Babel
Me estás matando dulcemente con tu capitalismo
Javier Hernández Alpízar
Desde luego que partimos, en el título, de Killing me softly with his song, canción de Roberta Flack, y el programa radiofónico en la Ke Huelga Me estás matando suavemente con tu capitalismo.
Que el capitalismo mata no es un dogma, es un axioma. Pero que pueda
matar suave o dulcemente… es cosa de una exploración de la cotidianidad.
Los peligros de comer en el capitalismo es un libro
coordinado por Jorge Veraza y publicado por Itaca en 2007, hace ya cinco
años, con textos del coordinador y de Ricardo Aldana, Karina Atayde,
Andrés Barreda, Rolando Espinosa, Silvia Espinosa, Gonzalo Flores,
Fabiola Lara, Juan Vicente Martínez, David Moreno y Mónica Vázquez.
Los temas que aborda son el sistema alimentario capitalista (azúcar
refinado y carne, también incluye la harina refinada pero no la trata
aparte), el subsistema alimentario capitalista, que enmascara los
problemas del sistema y lo hace aparecer como una pluralidad de
opciones: comida rápida (para regresar pronto a la línea de producción) y
comida chatarra. Las drogas legales: café, tabaco, alcohol y
metanfetaminas. Los organismos transgénicos, los sucedáneos del azúcar
refinado como el aspartame y otros edulcorantes. El sometimiento
capitalista del agua, que podría dar título a los demás: el sometimiento
capitalista del ser humano, el sometimiento capitalista de los
alimentos, el sometimiento capitalista del medio ambiente. Y las
consecuencias deletéreas, sifilíticas (en un sentido amplio, no
restringido a la lúes) de ello: diabetes, obesidad, cáncer, enfermedades
degenerativas y los medicamentos, como negocio alopático complementario
al sistema de alimentación capitalista.
La importancia del libro es su rigor analítico y teórico, lo cual lo
mantiene vigente, no solamente reúne información dispersa en muchas
fuentes y la divulga, sino que la explica desde una perspectiva
anticapitalista, marxista, como un continuado girar de la tuerca con la
que el capitalismo somete, subsume, primero al asalariado (subsunción
formal) pero luego (subsunción real) a toda la sociedad, y a nivel
planetario, hasta abarcar no sólo la fábrica o el lugar de la
producción, sino la ciudad, el campo, la alimentación, la reproducción
de la vida de cada persona y la de la sociedad por medio de los
alimentos, el agua, las medicinas y drogas controlados todos por el
capital, incluso el medio ambiente.
Las alimentaciones basadas en los cereales, maíz, arroz, trigo y
otros pocos productos, como la papa, son sustituidas (colonizadas y casi
arrasadas, por lo menos desplazadas) por el capitalismo. En su lugar
pone al azúcar refinado, esclavista desde su cultivo, desprovisto de
vitaminas, minerales y de todo nutriente hasta aportar solamente
calorías vacías: energía pura, de manera que una bebida dulce (como la
Coca Cola) es energía para mantener hiperactivo al trabajador y
funcionando para producir valor para el capital: aunque en ello le va la
vida al consumidor, porque le destruye desde los dientes hasta el
páncreas, el hígado, lo descalcifica, lo hace obeso, le da diabetes,
glaucoma y así. El azúcar blanco no es atacado por insectos, porque
ninguno lo considera alimento, no satisfaces sus necesidades de
nutrición. No fermenta, es puro y abstracto como el dinero, es el dinero
del sistema de alimentación capitalista, energía pura para producir
valor abstracto capitalista.
Pero el cuerpo humano, tratado como máquina de producir, no necesita
solamente calorías sino proteínas, y la manera más directa para
reproducir masa corporal es la carne. Al principio vista como un
progreso de la clase trabajadora, porque antes comían mucho menos carne
los pobres, pero luego fuente de todo tipo de males, en conjunto con el
azúcar y las harinas refinadas.
Además producir carne destruye el planeta, para producir vacas,
cerdos, pollos y peces, cada vez más mediante procesos industriales
(aunque los métodos extensivos también son ecocidas), se desplazan
biomasa, ecosistemas, flora y fauna, se sobreexplotan y contaminan la
tierra y el agua, se producen más polución y enfermedades. Granjas
Carroll en Puebla y Perote como ejemplo cercano.
Ante los males que ha generado, el capitalismo responde buscando
sucedáneos, como la sacarina, el aspartame, la fructosa y otros
edulcorantes sintéticos o transgénicos, pero producen más cáncer,
enfermedades nerviosas y otras. De suyo el azúcar (molécula muy parecida
a la cocaína) produce adicción, y un ciclo de euforia y depresión que
genera dependencia, adicción al azúcar. Además engancha a los adictos
desde niños en sus dulces redes. Las drogas legales son las funcionales
al productivismo capitalista: los estimulantes como café, tabaco y
metanfetaminas, que permiten retardar el cansancio, el hambre y el
sueño, y generar hiperactividad y euforia. (Los energetizantes para
aguantar la fiesta toda la noche y levantarse por la mañana tipo
RedBull). Ponerse como la ardilla de Vecinos invasores. Y el
relajante alcohol que permite aflojar los nudos, hacer vida social y
evita que los obreros linchen al patrón cualquier lunes.
El agua, atacada por el capitalismo bajo la forma de su contaminación
(sobre todo por el petróleo y derivados) por los procesos de
industrialización y urbanización, destruido su ciclo por la
sobreexplotación, los embalses, la pavimentación que impide recargar
mantos freáticos, y los procesos de tratamiento, privatización, venta
embotellada, toda una tecnología que prometiendo acabar la crisis la
profundiza, igual que la vieja revolución verde y la nueva contaminación
transgénica, pero con el agua se especula sacarla de los lugares más
remotos o profundos, desalinizar el mar, tratarla física y químicamente,
profundizando su privatización y su sometimiento al capital. Incluidos
los pagos por servicios ambientales que la meten al mercado, donde las
empresas la quieren.
De la medicina ya para qué hablamos: Subordinada a los daños que
causa el sistema de alimentación capitalista, administra enfermedades,
síntomas, incapaz de morder la mano del amo que sigue vendiendo comida
chatarra súper endulzada y súperengordante. Los autores intentan
divulgar, hacer asequible la información. Incluso ponen ejemplos con
películas conocidas y accesibles que el público puede ver o recordar
como Superengórdame (buen documental y excelente complemento del libro),
Pollitos en fuga (sobre el sacrificio de los pollos al dios capital,
una de dibujos animados), El smoking (la comicidad de Jackie Chan y el
tema del agua que provoca más sed para dar más ganancia al emporio).
El capitalismo genera un círculo vicioso, con alimentos que dañan, de
sabores, texturas, formas y colores diseñados para causar adicción no
sólo física sino psicosexual, y hasta tanática, sino hay que ver la
cajetilla de los cigarros. Como el cantinero que da botanas saladas y
picosas para que el cliente pida más cervezas. En tiempos de poco
dinero, en las tiendas no se dejan de vender refrescos y cigarros.
Pero el libro no deja de mencionar las alternativas, desde quienes
impulsan procesos alternativos para comer sano, producir alimentos
orgánicos o artesanalmente cuidados, luchar contra las megaempresas con
boicots como los que han enfrentado Coca cola y McDonalds, las luchas
por el agua y el medio ambiente, sea contra su contaminación, contra su
privatización o contra su embalse, desvío y el despojo a comunidades.
Subrayan la necesidad de comprender que es un proceso sistémico cuyos
componentes se complementan y entre todos profundizan las crisis en
distintos grados de desarrollo, latentes, álgidas, quizá algún día
resolutivas, si las luchas se unen y juntas potencian su fuerza contra
el monstruo de muchas cabezas que nos mata suave y dulcemente.
Animados por el ejemplo de estos autores, podemos recomendar, además
de las ya mencionadas, otras películas que tratan el tema de la crisis
del agua en dibujos animados y pueden complementar la información y el
diálogo, el debate y la organización: Animales al ataque (United
Animals) y Rango.
Fuente: Zapateando
Fuente: Zapateando
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