Tenemos la fraternal
satisfacción de saludar y compartir esta declaración programática
unitaria, que difundimos en la certeza de su alcance ejemplar y sin fronteras.
Hermanos y hermanas -de clase y de causa- del Brasil, gracias! por un
aporte que, fruto de las mejores y más dignas luchas, sin duda sabrá ser
herramienta también para todos los pueblos en lucha de nuestra Matria
Grande.
Red Latina sin fronteras
Nota aclaratoria:
Hoy mismo hemos recibido la declaración original en idioma portugués.
Realizamos una traducción no profesional. Por lo que agradecemos hagan
llegar o indiquen cualquier corrección que consideren necesaria. Se
adjunta también la versión original.
redlatinasinfronteras@yahoo.es
Fuente: Red Latina sin Fronteras
Fente original en portugués: MST informaMartes, 22 de agosto 2012
Año 9 - N º 195
letraviva@mst.org.br www.mst.org.br
Unidad por Tierra, Territorio y Dignidad!
Los movimientos sociales
del campo, que se reunen esta semana en el Encuentro Unitario de
Trabajadores, Trabajadoras y Pueblos del campo, Agua y Bosques, en
Brasilia, lanzan una declaración conjunta que representa una
demostración de articulación y unidad política de los campesinos, los
pequeños agricultores , trabajadores rurales sin tierra, indígenas y
cimarrones y ambientalistas, defensores de derechos humanos y
estudiantes que participaron en esta construcción.
El encuentro es una
respuesta a los desafíos de nuestro país para superar la desigualdad en
la distribución de la tierra, que se mantiene inalterada desde los años
20, pero con la consecuencia de los riesgos económicos, sociales,
culturales y ambientales de la especialización primaria de la economía.
El proyecto capitalista en
curso en Brasil, representada en el campo por el agronegocio, tiene como
objetivo la acumulación de capital en el sector primario, sirviendo a
los intereses y al dominio del capital extranjero en el campo por medio
de las transnacionales.
La ofensiva de este proyecto causa la
trituración y desplazamiento de los trabajadores y trabajadoreas de los
pueblos del campo, de las aguas y los bosques. Además de eso , se impide
la realización de la reforma agraria, la demarcación y el
reconocimiento de los territorios indígenas y cimarrones.
Por otra parte, tiene
impactos sociales y ambientales negativos, con el aumento de la
violencia, la violación de los territorios de los pescadores y los
pueblos de los bosques, el debilitamiento de la agricultura familiar y
campesina, la sujeción de los trabajadores y de los consumidores a los
alimentos contaminados y la convivencia con la degradación ambiental.
El encuentro demuestra que
es indispensable un proyecto de vida y trabajo para la producción de
alimentos saludables en una escala suficiente para satisfacer las
necesidades de la sociedad, que respete la naturaleza y genere dignidad
en el campo.
Para ello, es necesario
realizar la reforma agraria, defender nuestra soberanía territorial,
garantizar la soberanía alimentaria, desarrollar la agroecología, con la
centralidad de la agricultura familiar y campesina y las formas
tradicionales de producción y educación del campo, los pueblos
indígenas y cimarrones, como herramientas estratégicas para la
emancipación.
A continuación, lea
la declaración final del Encuentro Unitario de Trabajadores,
Trabajadoras y Pueblos del Campo, de las Aguas y los bosques:
Por Tierra, Territorio y Dignidad!
Después de siglos de
opresión y resistencia, "las masas campesinas oprimidas y explotadas" en
una demostración de capacidad de articulación, unidad política y
construcción de una propuesta nacional, se reunieron en el Congreso
"Primer Congreso Nacional de Labradores y Trabajadores Agrícolas sobre
el carácter de la reforma agraria", en el año 1961, en Belo Horizonte.
Ya en ese Congreso los pueblos del campo, asumiendo un papel de sujetos
políticos, apuntaban a la centralidad de la tierra como espacio de vida,
de producción e identidad socio-cultural.
Esa unidad y fuerza
política llevó al gobierno de João Goulart a incorporar la reforma
agraria como parte de sus reformas de base, contrariando los intereses
de las elites y transformandose en uno de los elementos que llevaron al
golpe de Estado de 1964. Los gobiernos golpistas perseguieron,
torturaron, encarcelaron y asesinaron dirigentes, pero no lograron
destruir el sueño, ni las luchas campesinas por un pedazo de tierra.
Después de décadas de
resistencia y denuncias de la opresión, las movilizaciones y luchas
sociales han creado las condiciones para la reanudación y la expansión
de la organización campesina, haciendo emerger una diversidad de
sujetos y pautas. Junto con la lucha por la reforma agraria, la lucha
por la tierra y por el territorio se van afirmando sujetos como los sin
tierra, cimarrones, indígenas, recolectores, pescadores artesanales ,
quebradeiras, comunidades tradicionales, agricultores familiares,
campesinos, trabajadores y trabajadoras rurales y demás pueblos del
campo, de las aguas y los bosques.
En este proceso de constitución
de sujetos políticos, se afirman las mujeres y los jóvenes en la lucha
contra la cultura patriarcal, por la visibilidad y la igualdad de
derechos y dignidad en el campo.
En nueva demostración
decapacidad de articulación y unidad política, nosotros hombres y
mujeres de todas las edades, nos reunimos 51 años después, en Brasilia,
en el Encuentro Nacional Unitario de Trabajadores y Trabajadoras,
Pueblos del Campo, de las Aguas y los Bosques, teniendo como
centralidad la lucha de clases en torno a la tierra, que actualmente se
expresa en la lucha por la Reforma Agraria, Tierra, Territorio y
Dignidad.
Estamos construyendo la
unidad en respuesta a los desafíos de la desigualdad en la distribución
de la tierra. Al igual que en los años 60, esta desigualdad se mantiene
inalterada, habiendo una profundización de los riesgos económicos,
sociales, culturales y ambientales, como consecuencia de la
especialización primaria de la economía.
La primera década del siglo
XXI revela un proyecto de reactivación de la modernización conservadora
de la agricultura, iniciada por los militares, interrumpida se en los
años noventa y retomada como proyecto de expansión primaria para el
sector externo en los últimos doce años, bajo la denominación de
agronegocio, que establece como nuestro enemigo común.
Este proyecto, en esencia,
produce desigualdades en las relaciones fundiárias y sociales del medio
rural, profundiza la dependencia externa y realiza una explotación
ultrapredatória de la naturaleza. Sus protagonistas son el capital
financiero, las grandes cadenas de producción y comercialización de
commodities de escala mundial, el latifundio y el Estado brasilero en
sus funciones financiadoras - inclusive destinando recursos públicos
para grandes proyectos y obras de infraestructuras - y (des)reguladora
de la tierra.
El proyecto capitalista en
curso en Brasil persigue la acumulación de capital especializado en el
sector primario, promoviendo la sobreexplotación agropecuaria,
hidroeléctrica, mineral y petrolera. Esta superexplotación, en nombre de
la necesidad de equilibrar las transacciones externas, sirve a los
intereses y la dominación del capital extranjero en el campo a través de
las transnacionales del agro y el hidronegocio.
Este proyecto provoca la
trituración y la desterritorialización de los trabajadores y
trabajadoras de los pueblos del campo, de las aguas y de los bosques.
Sus consecuencias sociales y ambientales son la no realización de la
reforma agraria, la no demarcación y el reconocimiento de los
territorios indígenas y cimarrones, el aumento de la violencia, la
violación de los territorios de los pescadores y los pueblos de los
bosques, la fragilización de la agricultura familiar y campesina, la
sujeción de trabajadores y consumidores a los alimentos contaminados y a
la convivencia con la degradación ambiental. También hay consecuencias
socio-culturales como la masculinización y el envejecimiento en el
campo, por la falta de oportunidades para los jóvenes y las mujeres,
resultando la no reproducción social del campesinado.
Estas consecuencias fueron
agravadas por la ausencia, la falta de adecuación al carácter
asistencialista y de emergencia de las políticas públicas. Estas
políticas contribuyeron al proceso de desigualdad social entre el campo y
la ciudad, el vaciamiento del medio rural y el aumento de la
vulnerabilidad de los sujetos del campo, de las aguas y de los bosques.
En lugar de promover igualdad y dignidad, las políticas y acciones del
Estado ,muchas veces, retiran derechos y promueven la violencia en el
campo.
Incluso generando
conflictos y siendo enemigo de los pueblos, el Estado brasileño en sus
esferas de Ejecutivo, Judicial y Legislativo, históricamente viene
invirtiendo en el fortalecimiento del modelo de desarrollo concentrador,
excluyente y degradante. A pesar de todos los problemas generados, los
sucesivos gobiernos - inclusive el actual - mantiene la opción por el
agro e hidronegocio.
El Brasil, un país rico en
tierras, agua, bienes naturales y biodiversidad, atrae el capital
especulativo y agroexportador, intensificando los impactos negativos
sobre los territorios y poblaciones indígenas, cimarrones y las
comunidades tradicionales y campesinas. Externamente, el Brasil se está
convirtiendo en la palanca de diseño neocolonizador, la ampliación de
este modelo para otros países, especialmente en América Latina y África.
Se torna indispensable un
proyecto de vida y trabajo para la producción de alimentos saludables en
escala suficiente para atender las necesidades de la sociedad, que
respete la naturaleza y genere dignidad en el campo. Al mismo tiempo, el
rescate y fortalecimiento del campesinado, la defensa y recuperación de
sus culturas y saberes se hace necesario para proyectos alternativos de
desarrollo y sociedad.
Ante esto, declaramos lo siguiente:
1) La reforma agraria como
política esencial de desarrollo justo, popular, solidario y sostenible,
presupone el cambioen la estructura agraria, la democratización del
acceso a la tierra, respeto a los territorios y garantia de reproducción
social de los pueblos del campo, del agua y los bosques.
2) La soberanía
territorial, que comprende el poder y la autonomía de los pueblos
interesados para proteger y defender libremente el bien común y el
espacio social y de lucha que ocupan y establecen sus relaciones y
modos de vida, desarrollo de las diferentes culturas y modos de
producción y reproducción, que marcan y dan identidad al territorio.
3) La soberanía alimentaria
como derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y
estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de
alimentos que garanticen el derecho a la alimentación adecuada de toda
la población, respetando sus culturas y la diversidad de formas de
producir, comercializar y administrar estos procesos.
4) La agroecología como
base para la sostenibilidad y la organización social y productiva de la
agricultura familiar y campesina, en oposición al modelo del
agronegocio. La agroecología es un modo de producir y relacionarse en la
agricultura, que preserva la biodiversidad, los ecosistemas y el
patrimonio genético, que produce alimentos saludables, libres de
transgénicos y agrotóxicos, que valoriza saberes y culturas de los
pueblos del campo, del agua y de los bosques y defiende la vida.
5) La centralidad de la
agricultura familiar y campesina y las formas tradicionales de
producción y su fortalecimiento por medio de políticas públicas
estructurantes, como el fomento y crédito subsidiado y adecuado a las
realidades, asistencia técnica basada en principios agroecológicos,
investigación que reconozca e incorpore los saberes tradicionales ,
formación, especialmente de la juventud, incentivo de la cooperación,
agroindustrialización y comercialización.
6) La necesidad de
relaciones igualitarias, el reconocimiento y el respeto mutuos,
especialmente en relación a las mujeres, superando la división sexual
del trabajo y el poder patriarcal y combatiendo todos los tipos de
violencia.
7) La soberanía energética
como un derecho de los pueblos, lo que demanda el control social sobre
las fuentes, la producción y distribución de energía, alterando el
actual modelo energético brasileño.
8) La educación rural,
indígena y cimarrona como herramientas estratégicas para la emancipación
de los sujetos, que surgen de las experiencias de lucha por el derecho a
la educación y un proyecto político-pedagógico vinculado a los
intereses de la clase trabajadora. Ellas se contraponen a la educación
rural, que tiene como objetivo auxiliar un proyecto de agricultura y
sociedad subordinada a los intereses del capital, que sufre la educación
escolar para preparar mano de obra mínimamente cualificada y barata y
que esclaviza a los trabajadores en el sistema de producción de
monocultura.
9) La necesidad de
democratización de los medios de comunicación, hoy concentrados en unas
pocas familias y al servicio del proyecto capitalista concentrador, que
criminalizan a los movimientos s y organizaciones sociales del campo,
de las aguas y los bosques.
10) La necesidad de
reconocimiento por el Estado de los derechos de las poblaciones
afectadas por grandes proyectos, asegurando la consulta libre, previa e
informada y la reparación en los casos de violación de los derechos.
Nos comprometemos:
1 - A fortalecer las
organizaciones sociales e intensificar el proceso de unidad entre los
trabajadores y trabajadoras, los pueblos del campo, de las aguas y los
bosques, poniendo como centro la lucha de clases y el enfrentamiento al
enemigo común, el capital y su expresión actual en el campo , el agro e
hidronegocio.
2 -A ampliar las unidad en
los próximos períodos, construyendo pautas comunes y procesos unitarios
de lucha por la realización de la reforma agraria, por el
reconocimiento, titulación, demarcación y retirar los intrusos de las
tierras indígenas, los territorios y las comunidades tradicionales
cimarrones, garantizando derechos territoriales, dignidad y autonomía.
3 - A fortalecer la lucha
por la reforma agraria como bandera unitaria de los trabajadores y
trabajadoras y de los pueblos del campo, de las aguas y los bosques.
4 - A construir y
fortalecer alianzas entre sujetos del campo y la ciudad, a nivel
nacionales e internacional, en estrategias de clase contra el capital y
en defensa de una sociedad justa, igualitaria, solidaria y sostenible.
5 -A luchar por la
transición agroecológica masiva, contra los agrotóxicos, por la
producción de alimentos saludables, por la soberanía alimentaria, en
defensa de la biodiversidad y las semillas.
6 - A construir una agenda
común para rediscutir los criterios de construcción, acceso, alcance,
carácter y control social de las políticas públicas, por ejemplo, del
PRONAF, PNAE, PAA, PRONERA, PRONACAMPO, investigación y extensión, entre
otros, dirigidos a la pueblos del campo, de las aguas y de los bosques.
7 - A fortalecer la lucha de las mujeres por derechos, por la igualdad y poner fin a la violencia.
8 - A ampliar el
reconocimiento de la importancia estratégica de la juventud en la
dinámica del desarrollo y reproducción social de los pueblos del campo,
de las aguas y de los bosques.
9 - A luchar por cambios en el modelo actual de pautadoen los petro-dependientes, de alto consumo de energía.
10 - A combatir y denunciar
la violencia y la impunidad en el campo y la criminalización de los
movimientos sociales y líderes, promovida por agentes públicos y
privados.
11 - A luchar por el
reconocimiento de responsabilidad del Estado por la muerte y
desaparición de campesinos, así como los derechos de reparación a sus
familias, con la creación de una comisión campesina por amnistia,
memoria, verdad y justicia para incidir en los trabajos labor de la
Comisión Especial sobre muertos y desaparecidos políticos, viendo la
inclusión de todos los afectados por la represión.
Nosotros, trabajadores y
tabajadoras, pueblos del campo, de las aguas y de los bosques exigimos
la reorientación de las políticas y acciones del Estado brasileño,
porque el campo no soporta más. Seguiremos en marcha, movilizados en
unidad y lucha, y en el combate a nuestro enemigo común, construiremos
un País y una sociedad justa, solidaria y sostenible
Brasilia, 22 de agosto de 2012.
Asociación de Casas Familiares Rurales (ARCAFAR)
Asociación de Mujeres de Brasil (AMB)
Asociación Brasileña de Reforma Agraria (ABRA)
Asociación Brasileña de Estudiantes de Silvicultura (ABEEF)
Articulación Nacional de Agroecología (ANA)
Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB)
Indígena Consejo Misionero (CIMI)
CARITAS brasileño
Coordinación Nacional de quilombolas (CONAQ)
Confederación Nacional de Trabajadores Agrícolas (CONTAG)
Comisión Pastoral de la Pesca (CPP)
Comisión Pastoral de la Tierra (CPT)
Central de Trabajadores de Brasil (CTB)
Central Unitaria de Trabajadores (CUT)
Federación de Estudiantes de Agricultura de Brasil (FEAB)
Federación de Trabajadores de la Agricultura Familiar (FETRAF)
FASE
Greenpeace
INESC
Marcha Mundial de las Mujeres (MMM)
Movimiento de Afectados por Represas (MAB)
Movimiento Campesino Popular (MCP)
Movimiento de Mujeres Campesinas (MMC)
Movimiento de Mujeres Trabajadoras Rurales en el noreste (NE-MMTR)
Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA)
Movimiento de Pescadores y Oficios Marinas (MPP)
Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST)
Movimiento Interestatal de la Mujer babasú tuerca automáticos (MIQCB)
Oxfam Brasil
Pastoral Juvenil Rural (PJR)
Plataforma DhESCA
Cefas Network
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Investigación y el Desarrollo Agrícola (SINPAF)
Sinpró DF
Derecho a la Tierra
Unicafes
VIA CAMPESINA BRASIL
-:-
Versión original en portugués
Terça-feira, 22 de agosto de 2012
Ano 9 - nº 195
Unidade por por Terra, Território e Dignidade!
Os movimentos
sociais do campo, que se reuniram nesta semana no Encontro Unitário dos
Trabalhadores, Trabalhadoras e Povos do Campo, das Águas e das
Florestas, em Brasília, lançaram uma declaração conjunta que representa
uma demonstração de articulação e unidade política dos camponeses,
pequenos agricultores, sem-terra, indígenas e quilombolas, além de
ambientalistas, defensores dos direitos humanos e estudantes que
participaram dessa construção.
O encontro é uma
resposta aos desafios do nosso país para superar a desigualdade na
distribuição da terra, que se mantém inalterada desde a década de 20,
mas com riscos econômicos, sociais, culturais e ambientais em
consequência da especialização primária da economia.
O projeto
capitalista em curso no Brasil, representado no campo pelo agronegócio,
tem como objetivo a acumulação de capital no setor primário, servindo
aos interesses e domínio do capital estrangeiro no campo por meio das
transnacionais.
A ofensiva desse projeto causa o esmagamento e a
desterritorialização dos trabalhadores e trabalhadoras dos povos do
campo, das águas e das florestas. Além disso, impede a realização da
reforma agrária, a demarcação e reconhecimento de territórios indígenas e
quilombolas.
Por outro lado, tem
impactos sociais e ambientais negativos, com o aumento da violência, a
violação dos territórios dos pescadores e povos da floresta, a
fragilização da agricultura familiar e camponesa, a sujeição dos
trabalhadores e consumidores a alimentos contaminados e ao convívio com a
degradação ambiental.
O encontro demonstra que é indispensável um
projeto de vida e trabalho para a produção de alimentos saudáveis em
escala suficiente para atender as necessidades da sociedade, que
respeite a natureza e gere dignidade no campo.
Para isso, é
necessário realizar a Reforma Agrária, defender a nossa soberania
territorial, garantir a a soberania alimentar, desenvolver a
agroecologia, com a centralidade da agricultura familiar e camponesa e
de formas tradicionais de produção e educação do campo, indígena e
quilombola como ferramentas estratégicas para a emancipação.
Abaixo, leia a
declaração final do Encontro Unitário dos Trabalhadores, Trabalhadoras e
Povos do Campo, das Águas e das Florestas.
Por Terra, Território e Dignidade!
Após séculos de
opressão e resistência, "as massas camponesas oprimidas e exploradas",
numa demonstração de capacidade de articulação, unidade política e
construção de uma proposta nacional, se reuniram no "I Congresso
Nacional dos Lavradores e Trabalhadores Agrícolas sobre o caráter da
reforma agrária", no ano de 1961, em Belo Horizonte. Já nesse I
Congresso os povos do campo, assumindo um papel de sujeitos políticos,
apontavam a centralidade da terra como espaço de vida, de produção e
identidade sociocultural.
Essa unidade e força
política levaram o governo de João Goulart a incorporar a reforma
agrária como parte de suas reformas de base, contrariando os interesses
das elites e transformando-se num dos elementos que levou ao golpe de
1964. Os governos golpistas perseguiram, torturaram, aprisionaram e
assassinaram lideranças, mas não destruíram o sonho, nem as lutas
camponesas por um pedaço de chão.
Após décadas de
resistência e denuncias da opressão, as mobilizações e lutas sociais
criaram condições para a retomada e ampliação da organização camponesa,
fazendo emergir uma diversidade de sujeitos e pautas. Junto com a luta
pela reforma agrária, a luta pela terra e por território vem afirmando
sujeitos como sem terra, quilombolas, indígenas, extrativistas,
pescadores artesanais, quebradeiras, comunidades tradicionais,
agricultores familiares, camponeses, trabalhadores e trabalhadoras
rurais e demais povos do campo, das águas e das florestas. Neste
processo de constituição de sujeitos políticos, afirmam-se as mulheres e
a juventude na luta contra a cultura patriarcal, pela visibilidade e
igualdade de direitos e dignidade no campo.
Em nova demonstração
de capacidade de articulação e unidade política, nós homens e mulheres
de todas as idades, nos reunimos 51 anos depois, em Brasília, no
Encontro Nacional Unitário de Trabalhadores e Trabalhadoras, Povos do
Campo, das Águas e das Florestas, tendo como centralidade a luta de
classes em torno da terra, atualmente expressa na luta por Reforma
Agrária, Terra, Território e Dignidade.
Nós estamos
construindo a unidade em resposta aos desafios da desigualdade na
distribuição da terra. Como nos anos 60, esta desigualdade se mantém
inalterada, havendo um aprofundamento dos riscos econômicos, sociais,
culturais e ambientais, em conseqüência da especialização primária da
economia.
A primeira década do
Século XXI revela um projeto de remontagem da modernização conservadora
da agricultura, iniciada pelos militares, interrompida nos anos noventa
e retomada como projeto de expansão primária para o setor externo nos
últimos doze anos, sob a denominação de agronegócio, que se configura
como nosso inimigo comum.
Este projeto, na sua
essência, produz desigualdades nas relações fundiárias e sociais no
meio rural, aprofunda a dependência externa e realiza uma exploração
ultrapredatória da natureza. Seus protagonistas são o capital
financeiro, as grandes cadeias de produção e comercialização de
commodities de escala mundial, o latifúndio e o Estado brasileiro nas
suas funções financiadora - inclusive destinando recursos públicos para
grandes projetos e obras de infraestrutura - e (des)reguladora da terra.
O projeto
capitalista em curso no Brasil persegue a acumulação de capital
especializado no setor primário, promovendo super-exploração
agropecuária, hidroelétrica, mineral e petroleira. Esta
super-exploração, em nome da necessidade de equilibrar as transações
externas, serve aos interesses e domínio do capital estrangeiro no campo
através das transnacionais do agro e hidronegócio.
Este projeto provoca
o esmagamento e a desterritorialização dos trabalhadores e
trabalhadoras dos povos do campo, das águas e das florestas. Suas
conseqüências sociais e ambientais são a não realização da reforma
agrária, a não demarcação e reconhecimento de territórios indígenas e
quilombolas, o aumento da violência, a violação dos territórios dos
pescadores e povos da floresta, a fragilização da agricultura familiar e
camponesa, a sujeição dos trabalhadores e consumidores a alimentos
contaminados e ao convívio com a degradação ambiental. Há ainda
conseqüências socioculturais como a masculinização e o envelhecimento do
campo pela ausência de oportunidades para a juventude e as mulheres,
resultando na não reprodução social do campesinato.
Estas conseqüências
foram agravadas pela ausência, falta de adequação ou caráter
assistencialista e emergencial das políticas públicas. Estas políticas
contribuíram para o processo de desigualdade social entre o campo e a
cidade, o esvaziamento do meio rural e o aumento da vulnerabilidade dos
sujeitos do campo, das águas e das florestas. Em vez de promover a
igualdade e a dignidade, as políticas e ações do Estado, muitas vezes,
retiram direitos e promovem a violência no campo.
Mesmo gerando
conflitos e sendo inimigo dos povos, o Estado brasileiro nas suas
esferas do Executivo, Judiciário e Legislativo, historicamente vem
investindo no fortalecimento do modelo de desenvolvimento concentrador,
excludente e degradador. Apesar de todos os problemas gerados, os
sucessivos governos - inclusive o atual - mantêm a opção pelo agro e
hidronegócio.
O Brasil, como um
país rico em terra, água, bens naturais e biodiversidade, atrai o
capital especulativo e agroexportador, acirrando os impactos negativos
sobre os territórios e populações indígenas, quilombolas, comunidades
tradicionais e camponesas. Externamente, o Brasil vem se tornando
alavanca do projeto neocolonizador, expandindo este modelo para outros
países, especialmente na América Latina e África.
Torna-se
indispensável um projeto de vida e trabalho para a produção de alimentos
saudáveis em escala suficiente para atender as necessidades da
sociedade, que respeite a natureza e gere dignidade no campo. Ao mesmo
tempo, o resgate e fortalecimento dos campesinatos, a defesa e
recuperação das suas culturas e saberes se faz necessário para projetos
alternativos de desenvolvimento e sociedade. Diante disto, afirmamos:
1) a reforma
agrária como política essencial de desenvolvimento justo, popular,
solidário e sustentável, pressupondo mudança na estrutura fundiária,
democratização do acesso à terra, respeito aos territórios e garantia da
reprodução social dos povos do campo, das águas e das florestas.
2) a soberania
territorial, que compreende o poder e a autonomia dos povos em proteger e
defender livremente os bens comuns e o espaço social e de luta que
ocupam e estabelecem suas relações e modos de vida, desenvolvendo
diferentes culturas e formas de produção e reprodução, que marcam e
dão identidade ao território.
3) a soberania
alimentar como o direito dos povos a definir suas próprias políticas e
estratégias sustentáveis de produção, distribuição e consumo de
alimentos que garantam o direito à alimentação adequada a toda a
população, respeitando suas culturas e a diversidade dos jeitos de
produzir, comercializar e gerir estes processos.
4) a
agroecologia como base para a sustentabilidade e organização social e
produtiva da agricultura familiar e camponesa, em oposição ao modelo do
agronegócio. A agroecologia é um modo de produzir e se relacionar na
agricultura, que preserva a biodiversidade, os ecossistemas e o
patrimônio genético, que produz alimentos saudáveis, livre de
transgênicos e agrotóxicos, que valoriza saberes e culturas dos povos do
campo, das águas e das florestas e defende a vida.
5) a
centralidade da agricultura familiar e camponesa e de formas
tradicionais de produção e o seu fortalecimento por meio de políticas
públicas estruturantes, como fomento e crédito subsidiado e adequado as
realidades; assistência técnica baseada nos princípios agroecológicos;
pesquisa que reconheça e incorpore os saberes tradicionais; formação,
especialmente da juventude; incentivo à cooperação,
agroindustrialização e comercialização.
6) a
necessidade de relações igualitárias, de reconhecimento e respeito
mútuo, especialmente em relação às mulheres, superando a divisão sexual
do trabalho e o poder patriarcal e combatendo todos os tipos de
violência.
7) a soberania
energética como um direito dos povos, o que demanda o controle social
sobre as fontes, produção e distribuição de energia, alterando o atual
modelo energético brasileiro.
8) a educação
do campo, indígena e quilombola como ferramentas estratégicas para a
emancipação dos sujeitos, que surgem das experiências de luta pelo
direito à educação e por um projeto político-pedagógico vinculado aos
interesses da classe trabalhadora. Elas se contrapõem à educação rural,
que tem como objetivo auxiliar um projeto de agricultura e sociedade
subordinada aos interesses do capital, que submete a educação escolar à
preparação de mão-de-obra minimamente qualificada e barata e que
escraviza trabalhadores e trabalhadoras no sistema de produção de
monocultura.
9) a
necessidade de democratização dos meios de comunicação, hoje
concentrados em poucas famílias e a serviço do projeto capitalista
concentrador, que criminalizam os movimentos e organizações sociais do
campo, das águas e das florestas.
10) a necessidade
do reconhecimento pelo Estado dos direitos das populações atingidas por
grandes projetos, assegurando a consulta livre, prévia e informada e a
reparação nos casos de violação de direitos.
Nos comprometemos:
1- a fortalecer as
organizações sociais e a intensificar o processo de unidade entre os
trabalhadores e trabalhadoras, povos do campo, das águas e das
florestas, colocando como centro a luta de classes e o enfrentamento ao
inimigo comum, o capital e sua expressão atual no campo, o agro e
hidronegócio.
2- a ampliar a
unidade nos próximos períodos, construindo pautas comuns e processos
unitários de luta pela realização da reforma agrária, pela
reconhecimento, titulação, demarcação e desintrusão das terras indígena,
dos territórios quilombolas e de comunidades tradicionais, garantindo
direitos territoriais, dignidade e autonomia.
3- a fortalecer a
luta pela reforma agrária como bandeira unitária dos trabalhadores e
trabalhadoras e povos do campo, das águas e das florestas.
4- a construir e
fortalecer alianças entre sujeitos do campo e da cidade, em nível
nacional e internacional, em estratégias de classe contra o capital e em
defesa de uma sociedade justa, igualitária, solidária e sustentável.
5- a lutar pela
transição agroecológica massiva, contra os agrotóxicos, pela produção de
alimentos saudáveis, pela soberania alimentar, em defesa da
biodiversidade e das sementes.
6- a construir
uma agenda comum para rediscutir os critérios de construção, acesso,
abrangência, caráter e controle social sobre as políticas públicas, a
exemplo do PRONAF, PNAE, PAA, PRONERA, PRONACAMPO, pesquisa e extensão,
dentre outras, voltadas para os povos do campo, das águas e das
florestas.
7- a fortalecer a luta das mulheres por direitos, pela igualdade e pelo fim da violência.
8- a ampliar o
reconhecimento da importância estratégica da juventude na dinâmica do
desenvolvimento e na reprodução social dos povos do campo, das águas e
das florestas.
9- a lutar por mudanças no atual modelo de produção pautado nos petro-dependentes, de alto consumo energético.
10- a combater e
denunciar a violência e a impunidade no campo e a criminalização das
lideranças e movimentos sociais, promovidas pelos agentes públicos e
privados.
11- a lutar pelo
reconhecimento da responsabilidade do Estado sobre a morte e
desaparecimento forçado de camponeses, bem como os direitos de reparação
aos seus familiares, com a criação de uma comissão camponesa pela
anistia, memória, verdade e justiça para incidir nos trabalhos da
Comissão Especial sobre mortos e desaparecidos políticos, visando a
inclusão de todos afetados pela repressão.
Nós, trabalhadores e
trabalhadoras, povos do campo, das águas e das florestas exigimos o
redirecionamento das políticas e ações do Estado brasileiro, pois o
campo não suporta mais. Seguiremos em marcha, mobilizados em unidade e
luta e, no combate ao nosso inimigo comum, construiremos um País e uma
sociedade justa, solidária e sustentável.
Brasília, 22 de agosto de 2012.