· Datan la antigüedad del lugar en alrededor del año 450 de nuestra era
· Consideran que aquí podría estar el primer ajaw (rey) de la dinastía Pakal
Misterios mayas
La Jornada 10/09/2012
Palenque, Chis., 9 de septiembre. Arqueólogos
e investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia
(INAH) hallaron en la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, una cámara
funeraria maya con pintura mural, la primera que se descubre casi
intacta, asociada muy probablemente a la tumba de un importante
personaje.
Se trata de la más antigua, de alrededor del año 450 de nuestra era,
de los albores de esa majestuosa metrópoli del México prehispánico, hoy
considerada patrimonio de la humanidad por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
El nuevo descubrimiento cambiará el rumbo de los estudios acerca de
la historia y la religión de los antiguos mayas, aseguran los
especialistas, quienes sostienen la hipótesis de estar tras la pista de
un gran sepulcro de la realeza que gobernó la región hace más de mil 500
años.
La línea de investigación que cobra fuerza es que quizá se trate del enterramiento de alguno de los ajaw (reyes)
que iniciaron la dinastía de la que forma parte K’inich Janaab’ Pakal
(603-683 dC), conocido también como Pakal II o Pakal El Grande, cuya
elaborada y rica tumba es hoy uno de los tesoros arqueológicos más
importantes de Mesoamérica.
La cámara funeraria se ubica en el templo XX y fue abierta el pasado
martes, después de 13 años de arduos trabajos de investigación y
excavaciones realizadas por un equipo encabezado por el arqueólogo
Arnoldo Martínez Cruz, el mismo que sacó a la luz el sepulcro de la
llamada Reina Roja, en 1994, también en Palenque.
La recién hallada habitación abovedada fue localizada en 1999 durante
las exploraciones que llevaron a cabo los arqueólogos Merle Greene
Robertson (fallecida el 22 de abril de 2011) y Alfonso Morales
Cleveland, como parte de los trabajos del Instituto de Investigación de
Arte Precolombino (organización sin fines de lucro, fundada por Green,
que ha financiado importantes investigaciones sobre el arte, la
iconografía y la epigrafía mesoamericanas).
A través de un orificio de 10 centímetros, los expertos mayistas
lograron entonces tomar una fotografía de una de las figuras del mural,
pero, debido a la inestabilidad del sitio y lo intrincado de su
ubicación, entre otros motivos, durante casi una década la investigación
se interrumpió y no se tenía idea clara de lo que se encontraba en su
interior.
Por fin, el martes 4 de septiembre de 2012, al mediodía, en medio de
una atmósfera de esperanzada concentración, entusiasmo y un cúmulo de
emociones alrededor del profesionalismo y desempeño científico, el
equipo de Martínez Cruz, con apoyo del arqueólogo Rogelio Rivero Chong,
pudo retirar la última de las losas que cubría el vano de la cámara
funeraria.
Varios minutos se detuvieron a contemplar el esplendor de su
interior: paredes y techo en diversas tonalidades de rojo (el color
fúnebre de los mayas), y plasmados en los muros figuras humanas
ricamente ataviadas; en el piso, esparcidos, una especie de anillo, un
colgante y alrededor de 50 o 60 cuentas de jade redondas, grandes, así
como 11 vasijas de cerámica.
Las figuras de las pinturas son muy similares a los personajes de
estuco que aparecen en relieve en las paredes del aposento de Pakal, en
el templo de la Inscripciones. Serían los señores del inframundo,
llamados Bolon Tiku, los cuales se mencionan en el libro sagrado de los
mayas quichés, el Chilam Balam de Chumayel. Están parados, con
tocados de plumas, escudos redondos y cetros con pie de serpiente. Las
mejor conservadas son las cuatro figuras que se ubican en la pared del
lado poniente y las cuatro del lado oriente; en la pared al norte sólo
hay una pequeña porción del mural.
Durante el laborioso proceso de apertura, que en diversas ocasiones
tuvo que ser suspendido ante el riesgo de un derrumbe, un detalle casi
imperceptible para ojos inexpertos llamó la atención a los arqueólogos:
restos de material textil en los alrededores de la entrada, como si
hubiera sido forrada con una finísima manta de cielo antes de ser
sellada, una suerte de envoltorio-capullo para resguardar el sueño
eterno del importante personaje que probablemente ahí reposa. Este es un
dato nunca antes apreciado en una tumba maya.
La cámara funeraria es un espacio rectangular de aproximadamente 3.40
metros de largo, 1.43 de ancho y aproximadamente 2.50 de alto. Está a
una profundidad de siete metros desde la parte superior del templo, el
cual tiene una altura total de 18 metros. Es decir, se ubica casi al
centro de la estructura, por lo cual fue muy difícil construir el pozo
para llegar a ella.
Se baja por dos escaleras verticales atadas a los muros, una de metal
y otra de madera. Abajo, el calor y humedad hacen que se empañen los
cristales de quienes usamos anteojos. Un ventilador es encendido cuando
los medidores de temperatura se elevan, por ello, en el umbral de la
cámara no pueden permanecer más de tres personas durante mucho tiempo.
Arqueólogos, arquitectos, fotógrafos, topógrafos, restauradores,
dibujantes y ayudantes que sacan cubetas de arena y pedazos de roca,
tienen el privilegio de subir y bajar por turnos a la tumba, pero
ninguno con la gran sonrisa de Eugenio Álvaro Jiménez, un trabajador
sordomudo, el primero en ingresar al sepulcro de la Reina Roja en 1994 y el primero ahora en ayudar a retirar las lajas que cubrían la entrada de este recinto.
Es tal la experiencia y el contagioso entusiasmo de Eugenio, que con
gran rapidez y destreza, sin asomo de cansancio, criba el material que
sale de la entrada de la cámara: pedazos minúsculos de mural, estuco
aplanado, pequeñas cuentas de piedra verde, restos de lo que parecen
huesos de animales y hasta pupas secas de insectos.
Dentro de la cámara
Es en el reducido espacio frente a la recién abierta
cámara funeraria del templo XX –en la cual no hay que tocar los muros
con la mano desnuda para no contaminar posibles materiales de carbono–,
donde los arqueólogos reciben a La Jornada para hablar de la tumba
que nos ha costado mucho esfuerzo. La pintura está impresionante, es una pena que no se haya conservado en su totalidad, pero aun así aporta mucha información, explica Arnoldo Martínez.
Por el momento, nadie ha ingresado de lleno a la habitación.
Acaso uno o dos pasos, eso sí, con calcetines y mucho cuidado, para
colocar los aparatos que miden la humedad y la temperatura.
Lo urgente ahora, añade, es construir una plataforma con tubos de metal y tablones para poder entrar sin dañar el material que se encuentra en el piso y proceder al rescate urgente del mural, el cual se ha desprendido en diversos puntos.
Lo urgente ahora, añade, es construir una plataforma con tubos de metal y tablones para poder entrar sin dañar el material que se encuentra en el piso y proceder al rescate urgente del mural, el cual se ha desprendido en diversos puntos.
Una vez consolidada y fijada la pintura de muros y bóveda, se
procederá a analizar, registrar y remover las piezas de jade y vasijas.
¿Qué hay abajo? ¿Una escalinata? ¿Un sarcófago? ¿Una cripta? ¿Otra cámara? ¿Un esqueleto?
Arnoldo Martínez es prudente al responder:
Todavía no lo sabemos. Hasta que empecemos a remover el piso sabremos si hay otro nivel, o si encontramos restos óseos. Lo primero es la conservación de la pintura. En otros templos, como en el XVIII-A, encontramos restos de mural, pero muy pequeños, sólo tres pedacitos en la bóveda. Aquí hay mucho y muy bien (conservado). Es un color rojo probablemente elaborado con hematita, las diferentes gradaciones se lograron al agregarle más o menos cal.
–¿Estamos ante un sepulcro de un alto dignatario maya?
–Es muy probable. La cámara posee atributos que pueden identificarse
como un enterramiento de la realeza, aunque no ha sido posible
determinar restos óseos por el momento. Si nos apoyamos en la epigrafía
conocida y si las fechas de las vasijas son las que pensamos, aquí
podría estar el primer gobernante en tiempo histórico real que se conoce
de Palenque: K’uk B’alam (que significa quetzal jaguar), el primer ajaw de
la casa real palencana, pero hasta que no se excave y explore no
podemos afirmar nada, porque no tenemos nada; sería muy arriesgado decir
de quién se trata. Hay quienes opinan que esta tumba, por parecerse a
la de Pakal, a lo mejor es de la abuela (la señora Olnal, quien gobernó
Palenque durante 20 años, desde 583 hasta su muerte en 604 dC), o la
mamá, pero son especulaciones. Hasta que no tengamos esto bien trabajado
no lo sabremos.
“No hemos tocado nada, porque existe el riesgo de que se colapse la
pintura. Es tan delicada que debemos tener un control muy preciso.
Nuestro principal problema es lo inestable del relleno, por eso nos
llevó bastante tiempo consolidar la estructura para llegar aquí; si no,
todo se nos venía abajo.
“Pero estamos ante el único ejemplo de una cámara funeraria con
pintura mural que conserva casi todas sus características; por ello será
posible hacer comparaciones con otras tumbas mayas de Palenque, como la
de la Reina Roja, la del Templo de la Calavera o la tumba III
del templo XVIII-A, y también con otras de importantes ciudades mayas
como Calakmul, Copán, Tikal y Piedras Negras, lo cual nos permitirá
hacer algunas inferencias sobre los antiguos rituales y creencias
funerarias de los mayas”.
En total son aproximadamente 60 las personas que trabajan
exclusivamente en la exploración de la tumba del templo XX, en jornadas
que se inician a las siete de la mañana y concluyen a las 11 de la
noche,
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porque muchos se quedan picados con la chamba, no por obligación.
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No somos cazadores de tumbas
Hacen sólo dos recesos, para ir a desayunar y comer al
campamento construido en los años 50 por el arqueólogo Alberto Ruz
Lhuillier (1906-1979), descubridor de la tumba de Pakal. En un breve
descanso, algunos jóvenes restauradores miran por televisión en el canal
National Geographic un documental que muestra la pulcra parafernalia de
los hallazgos del egiptólogo Zahi Hawass, sin gota de sudor, en
excavaciones de set hollywodense.
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¡Qué falso!, dicen y se retiran para seguir trabajando, hombro con hombro, cubiertos de polvo, ayudando a transportar tubos o a retirar lajas, en medio del calor húmedo de una exuberante selva que aún tiene cubierta 70 por ciento de la antigua B’aakal, hoy llamada Palenque.
Si no hubiera esa pasión, puntualiza Rogelio Rivero,
nadie aguantaría estar lejos de su familia durante varios meses (esta temporada de trabajos se inició en mayo y debe concluir en diciembre); la tumba se ha hecho del rogar, pero está dando mucha información inédita acerca de Palenque, para entender no sólo el sitio, sino todo el mundo maya... Y lo que nos falta.
El trabajo en el templo XX, ubicado en el área sur de la zona
arqueológica, es meticuloso y lento, no obstante la ansiedad que delatan
quienes se acercan a preguntar:
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¿ya desenterraron al muerto?Los alrededores están cerrados al público. La estructura, orientada al este, se encuentra techada ahora con láminas para permitir que continúen las excavaciones aun bajo las lluvias veraniegas. La cerámica encontrada hasta el momento, da como fecha de edificación del templo los años 500 o 600 dC.
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No somos cazadores de tumbas, enfatiza el arqueólogo Arnoldo Martínez, “no tenemos esa escuela. A nosotros nos interesa el rescate integral de Palenque; es decir, también nos preocupamos por su arquitectura (Pakal era un entusiasta de ella); por eso, aquí en el templo XX, no sólo trabajamos en la exploración de la cámara funeraria, nos hace falta consolidar todo el edificio.
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Eso es en lo que deben pensar las nuevas generaciones dedicadas a investigar la zona: se trata de una ciudad en la cual sólo está descubierto al público y explorado 20 o 30 por ciento. Por ejemplo, no conocemos sus inicios, nos falta salirnos un poquito del área nuclear de la ciudad; no sabemos dónde se elaboraba la cerámica, dónde se tallaba la escultura (muy abundante en la zona), cómo era la vida cotidiana fuera de donde vivían los gobernantes. En este sentido, podrían encontrarse en el futuro tumbas, edificaciones y piezas más bellas, ricas e interesantes que las que hemos localizado hasta ahora. Hay arqueología para rato. La tumba de Pakal es lo más espectacular que hemos encontrado, y es muy posible que aquí, en la tumba del templo XX, tengamos características similares.
–¿Para verlo ya en los próximos días?
–En las próximas semanas, quizá hasta diciembre. Falta mucho por investigar –concluye el arqueólogo, contento, pero reservando la euforia para lo que aún falta por hallar.
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