo el mundo se sentiría algo asustado… pero nos da igual. Venimos por una sola razón: estar cerca de Dios” (Ap, 9/7/02). En todo caso, el converso andino consiguió en el
A estas alturas, algún lector observará que, en realidad, a Israel le interesa importar guerreros de América Latina. Pero en el mundo de la globalización excluyente, el intercambio es dialéctico. Y un modo de ejecutarlo consiste en recurrir al terrorismo mediático que nos habla de la presencia de
La penetración sionista en las comunidades indígenas responde de maravilla a los objetivos del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, que en su informe de 2005 menciona al “indigenismo militante asociado al antiamericanismo” entre los
En los próximos artículos ampliaremos los temas analizados en los casos de Venezuela y Bolivia, países a los que la propaganda sionista (hasbará) señala como filiales del
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José Steinsleger /III y último
La Jornada 29/08/2012
Luego del atentado a las Twin Towers de Nueva York (2001), Washington y Tel Aviv impusieron al mundo la doctrina de
guerra preventiva. Desde entonces, cualquier señalamiento o condena a sus políticas genocidas, es calificada de
terroristao
antisemita.
En curiosa sincronía, la Agencia Judía de Israel (Sojnut) y la Organización Sionista Mundial relanzaron en aquel año el programa de inmigración (aliyá), ofreciendo ayuda a los que aceptaban participar en la ilegal, sigilosa y sostenida apropiación de lo que resta de Palestina (Gaza, Cisjordania, Jerusalén este).
La mayor parte de inmigrantes provenían de Rusia y Europa central. ¿De dónde empezaron a llegar desde 2001? ¿De las clases medias israelíes que resentían el látigo del modelo neoliberal, al tiempo de intuir que sus gobiernos resultaban más peligrosos que los chicos malos de Irán, Hezbolá y Hamas?
El carácter neocolonial y dependiente de la militarizada sociedad israelí se sustenta, totalmente, en la ayuda estadunidense. Sin embargo, en lugar de soldados, la conquista de territorios demanda, como en la época de las Cruzadas, de fanáticos imbuidos de una mística guerrera. O sea: de paramilitares.
Perfil ideológico que, paradójicamente, anda de capa caída en la
única democracia de Medio Oriente. Así fue que, a más de los tradicionales de Argentina y Brasil, de América Latina arribaron contingentes de indígenas o campesinos de la subregión andina, que adherían a sectas cristianas con tradiciones judías y aseguraban descender de las
diez tribus perdidasde Israel.
Mitad de realidad histórica y mitad de fantasía, la milenaria historia de las tribus
perdidas(que en el
nuevo mundoencendió durante siglos el imaginario de los cronistas) arranca cuando Sargón II (rey de los asirios) destruye y dispersa los pueblos hebreos del norte de Palestina (721 aC). En tanto, las dos tribus de Judá (al sur) serían llevadas en cautiverio cien años después por Nabucodonosor (rey de Babilonia), y liberadas por Ciro II El Grande, fundador del imperio persa, en 538 aC.
Tan
interesantecomo las revistas que ojeamos en la fila del súper, el mito ha sido de mucha utilidad para los servicios de inteligencia de Israel, que en el mundo buscan
colonoscon el perfil ideológico referido más arriba para sus asentamientos ilegales en Palestina.
En México, algunos papás y mamás sionistas cuentan a sus niños que Dios dijo a Moisés: “…busca la Tierra Prometida y funda mi ciudad en una gran laguna donde encuentres un águila sobre un nopal devorando una serpiente…” Pero si los niños repiten la historia en su escuela y los compañeritos se ríen, los sionistas montan una campaña internacional para denunciar
el avance del antisemitismo en México.
Los rabinos serios niegan que los miembros de las tribus perdidas son parte del mal llamado
pueblo judío. No obstante, entidades como la mesiánica Amishav (Mi pueblo retorna) se esfuerzan en localizar a sus
descendientes. Mientras, personajes como Enrique Krauze, creáse o no, usa la leyenda para pegarle a Hidalgo, Juárez, Andrés Manuel López Obrador y otros
redentores(Letras Libres, abril 2010).
En Cisjordania, el periodista Grez Myre entrevistó para Associated Press (Ap) a Mariano Pérez, uno de los cien indígenas de Perú convertidos al judaísmo por rabinos israelíes. Mariano siguió un curso de hebreo veloz en Trujillo, cambió de nombre y hoy se llama Mordechal. Tras ser aceptado como
ciudadano judío, los sionistas le entregaron una metralleta y lo enviaron junto con su familia a la primera línea del frente.
Mordechal confesó a Myre: “Te entra algo de miedo, todo el mundo se sentiría algo asustado… pero nos da igual. Venimos por una sola razón: estar cerca de Dios” (Ap, 9/7/02). En todo caso, el converso andino consiguió en el
asentamientode Karmetsur lo que los refugiados palestinos exigen desde 1948: tierra, hogar, derecho a la autodefensa, frigoríficos llenos de comida, escuela para sus niños y exenciones tributarias.
A estas alturas, algún lector observará que, en realidad, a Israel le interesa importar guerreros de América Latina. Pero en el mundo de la globalización excluyente, el intercambio es dialéctico. Y un modo de ejecutarlo consiste en recurrir al terrorismo mediático que nos habla de la presencia de
células de Hezboláo de
asesores militares de Iránen las regiones y ciudades donde viven comunidades islámicas importantes.
La penetración sionista en las comunidades indígenas responde de maravilla a los objetivos del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, que en su informe de 2005 menciona al “indigenismo militante asociado al antiamericanismo” entre los
peligros potenciales para la seguridad hemisférica.
En los próximos artículos ampliaremos los temas analizados en los casos de Venezuela y Bolivia, países a los que la propaganda sionista (hasbará) señala como filiales del
terrorismo iraní.
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