Entendamos los juegos olímpicos como un lugar donde podemos evaluar
el desarrollo humano de un país, ya que el deporte es atendido por un
Estado como una necesidad secundaria de la sociedad y del gobierno
mismo. En el caso de nuestro país, la práctica deportiva no es una
prioridad en las políticas públicas, por el contrario, parece ser uno de
los aspectos más desatendidos por el gobierno; dígase del partido que
sea.
La mejor participación de México en juegos olímpicos ha sido México
1968, en el que se obtuvieron 9 medallas: 3 de oro, 3 de plata y 3 de
bronce. Si bien esto se debió a que los deportistas tenían la ventaja de
ser locales, también debemos apuntar a las condiciones que el Estado
del bienestar implementados en aquellos años , donde la clase media
mexicana tenía salarios más o menos elevados y no existían las
condiciones de pobreza tan agudizadas como las que nos aquejan hoy día.
Después del 68, México cayó del lugar 15 obtenido en aquella
olimpiada al 33 en Munich 1972, una recuperación en Montreal 1976 al
lugar 26 (aunque con menos medallas), 29 en Moscú 1980, nuevamente sube
al 17 en Los Ángeles 1984, lugar 44 en Seúl 1988, 49 en Barcelona 19912,
lugar 71 en Atlanta 1996, 39 en Sídney 2000, lugar 59 en Atenas 2004 y
36 en Pekín 2008. Podríamos hacer una relación entre el estado de la
economía nacional y los resultados olímpicos y encontraríamos que éstos
obedecen a los vaivenes económicos.
La relación parece evidente al tomar ejemplos como Brasil, que en
1968 obtuvo el lugar 35 y en Pekín 2008 se ubicó en el 26, muy por
encima de México. Tomemos el ejemplo también de China, que en 1968 ni
siquiera participó en la olimpiada y en 2008 arrasó el primer lugar con
51 medallas de oro, 21 de plata y 28 de bronce. Haciendo el mismo
ejercicio también podríamos establecer una relación entre el
mejoramiento de su economía y sus resultados deportivos.
Por otro lado, también podríamos decir que las medallas mexicanas
suelen ser logros individuales, incluso la televisión nos presenta las
“historias de éxito” de deportista que contra viento y marea superan su
condición de pobreza para convertirse en grandes atletas. Por otro lado,
y la explicación más convincente para mí, es que estos deportistas
suelen tener su vida solucionada; no tienen que trabajar ni exponerse a
las pésimas condiciones laborales y económicas en general, por lo que
pueden dedicarse por entero a su formación. Esta situación es la que
sucede en países como EU, China o Brasil, en las que el Estado asume la
responsabilidad de proporcionar las condiciones necesarias a los atletas
que los representan. Obviamente esto es difícil de lograr en un país
con tanta pobreza y marginación; donde además la prioridad del gobierno
es el gasto en seguridad (además infructuosa).
Los juegos olímpicos son una gran alegoría de la geopolítica mundial;
los países centrales ocupan los primeros puestos mientras los
periféricos (como el nuestro) están condenados a no sobresalir más que
por esporádicos logros individuales. En ese sentido, los juegos no son
una competencia fraterna y desinteresada, sino la guerra ritualizada,
donde, como en la política, los poderosos se imponen sobre los demás,
los dominan y humillan y donde, además, se nos vende la historia de que
“sí se puede”, siempre y cuando nos “esforcemos” y “trabajemos duro”. En
síntesis: el gran cuento del capitalismo bajo el disfraz de una sana
competencia deportiva.
Petras: detrás de las Olimpiadas está la corrupción de Occidente y el genocidio de los pueblos
30/julio/2012// James Petras de EEUU,
para la CX36 Radio de Montevideo, Uruguay: Quienes compiten en las
Olimpiadas en Londres no son propiamente deportistas, sino mercachifles
esclavos de la codicia en movimiento; se trata de un vulgar marketing,
de Inglaterra, EEUU y países occidentales, detrás de lo cual presentan
sus groseros performances para tratar de tapar su corrupción y el
genocidio contra los pueblos indefensos y explotados como Siria,
Afganistán, Irak, Palestina, etc.
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