31/12/13

Los combates duraron 12 días; la lucha sigue

· A 20 años de su levantamientoen Chiapas, los zapatistas resisten y se reinventan


Hermann Bellinghausen
La Jornada 31/12/2013

San Cristóbal de Las Casas, Chis., 30 de diciembre.

ontra las versiones hoy renovadas, y escasamente cotejadas con la realidad, las comunidades autónomas zapatistas, sin ayuda gubernamental (al contrario, el gobierno mexicano responde a las demandas originales de dichos pueblos con una sostenida guerra de baja intensidad y desgaste), han logrado levantar un proceso de autogobierno, en el cual se fundaron decenas de nuevos poblados en las tierras recuperadas tras el levantamiento de 1994. Ellos, sumados a los más de mil pueblos que integran los municipios autónomos rebeldes, dan como saldo no más pobreza y marginación, como quisieran los agoreros del poder, sino regiones organizadas con sistemas propios y eficientes de educación, salud colectiva esencialmente de prevención, producción agrícola para la autosuficiencia, la comercialización independiente de café, miel y artesanías. Todo, fuera del consumismo inducido, la dependencia económica y el control político que implican, en Chiapas, los planes gubernamentales.

El estado experimentó luego de 1994 una virtual reforma agraria, con la apropiación de miles de hectáreas de lo que fueron ranchos y fincas que hoy están en manos de los pueblos mayas de la entidad. Se habla hasta de 700 mil hectáreas ocupadas por indígenas; la mayor parte, de hecho, beneficiaron a los que ni siquiera eran insurrectos. La influencia de la rebelión zapatista alcanzó y benefició también a los que se mantienen en los márgenes oficialistas y en ocasiones han servido para hostilizar, agredir y desplazar a los rebeldes y sus simpatizantes indígenas. Aunque negada sistemáticamente por las autoridades, la paramilitarización es un hecho constante, con implicaciones criminales e impunidad garantizada.

En Chiapas cambió la vida de los pueblos originarios

Concluye el mes de diciembre. A estas horas, 20 años atrás, centenares de comunidades mayas en el sureste mexicano se alistaban finalmente a levantarse en armas contra el que siempre han llamado mal gobierno, luego de años de preparación para la guerra de liberación nacional. Las familias choles, tzeltales, tojolabales, tzotziles, despedían a padres, hijos o hermanos milicianos. Los insurgentes, muchas mujeres, encabezarían la ruta desde la selva Lacandona, los Altos y la zona norte para ocupar simultáneamente varias ciudades la madrugada del fin de año. Y así amanecer en Altamirano derruyendo el reloj del ayuntamiento; en San Cristóbal de Las Casas, a la primera luz del día, los locales, los turistas y los primeros periodistas (Amado Avendaño Figueroa, director de Tiempo, el primero de todos) fueron a averiguar quiénes tomaron el palacio municipal y lo vaciaron, desde su balcón leyeron, en voz del comandante Felipe famosamente sin pasamontañas, la Declaración de la selva Lacandona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y dieron a conocer sus demandas. El subcomandante Marcos, único mestizo a la redonda, atrajo de inmediato la atención de los medios. De la oscuridad a la luz, todavía un poco lampareados, se vio que, fueran quienes fueran, estaban preparados para lo que vendría. Con el rostro cubierto, exigían para todos todo, nada para nosotros.

En Ocosingo los esperaba una batalla sangrienta al segundo día, y allí caería el mayor número de insurrectos, entre ellos el comandante Hugo, respetado dirigente tzeltal. Varios fueron ejecutados por el Ejército federal (el cual atacó procedente de Palenque) puestos bocabajo, con las manos amarradas atrás, pero la mayoría murieron en combate. El camino de las cañadas quedó sembrado de cadáveres de indígenas con el uniforme de un ejército campesino que redefiniría la idea de modernidad, según las clases dominantes. En las primeras horas corrió la creencia de que no eran mexicanos, que hablaban como extranjeros. Han de ser de Guatemala, dijeron los caxlanes cerrando sus casas por dentro. Casi demasiado fácil pareció la toma de Las Margaritas, donde los alzados enfrentaron a la policía; en esa acción cayó el subcomandante Pedro, y el mundo no lo conocería. Los pueblos de la cañada tojolabal lo cargaron de regreso y lo lloraron con todos los honores.

Salvo en Ocosingo, el repliegue de los alzados fue expedito, casi misterioso. Al dejar Las Margaritas, los insurrectos pasaron por el rancho del general, ex gobernador y terrateniente Absalón Castellanos Domínguez y se lo llevaron preso. Debía muchas vidas de indígenas y sería juzgado por sus crímenes. Y como en La vorágine, de José Eustasio Rivera, se los tragó la selva. O la montaña tzotzil de los Altos.

Creían las élites que al amanecer 1994 México estaría entrando al primer mundo como socio de dizque lujo de las potencias del norte. Con el campanazo de los aguafiestas indígenas en un lejano rincón de la patria, el país se encontró más bien ante una guerra casi inverosímil, de una elocuencia inédita a la que nadie pudo ser indiferente. Su ¡Ya basta! cambiaba las reglas del juego. Los medios acudieron en masa de todos los países. Había un nuevo jugador: los pueblos indígenas de México. Lo demás, reza la muletilla, es historia.

Veinte años después

Con ese estilo evaluador tan caro a los neoliberales, ahora les piden cuentas a los zapatistas: ¿a ver qué has hecho estos 20 años?, y les echan encima indicadores, inferencias equivocadas y mentiras malintencionadas. Tras cuatro lustros, cinco presidentes y ocho gobernadores oficiales, no se ha firmado la paz y por tanto sigue en pie la declaración de guerra. Las pláticas entre los rebeldes y las autoridades han sido pocas (y la última ocurrió hace 18 años). Los acuerdos logrados en San Andrés en 1996 fueron desconocidos al día siguiente por el gobierno federal que los había firmado, y desde entonces a los zapatistas se les ignora en los censos, se les cosifica en las encuestas, se les combate con violencia soterrada y cañonazos de dinero bajo el nombre de programas, los cuales nunca aceptan las comunidades que tras su insurrección se declararon en resistencia.

Los combates de enero duraron 12 días. Cientos de miles de personas (se habló del millón) salieron a las calles para pedir un alto el fuego. Desde entonces existe una tregua entre las partes, aunque violada repetidamente por el gobierno (destacan el 9 de febrero de 1995, con la ofensiva zedillista a traición sobre las comunidades, y el 10 de junio de 1998, con el ataque militar al municipio autónomo San Juan de la Libertad). La guerra del gobierno no se ha detenido un solo instante. Sus frentes son muchos y no necesariamente armados. Y sin embargo, en agosto de 1994 los zapatistas harían un pronunciamiento inédito al decir que eran un ejército que aspiraba a dejar de serlo. En los hechos, a diferencia del común de los movimientos insurreccionales de América Latina, se han embarcado en la construcción de un régimen autónomo, autosustentable aunque modesto, reivindican a las mujeres y no le deben a nadie. Han seguido la guerra sin disparar; ganaron paz y territorio, construyeron pueblos, municipios y cinco centros de gobierno, llamados caracoles, donde funcionan desde 2003 las originalísimas juntas de buen ­gobierno.

Llegados a 2014, los pueblos zapatistas se siguen reinventando, pues pueden hacerlo. Su resistencia fue ardua, han sufrido sin doblarse, y siguen amaneciendo para celebrar la vida. Una guerra como ninguna, ¿a poco no?

-.-

“Sí hemos avanzado, aunque digan que no”

· Alistan baile y comida para la celebración en los cinco Caracoles


Ariadna García
El Universal 31/12/2013

LA REALIDAD, Chis.— 20 años después de levantar la voz, los indígenas chiapanecos que eran afines al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) están listos para celebrar el vigésimo aniversario de “ser rebeldes”.

Hoy pasaron de ser zapatistas a rebeldes. Fue el 1 de enero de 1994 cuando el EZLN irrumpió la fiesta de fin de año en Chiapas. Diez años más tarde formaron sus Juntas de Buen  Gobierno y hoy celebran que se les recuerde.

“Claro que tenemos mucho qué festejar, son 20 años de ser rebeldes, de andar el paso”, aseguró don Aníbal.

El indígena de unos 45 años salió de la “escuelita zapatista” que recién tuvo su curso en la comunidad de Oventic.

Como él, cientos de indígenas tzeltales y tojolabales se arremolinaron sobre la carretera que lleva a las comunidades agrupadas en el territorio zapatista, denominados  Caracoles. Son cinco las regiones que son las sedes de las respectivas juntas de gobierno: La Realidad, La Garrucha, Morelia, Roberto Barrios y Oventic.

Actualmente se dan clases en las “escuelitas zapatistas” instaladas en las cinco regiones en las que se habla de los conceptos de libertad y se hace vivir a nacionales y extranjeros lo cotidiano de la zona: siembra de café, maíz, hortalizas, ganadería. Miembros de las Juntas de Buen Gobierno clausuran los cursos y responden a los alumnos.

“Estamos más organizados”

Este 1 de enero cada uno de los cinco caracoles celebrará un año más de existencia.

“Sí que hemos avanzado, aunque digan que no. Hoy estamos más organizados, en cada comunidad hay educación, hay trabajo”, comentó don Aníbal.

El paso del tiempo es visible para algunos. San Cristóbal de Las Casas es en donde el EZLN proclamó la Declaración de La Selva Lacandona. Hoy ese municipio es cosmopolita, con trasnacionales y un turismo que abarrota los hoteles en temporada alta.

Desde San Cristóbal y hasta Guadalupe Tepeyac, pasando por Comitán, Las Margaritas y Oventic, que ya es zona zapatista, el camino de  terracería ya desapareció.

“Hace como un año pusieron la carretera y eso hace que lleguemos más rápido a todos lados”, agrega don Aníbal.

En ese camino que lleva a La Realidad, primera comunidad que se convirtió en autónoma, decenas de ‘rebeldes’ esperaron el paso del camión para llegar a la fiesta.

En camiones de volteo los rebeldes se trepan para llegar a La Realidad en donde la comunidad autónoma organizó ya el festejo: “1914-2014, 20 años de ser rebelde”, reza un letrero a la entrada.

En el ejido Nuevo Momón, don Aníbal logró reunir a unas 80 personas que van al festín, gente que no rebasa los 30 años, en su mayoría.

Ofelia carga a un menor de ocho  meses; ella tiene apenas 28 años y recuerda que a sus ocho años le tocó vivir el levantamiento armado.

“Sí pues, yo tenía 8 años y desde entonces estoy aquí”, balbuceó.

A la entrada de La Realidad hay rebeldes y otros que no lo son, pero se respetan. Ever, un joven de 22 años, dice que él y su papá dejaron de ser zapatistas simplemente porque se aburrieron.

Alejandra y Enedina profesan la religión de Testigos de Jehová y por ello no pueden ser rebeldes.

En el lugar de fiesta el resguardo es grande. Los medios de comunicación no entran.

En Prado Pacayal, lugar en donde el “subcomandante Marcos” tuvo su casa, el paso es restringido.

Si alguien quiere preguntar, hablar, o simplemente recordar, hay que pedir permiso a la comunidad autónoma en La Garrucha.

Los hermanos Lázaro y Daniel Aguilar saben esa historia pero, sin permiso, no cuentan nada.

Lo cierto es que los rebeldes ya están reunidos hoy en los Caracoles, en donde la puerta está abierta a la sociedad civil, entre los que hay un buen número de extranjeros.

Habrá mucha comida y baile, son los 20 años del alzamiento y lo que nadie sabe es si el “subcomandante Marcos” aparecerá desde algún lugar de la Selva Lacandona.

-.-

En el veinte anivesario del "¡Ya basta!"

Los comandantes David y Tacho del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
observan el mitin de apoyo en Ciudad Universitaria, el 21 de marzo de 2001
Foto La Jornada

Adolfo Gilly
La Jornada 31/12/2013

Carta a los comandantes David y Tacho

Compañeros comandantes:

Recordarán tal vez ustedes, como yo ciertamente lo recuerdo, que en la primera Escuelita, a mediados de este año 2013, el EZLN tuvo conmigo la atención, y yo la buena suerte, de designarlos mis votanes (guías, interlocutores, protectores). Por esta razón les dirijo esta carta pública, la cual va también para todos cuantos quieran dedicar un momento a su lectura.

Esta carta quiere ante todo celebrar los veinte años trascurridos desde aquel 1º de enero en que las comunidades indígenas del Sureste, organizadas en el Ejército Zapatista, irrumpieron a plena luz en la historia de México y de América Latina, tomaron cinco ciudades y dijeron ¡Ya basta!, exclamando sus agravios, sus razones y su programa de justicia y libertad.

Así comenzó esta aventura rebelde que lleva ya veinte años y todos los que todavía durará.

***

Invocaron ustedes entonces como causa inmediata dos hechos capitales, cuyas secuelas estamos viviendo en la tragedia mexicana de estos días. Uno fue la modificación radical del artículo 27, pilar de la Constitución de 1917, abriendo la puerta al desmantelamiento definitivo del ejido y a la privatización del territorio mexicano a favor del capital financiero.

Y como causa convergente, denunciaron la subordinación de la nación a la economía, las finanzas y el mercado de Estados Unidos con la implantación del Tratado de Libre Comercio (TLC) a partir del 1º de enero de 1994, fecha en la cual la noticia de la insurrección del sur amargó los festejos de los poderosos por ese Tratado.

Veinte años después, esos dueños del poder acaban de completar la destrucción del artículo 27, abriendo de par en par las puertas a la privatización del petróleo y de las riquezas naturales de la nación a la potencia militar vecina, y entregando a su maquinaria militar nuestros recursos estratégicos. Así las petroleras regresarán con sus guardias blancas, sus militares y policías privados, sus territorios, sus espías, sus abogados, sus políticos a sueldo y su arrogancia imperial.

Estados Unidos y su máquina militar acaban de ganar en México el equivalente de una guerra de Irak, pero sin guerra y al otro lado de su frontera.

***

El reparto agrario y la expropiación petrolera de los años del presidente Lázaro Cárdenas, cuando se hizo efectivo el contenido del artículo 27 no brotaron simplemente de la voluntad presidencial. Esa voluntad se fue reforzando y tomando cuerpo en las luchas de los campesinos, las comunidades indígenas, los trabajadores industriales, los electricistas, los petroleros, los maestros. Un viento de organización y de esperanza sopló sobre todo el territorio.

El sindicato petrolero nacional, heredero de las grandes luchas obreras de los años 20, se organizó formalmente en agosto de 1935. Nació en la pelea por sus derechos y su contrato colectivo. Lo rodeaba una marea de organización apoyada desde el gobierno. En 1935 hubo cerca de seiscientas huelgas grandes y pequeñas, casi todas resueltas a favor de las demandas obreras por las juntas de conciliación y arbitraje. En 1936, en La Laguna, el presidente Cárdenas dio razón a las demandas campesinas contra los latifundistas ingleses. Allí se inició la reforma agraria que llevó al reparto de unos veinte millones de hectáreas bajo la forma de ejidos o pequeña propiedad.

Sobre ese reparto agrario y la organización campesina se apoyó un audaz programa educativo, la educación socialista, llevado adelante por un ejército de maestros rurales que llegaron hasta el heroísmo al tener que enfrentar con sus cuerpos y sus vidas las guardias blancas de los terratenientes y de los cristeros.

Sin movilización y organización obrera el presidente Cárdenas no habría podido imponerse en 1935 sobre el ala callista y sus aliados militares y políticos y, entonces, abordar desde 1936 el reparto agrario. Y sin este reparto no hubiera tenido la base de apoyo y estabilidad para realizar en 1938 la expropiación del petróleo enfrentando a la vez a dos potencias mundiales: Gran Bretaña y a Estados Unidos.

***

La organización de un pueblo en movimiento fue la clave de las conquistas mexicanas: educación, tierra, salarios, petróleo, bosques y una conquista inmaterial que los poderosos odian con ese odio cerval que destila Televisa en sus programas: la dignidad y el respeto como condición de vida y de comunidad de mujeres y hombres en todas las edades de la vida.

El objetivo último de la guerra sucia contra el pueblo mexicano que los gobiernos hoy llaman “guerra contra el narco” ha sido sembrar el miedo, paralizar por el desamparo y la pobreza, destruir la capacidad de organización y de respuesta. Para ello durante décadas han destruido y saqueado Pemex; han corrompido a sus funcionarios y su sindicato; han destruido el Instituto Mexicano del Petróleo; lo mismo han hecho con la industria eléctrica y con las organizaciones de los maestros, los petroleros, los electricistas.

El objetivo de esa guerra ha sido dejar al pueblo sin defensa y sin capacidad de reacción inmediata ante el golpe de mano contra el patrimonio y la soberanía de la nación, largamente preparado, que Poder Ejecutivo y Congreso de la Unión acaban de asestar.

Pero, como ustedes y nosotros bien sabemos, la conquista inmaterial de la experiencia, la dignidad y el coraje, producto de la vida y de esa historia, no han podido destruirla. Aquí está aunque a veces se esconda, se disimule o se cubra con máscaras de palabras o de silencios. Aparece después en los movimientos de los Indignados; en las irrupciones de los #YoSoy132 en medio de una desleída campaña electoral; en las manifestaciones de los maestros; en las protestas contra la injusticia de una justicia que encarcela a Yakiri y no halla a los violadores; en las calles de nuestras ciudades, en las normales rurales y en las defensas comunitarias que protegen Cherán y tantos pueblos azotados por la violencia del narco y del ejército.

***

Estuve en la primera Escuelita, allá en San Cristóbal, a mitad de año. Lo que escuché en las palabras y vi en la presencia física de los expositores y las expositoras zapatistas, jóvenes todos que a la hora de la insurrección tienen que haber sido niños, fue una tarea larga de organización humana, de cuadros como se diría en el lenguaje de la izquierda, de hombres y mujeres que saben explicar y organizar para fines comunes y con palabras comunes para todos.

Eso no se logra en un día o en un año. Requiere una larga paciencia, saber escuchar y comprender y una cierta humildad en quienes la practican. Arrogancia y soberbia son sus enemigos mortales, esas virtudes de quienes nunca han organizado a nadie, ni en las malas ni en las buenas, pero han hablado y escribido mucho acerca de sus propias hazañas y personas.

Entre las cosas que allá escuché, anoté algunas:

* Somos trabajadores del campo y nos abastecemos y gobernamos nosotros mismos. Controlamos nuestro territorio y tenemos hoy 27 municipios autónomos. Tenemos un sistema nuestro de justicia donde nada tiene que ver el dinero. Hemos logrado gobernarnos entre nosotros y hemos hecho nuestra autonomía. Podemos decidir los planes de trabajo. Con esa libertad podemos conquistar otros corazones. Pueblo que no se organiza en si mismo, pueblo que no tendrá futuro.

* Nuestros responsables no reciben salario. Tienen que hacer su trabajo por conciencia. Tenemos nuestras autoridades propias en salud, educación y gobierno. Hemos avanzado por prueba y error en las decisiones. Así se formaron las Juntas de Buen Gobierno. Tenemos ahora veintisiete Municipios Autónomos.

Cada municipio son varias regiones, cada región son varios pueblos. Sistemas de educación y sistemas de salud hemos organizado en los municipios. Tenemos nuestros dispensarios. Es algo que nos llevó mucho tiempo. Sin nuestra presencia, ya se habrían apoderado de todos los recursos naturales y echado para afuera a las comunidades indígenas.

* Hay diez radios comunitarias en los cinco Caracoles. Tenemos nuestros dispensarios de salud en las cabeceras, pero también hemos habilitado saberes y conocimientos tradicionales en todo el territorio: hueseros, parteras y conocedores de plantas medicinales. Cuando el dispensario está lejos, a veces una compañera tenía que caminar cinco o seis horas desde el fondo de la selva y a veces parir en el camino en condiciones difíciles. Nos hemos dedicado a rescatar la vieja cultura y que el parto se haga en el pueblo con parteras locales. Lo mismo para la herbolaria o para el huesero en caso de fracturas o dislocaciones o dolores.

***

Mucho más escuché, compañeros comandantes, pero ya esta carta es muy larga. Estoy escribiendo cosas prácticas y sencillas. Ustedes ya las saben pero otros, que todavía no, las leerán y sabrán.

Quiero decir, en fin, que lo que vi y escuché es experiencia, organización, conocimiento, confianza en las propias fuerzas y otras condiciones alcanzadas que tal vez quedarán para escrituras futuras, si el tiempo nos da vida y la vida nos da tiempo.

Reciban un saludo fraternal y mi gratitud por la invitación a la Escuelita y por la conversa de aquella tarde.

Adolfo Gilly

-.-

20 años de resistencia frente a 20 años de contrainsurgencia


Babel 

Desde que comenzaron a compartir su palabra, los zapatistas del EZLN han tenido un estilo refrescante: no por el recurso literario, sino por el compromiso con la palabra. La fe ingenua y utopista que los anarquistas han tenido en la palabra como semilla de rebeldía ha tenido en los zapatistas un buen representante. Los magonistas no murieron en vano, tienen en estos rebeldes del siglo XXI buenos herederos. El compromiso de los zapatistas con la palabra consiste no sólo en pensar lo que dicen (como recomendaría el lirón del té de locos en Alicia en Wonderland), sino en decir, escribir y publicar lo que piensan; a pesar de que ello los vuelva impopulares entre quienes no quieren oír sino adhesiones acríticas y loas a los ídolos políticos del momento. Su falta de temor a ser políticamente incorrectos, su vocación de aguafiestas (spoilers), los ha convertido en una de las conciencias críticas más agudas de la política en México: porque le han dicho a la cara sus verdades no solamente a los gobiernos de derecha que han destrozado al país (Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña), sino a la falsa izquierda que navega bajo la consigna de “por el bien de todos, primero los pobres”, pero ha gobernado para los ricos y a los pobres ha tratado siempre de controlarlos, y ahora que tiene que mostrarse abiertamente neoliberal, los reprime y expolia.

Es cierto que la fuerza militar del EZLN no fue suficiente para tomar Tuxtla Gutiérrez como dicen que pretendían hacer y lo publican hoy quienes se prestan para firmar y publicar lo que al gobierno federal le conviene difundir, pero, en 1994, a la convocatoria a alzarse contra Salinas, no respondió ningún grupo armado, como temía Salinas que ocurriera, al menos así lo afirma el número de Proceso que está en distribución, según su adelanto on line.[1] La sociedad civil pidió alto al fuego, dijo que estaba de acuerdo “con la causa, pero no con el método”. Logró el alto al fuego y luego se ha hundido en un civilismo irreflexivo que la ha conducido a ser víctima de fraudes electorales (no solamente de la derecha y sus mónex, sino de la izquierda y sus pifias de gobiernos, y a la involución de una democracia -Soriana) y luego a ser víctima de la militarización que no pudo detener y que en Chiapas, contra los indígenas levantiscos, tuvo su primera embestida.

Por los extremos sur y norte, desde Chiapas y Ciudad Juárez, se ensayó la contrainsurgencia a dos fuegos: crimen por abajo, militarización desde arriba y sangre del pueblo. Ni un solo gobierno, ni los perredistas, se abstuvieron de la complicidad con ese esquema llevado a su paroxismo por Calderón y continuado por Peña. Hoy el Distrito Federal simplemente entra en la lógica que la izquierda no supo evitar: la gentrificación y la Cero Tolerancia impulsados por López Obrador y Slim con la asesoría de Giulianni se convirtió en el gobierno represivo del delfín: Ebrard y el cinismo continuista de Mancera. Quienes los hicieron candidatos, votaron por ellos, los defendieron de las críticas, callaron ante sus atrocidades y calumniaron y difamaron a los zapatistas por criticar y denunciar a esos rufianes, ahora se dicen sorprendidos con la violencia de Estado de Mancera: pero ellos empollaron el huevo de esa serpiente perredista.

A propósito del 20 aniversario de la vida pública del EZLN (omitiendo los previos años de clandestinidad) se repiten las voces selectivamente desmemoriadas que preguntan: “¿qué hicieron en estos 20 años los zapatistas?” Con ello exhiben su ignorancia, porque durante 20 años, con movilizaciones o con resistencia en silencio, los zapatistas han mantenido uno de los pocos espacios del territorio nacional donde la dignidad habita: ellos han fortalecido una resistencia territorial y una defensa de los bienes nacionales in situ mientras la izquierda electorera se dedicaba a repintar de amarillo a los personajes de desecho del PRI y a pactar alianzas electorales con el PAN. Los gobiernos perredistas entregaron a manos privadas las playas de Baja California Sur y la Ciudad de México, gentrificada por Slim bajo el gobierno de López Obrador: lo que defienden hoy los granaderos es la propiedad privada de los empresarios salinistas que no sólo AMLO, sino todos los gobiernos perredistas del DF han privilegiado.

Los zapatistas fueron sacados de la escena nacional vista desde los medios mediante un trabajo deliberado que organizaron los expertos de la contrainsurgencia desde el zedillato y que han operado los gobiernos federales del PRI, el PAN y los estatales y municipales del PRD, así como los legisladores perredistas y de la izquierda electorera.

Muchas cosas frívolas o malintencionadas se han publicado estos días. Los medios comerciales que calumnian al EZLN y le hacen el vacío a la voz de las bases zapatistas en los periodos de silencio de la comandancia aún siguen sacando raja comercial de la noticia del 20 aniversario del EZLN. En medio de muchas tonterías, poca gente informada y seria ha escrito y publicado al respecto. Entre las notas presuntamente informativas, es interesante la que publicó Proceso, “1994, Los terrores de Salinas”, de Jorge Carrasco, en la cual da a conocer el terror de Salinas ante el escenario de que se extendiera la rebeldía por el país, motivo por el cual aceptó el alto al fuego y una mesa de diálogo, para dejar la papa caliente a Zedillo, el jefe de seguridad de la campaña del asesinado candidato Colosio.

Otra nota interesante es la publicada por emeequis: “20 años del EZLN. Los documentos secretos de gobernación”, que se centra en el sucesor de Salinas y a quien le tocó instrumentar la estrategia de contrainsurgencia que sigue siendo el guión básico hasta hoy.[2] La lógica es la misma de Salinas: ante la posibilidad de que se extendiera la influencia rebelde zapatista, cortarle sus vínculos con la sociedad mexicana: “contención, reducción y solución”. Vale la pena citar los puntos importantes que resume la nota de emeequis: “Para ello, durante varios años se puso en marcha la maquinaria del Estado:

• Pronunciamientos de intelectuales y legisladores confiables en favor de las posturas asumidas por el gobierno federal.

• Realización de foros con la participación de especialistas de renombre que apoyaran las posturas zedillistas.

• Cabildeo internacional en cuanto foro empresarial, gubernamental y académico fuera posible.

• Movilización de asociaciones de abogados que hicieran suyas las propuestas legislativas impulsadas por Zedillo.

• Reuniones “discretas” con los partidos políticos, el episcopado, el ejército, embajadas seleccionadas y el gobernador de Chiapas para que actuaran en “concordancia” con la estrategia gubernamental.”

Los enemigos del zapatismo, bajo la apariencia de motivos puramente académicos e intelectuales o de ser de izquierda y criticar a un crítico deslenguado de la izquierda, se han beneficiado del combate al zapatismo porque desde el zedillismo y su plan contrainsurgente hasta la compra de publicidad y los chayos del gobierno perredista de Juan Sabines, para no hablar del émulo de EPN actual, Velasco, el dinero del gobierno mexicano ha aceitado la publicación de libros, artículos, caricaturas y libelos contra los zapatistas. Ello poco a poco se irá sabiendo, al tiempo.

Pero el último punto, las reuniones discretas con los partidos, es especialmente de sumo interés: gracias a los buenos oficios contrainsurgentes de Zedillo y su equipo, los partidos de izquierda electoral cerraron filas con el PRI y el PAN para cercar al EZLN. En una entrevista a Muñoz Ledo hecha en radio por Ferriz de Con a propósito del recule de Congreso sobre el desafuero a AMLO, el ex priista, ex foxista y hoy neoperredista dijo que se trataba de un asunto de seguridad para el país, por ello nos reunimos los representantes de todos los partidos, al igual que lo hicimos tras el alzamiento zapatista en 1994. Cito de memoria, por tanto no es textual, pero es la idea expresada por el entonces legislador.

Es decir: la traición perredista a los Acuerdos de San Andrés sobre derechos y cultura indígena (que incluía su derecho a la autonomía y a defender su territorio, tierras, montes, aguas, minerales y desde luego: petróleo), y la posterior anexión de la izquierda partidaria a la contrainsurgencia antizapatista en Chiapas y en todo el país, no es resultado de la prostitución individual de algunos perredistas, fue un pacto logrado por el zedillismo y luego fielmente cumplido por los priistas reciclados por el PRD.

Esa historia está dispersa en notas periodísticas sueltas. Obviamente no hay chayos, ni becas ni financiamientos que promuevan a quien junte los hilos y complete el cuadro de cómo la contrainsurgencia zedillista ha derivado, entre otros factores y motivos, en la cooptación de la izquierda electoral. Pero a las acusaciones sin pruebas contra el vocero de los zapatistas por haber criticado a la izquierda partidaria (antes de a AMLO, los zapatistas regañaron a Cárdenas allá en sus tierras rebeldes, ¿recuerdan?) se les puede contestar con la historia (parcialmente enterrada, parcialmente publicada) de cómo el PRD comenzó por traicionar a los zapatistas votando contra los Acuerdos de San Andrés y terminaron teniendo incluso paramilitares en sus filas en Chiapas.

¿Qué medio leían los pésimamente informados que hoy preguntan tontamente: dónde estuvieron los zapatistas estos 20 años? Porque la respuesta es: estuvieron resistiendo, los mismos 20 años que el país (izquierda electoral incluida) se estuvo corrompiendo, degradándose en este páramo desolador, este Comala lleno de susurros de muertos y almas en pena.

Independientemente de sus intenciones, Martínez Veloz y su comisión están jugando el papel del bueno y negociador en la contrainsurgencia reloaded de Peña Nieto. Y, casualmente, una ex gobernante y ex perredista, Chayo Robles, juega el papel de contrainsurgencia mediante limosnas que antes han jugado personajes como Dante Delgado Rannauro y Luis H. Álvarez. En la contrainsurgencia, no hay diferencias importantes entre izquierda y derecha partidaria.

1] Jorge Carrasco Araizaga, “1994. Los terrores de Salinas”, Proceso, http://www.proceso.com.mx/?p=361301

[2] Zoraida Gallegos, “20 años del EZLN. Los documentos secretos de gobernación”, emeequis, http://www.m-x.com.mx/2013-12-22/20-anos-del-ezln-los-documentos-secretos-de-gobernacion-int

-.-

Mercedes Olivera y la construcción del feminismo indígena

· Persiste represión de la sexualidad entre mujeres de Chiapas

Mercedes Olivera Bustamante | Foto: Clara Ruiz de los Santos

Por: Itandehui Reyes Díaz
Cimacnoticias | San Cristóbal de las Casas.- 30/12/2013

Entrevista (Primera de dos partes)

Mercedes Olivera Bustamante es antropóloga, pensadora feminista y precursora del trabajo de base con mujeres indígenas.

Desde la trinchera del Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas ha impulsado la formación de indígenas en Derechos Humanos (DH), vital herramienta para fortalecer sus luchas.


El escenario es el Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de Las Casas-Universidad de la Tierra Chiapas (Cideci-Unitierra). Mercedes comparte su palabra humilde y certera, como una abuela sabia a quien no nos cansamos de escuchar.

En esta primera entrega de la entrevista con Cimacnoticias nos relata sus experiencias sobre las dificultades y avances que han tenido las mujeres indígenas en sus luchas, y el feminismo de cosmovisión indígena, sobre todo su concepción del cuerpo.

EL CUERPO PROHIBIDO

–Cimacnoticias (CN): En su experiencia de trabajo con las comunidades indígenas ¿cómo se aborda lo que nosotras conocemos como derechos sexuales y reproductivos?

–Mercedes Olivera (MO): Para las mujeres indígenas es un tema muy difícil, nos ha costado mucho. Recuerdo que hicimos un taller sobre el cuerpo con las mujeres refugiadas guatemaltecas y sucedió que los folletos con los que trabajamos los vieron los hombres y entonces obligaron a quemarlos.

“Otra experiencia: en Chilón, con mujeres tzeltales, empezamos hablando de las diferencias entre mujeres y hombres cuando nace un bebé. Era muy difícil para ellas pronunciar en su lengua los nombres que se le dan a los órganos sexuales.

“Esto está ligado a cuestiones introducidas desde hace mucho tiempo junto con la religión católica, la forma de prohibir, de ver y sentir el cuerpo. Ha sido un tema al que llegamos después de mucho tiempo, después de sensibilizar a las mujeres de otros derechos, como el derecho a la tierra o derecho a una vida digna, como dicen las zapatistas

“Para entrar al ámbito de lo personal empezamos hablando de los sentimientos, de las tristezas, llegar a la conciencia del cuerpo, hasta los derechos para decidir cuántos hijos tener, con quién y cómo.


“En el pensamiento indígena algunas personas lo llaman pensamiento circular; yo le llamo pensamiento colectivo. El ‘Yo’ para las mujeres implica un camino muy distante, hay que cruzar por la comunidad, por la familia, por los hijos, por el marido, hasta llegar a su identidad femenina.

“Esto realmente nos ha llevado a la construcción de un feminismo muy diferente. Se puede empezar el trabajo por los derechos sexuales, los derechos reproductivos, al aborto, el derecho a la opción sexual, pero nosotras tenemos un trabajo totalmente al revés: partimos de la violencia sistémica, de la violencia económica y poco a poco nos vamos acercando a la individualidad”.

–CN: ¿Ha podido conocer la cosmovisión de las mujeres indígenas sobre la sexualidad en temas como el placer, por ejemplo?

–MO: He trabajado poco la ideología del cuerpo; las mujeres dicen “siento bonito, siento agradable”, pero el concepto nuestro de placer yo no lo identifico en su ideología ni en su lengua.

“Hasta hace poco, en algunas comunidades el matrimonio era arreglado por los padres, hay un intercambio de regalos, estos regalos se vuelven mercancía y con el tiempo se vuelve el precio de la novia.

“Ahora con la influencia de la cultura occidental aparece la figura del noviazgo, hay más contacto físico. Antes besarse en público era extrañísimo ahora se ven en la ciudad a parejas de indígenas tomados de la mano, abrazados y besándose.

“Identifico que muchas mujeres viven el cuerpo, la sexualidad, todavía con una gran represión, con toda la concepción de que el sexo es pecado y es para tener hijos, para cumplirle al marido, pero no como una satisfacción personal física. Esto hay que tomarlo con reservas porque es probable que haya cambiado recientemente”.

AUTODETERMINACIÓN COLECTIVA

–CN: ¿Cómo le llama a este feminismo (el que trabaja con las mujeres indígenas)?

–MO: Feminismo campesino, popular, feminismo indígena. Teóricamente no está totalmente claro qué es el feminismo indígena. Me ha tocado estar en reuniones con indígenas que se dicen feministas y es interesante cómo repiten el discurso occidental en su lengua, para mí eso no es feminismo indígena.

“Es muy interesante la discusión sobre lo que llamo la ‘individuación’. Los conceptos occidentales parten del individuo y sobre todo nuestro feminismo occidental positivista que parte del individuo, un individuo excluyente, que ha excluido históricamente a las mujeres.

“En el planteamiento de las compañeras indígenas se trata de derechos colectivos. Hemos discutido con Celia Amorós, quien plantea que los colectivos son contrarios a la autodeterminación feminista. Pero nosotras hacemos análisis de la realidad para hacer esta interpretación de lo colectivo. No es lo mismo el individualismo característico de la sociedad occidental a lo que yo llamo ‘individuación’. 

“No se trata de anular el individuo, sino que se reconozca que el colectivo está hecho de diferentes personas. La ‘individuación’ implica este reconocimiento colectivo de la existencia de lo individual  No se pueden hacer colectivos si no hay este reconocimiento y respeto a las autodeterminaciones. También se trata de llegar a la autodeterminación, pero que se genere en colectivo.

“El feminismo indígena tiene que ser un proyecto de construcción partiendo de estas concepciones del mundo indígena, de las identidades colectivas, identidades que sí hay que transformar puesto que algunas son muy excluyentes, sexistas y discriminadoras con las mujeres. Pero también hay cosas dentro de las colectividades indígenas que occidente debe aprenderse, como la solidaridad y las redes familiares de apoyo”.

–CN: ¿Qué hay con estas jóvenes de las nuevas generaciones que salen de la comunidad y vienen a la ciudad? De alguna forma en las comunidades se les sigue viendo como transgresoras...

–MO: Siento que hay un cambio de valores pero también una plataforma para los abusos hacia las jóvenes indígenas. Hay casos de feminicidio de jóvenes indígenas que han sido asesinadas aquí en San Cristóbal por pretendientes de la comunidad.

“Que una mujer venga a la ciudad es cuestionado; les dicen que lo único que quieren es buscar hombre, que son ‘putas’. Empiezan hostigándolas y acaban asesinándolas no sin antes violarlas de forma múltiple por jóvenes drogados y alcoholizados.

“Esta violencia tiene en el fondo una dosis de racismo hacia las indígenas. Esto lo hemos vivido en la Universidad y me causa mucha rabia. Las jóvenes vienen y descubren un mundo y no tienen las formas de medir el peligro.

“Otro problema en la Universidad con las jóvenes es una fuerte discriminación, incluso maestros que las reprueban porque son indígenas; dicen que no tienen capacidad para entender. En el fondo tiene algo de realidad, no es para justificar la discriminación pero la lógica y lenguaje del pensamiento indígena es muy diferente al nuestro, hay mucho problema para entender los conceptos abstractos de nuestras ciencias.

“Me ha tocado dar clase y tengo que tener el diccionario al lado, me doy cuenta que lo están entendiendo de manera diferente de acuerdo a su cosmovisión. Esto también es discriminación, esto implica que no ha habido una interculturalidad porque no se ha trabajado con ellos los códigos de nuestra cultura para que puedan acceder a ellos”.

-.-

Desinformémonos 125

Periodismo desde abajo



Reportajes México


Yakiri “enfrenta al machismo y la injusticia” en la Ciudad de México 
JAIME QUINTANA GUERRERO

En el Distrito Federal, leyes para infundir miedo a manifestarse 
ADAZAHIRA CHÁVEZ
FOTO: CLAYTON CONN

Rechazo a la minería en la tierra de Pedro Páramo 
MÓNICA MONTALVO
FOTOS: BIOS IGUANAS/ JONATAN OCHOA HERNÁNDEZ


Reportajes Internacionales

Aborto en España: Los datos que contradicen su ilegalización 
PÚBLICO/ESPAÑA

En Brasil, una nueva política en gestación 
JAIME QUINTANA GUERRERO

La conquista y el racismo permanecen en los Estados Unidos 
FAITH SPOTTED EAGLE 
TRADUCCIÓN: LINDSEY HOEMANN

Proyecto Mesoamérica, del bien público a negocio privado 
GUSTAVO ILLESCAS/ CENTRO DE MEDIOS INDEPENDIENTES
FOTO: CPR URBANA


Los Nadies

“Un yaqui de hoy es un defensor del agua”: José, autoridad tradicional
TESTIMONIO RECOGIDO EN VICAM, SONORA, POR ADAZAHIRA CHÁVEZ


Imagina en Resistencia

Cine para transformar: la propuesta de “Bajo el último techo” 
MEYATZIN VELASCO SANTIAGO


Foto reportaje

Vientos fracturados: Nicaragua antes y ahora  
FOTOGRAFÍAS: DIEGO CUPOLO 
TEXTO: DIEGO CUPOLO/ DESINFORMÉMONOS
MÚSICA: NICARAGUA NICARAGUITA – CARLOS MEJÍA GODOY 
PRODUCCIÓN: DESINFORMÉMONOS


Audio

En Centroamérica se suman voces contra la minería  
VOCES NUESTRAS
--   
________________________________________________________
http://www.desinformemonos.org
skype: desinformemonos
________________________________________________________

"...desinformémonos hermanos
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos."
Mario Benedetti
 
-.-

EZLN: treinta años del más sensato de los delirios

El zapatismo, ajeno a focos, modas y consensos, no sólo goza de una excelente salud a 30 años de su nacimiento, sino que constituye una potentísima herramienta decolonial.


Ángel Luis Lara / Desinformémonos
Foto: Cuartoscuro

En noviembre de 1983, un diminuto grupo de hombres que se contaban con los dedos de una mano aterrizó en la tupida Selva Lacandona, en el mexicano estado de Chiapas. Habían decidido nombrarse rimbombantemente como Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La mayoría urbanitas sin remedio, portaban en la mochila un propósito que resonaba en sus conversaciones como sentido delirante: hacer la revolución. Sin embargo, dadas las condiciones de extrema pobreza y de urgencia social en Chiapas, tal delirio resultaba ciertamente sensato. Además, las montañas y las selvas chiapanecas no sólo albergaban a pueblos en resistencia desde hacía casi 500 años, sino que desde que a finales del siglo XIX algunos de los desterrados protagonistas de la Comuna de París dieran con sus huesos en Chiapas, en dichas tierras no habían dejado de florecer antagonismos y disensos subterráneos.

Armado con cuadriculados lenguajes y manidos artefactos ideológicos, ese pequeño grupo inicial no tardó en chocar con el sentido común de los pueblos indígenas originarios y habitantes de esos territorios. Entonces fue cuando el Subcomandante Marcos, el más conocido participante en esa primigenia y delirante mónada zapatista, decidió que las fuerzas ya no le daban de sí y que mejor se bajaba de ese barco zozobrante e incierto. “¿Dónde está la salida?”, preguntó. “No hay salida”, le contestaron los pueblos indígenas. “Y entonces, ¿qué hacemos?”, respondió un aturdido Marcos. “Quedaros y aprended”, sentenciaron los pueblos mayas.

Y eso es lo que hicieron. Escucharon y aprendieron de los pueblos indígenas hasta el punto de devenir indígenas ellos mismos. Una suerte de posesión con trazos de realismo mágico que no solo desarmó la arrogancia y los clichés tradicionales de la izquierda, sino que activó un maravilloso híbrido revolucionario hecho de saberes y cosmovisión indígena, capaz de parir una artesanía del cambio social revolucionario repleta de paradojas y de puentes hacia fuera.

Así, armados de preguntas, los zapatistas nacieron como un oxímoron: el más sensato de los delirios. Hoy ese maravilloso delirio no solo está habitado por miles y miles de mujeres, hombres, niños, niñas, ancianos y ancianas en Chiapas. Además ha sido capaz de construir la materialidad tocable y respirable de una vida otra. Con infinitas dificultades, errores y caminos torcidos. En este mundo, pero con otros mapas y en otras coordenadas.

Treinta años después de su nacimiento, el EZLN protagoniza una de las experiencias más ricas y radicales de libertad y de emancipación humana que los últimos siglos de historia hayan conocido. Desde que se levantaran en armas en enero de 1994, los zapatistas habitan en una cotidiana restitución del sentido verdadero de la palabra democracia y en una trabajada liberación de la vida de las garras de la supervivencia. Miles y miles de personas viviendo de otra manera. Aquí, ahora y ya.

En su treinta cumpleaños, la disutopía zapatista decidió abrir sus puertas y sus ventanas para compartir las formas de vida que han generado tres décadas de delirio sensato. Para ello han creado una escuela a la que han llamado “La libertad según l@s zapatistas”. Se trata, sobre todo, de una escuelita, así en diminutivo, que sirve para desaprender. No ofrece pistas para un modelo y tampoco regala ningún manual de instrucciones. Como en el Blade Runner de Ridley Scott, los zapatistas saben que los replicantes ni aman ni tienen emociones. Por eso no les interesan las copias ni las recetas. Simplemente tratan, con perseverancia e infinita paciencia, de compartir tan solo un mapa del tesoro de un mundo otro. En ese mapa destaca una coordenada por encima de las demás: una imperiosa necesidad de decolonizar la existencia.

El zapatismo, ajeno a focos, modas y consensos, no sólo goza de una excelente salud a 30 años de su nacimiento, sino que constituye una potentísima herramienta decolonial. En los territorios chiapanecos donde los zapatistas son gobierno, la humanidad ha abierto un agujero irreparable en la modernidad, en la matriz abisal del pensamiento occidental y en la racionalidad de la dominación. Una decolonización del vivir más allá de la terrible imposición generalizada de la forma mercancía, en la construcción colectiva e igualitaria de un mundo de usos y no de consumos. Una decolonización del poder, más allá de la dominación de lo privado y de lo público, en el tejido democrático de un común en el que todas las personas son llamadas a ser y a hacer gobierno. Una decolonización de las pasiones, más allá de las vilezas y los egoísmos con los que la imposición neoliberal nos sujeta a las pasiones tristes que la constituyen. Sin pedir permiso. Miles y miles de mujeres, hombres, niños, niñas, ancianos y ancianas. Un presente y no un futuro. Aquí, ahora y ya. Y un mensaje, tal vez desesperado, a los que estamos del otro lado del espejo: “ORGANÍCENSE”. Porque no basta con desearlo.

A su modo, los zapatistas le han llamado a todo eso autonomía. Una experiencia de autogobierno participado por miles y miles de personas y en la que el giro decolonial se traduce en el territorio zapatista en instituciones, escuelas, hospitales, leyes, administraciones locales, relaciones sociales, sistemas productivos, economías, sexualidades y profundos cambios culturales llenos de puntos suspensivos. Concreto y tangible. Por y para las personas. ¿No fue en el deseo de algo de eso en lo que nos reconocimos en las plazas en un mayo de hace más de dos años?

A diez años de La Marcha del Color de la Tierra

-.-

29/12/13

Intentona de detención arbitraria en Chiapas contra compañero del CML, adherente a La Sexta

Por medioslibres. 29/12/2013

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 29 de diciembre de 2013, madrugada.- 
Alrededor de la medianoche un joven colaborador del Centro de Medios Libres, adherente a La Sexta, ha sido golpeado por la policía municipal de San Cristóbal de las Casas mientras intentaban detenerlo al encontrarle caminando en las inmediaciones de la iglesia de Santo Domingo.

Tras abordarlo han iniciado un interrogatorio y le han preguntado hacia donde iba y después le han realizado una ilegal revisión sin encontrar pruebas de ningún delito. Al encontrarle tickets de compra del supermercado y de viaje, han pretendido encontrar delito en ello, procediendo a golpearlo, con el objetivo de reducirlo y trasladarlo detenido. Le  han interrogado sobre su lugar de origen. Además de golpes en todo el cuerpo le han roto la ropa, incluyendo la ropa interior. También le han amenazado con un arma de fuego diciéndole “te vamos a quebrar”.

El compañero ha logrado llamar por su celular, con lo que compañeros solidarios y del Centro de Medios Libres han llegado hasta el lugar de la intentona de detención arbitraria, donde el compañero ya estaba reducido y a punto de ser subido a la camioneta que hacía las veces de patrulla. Al arribar a documentar y pedir la entrega del compañero, los policías finalmente lo han soltado, dado que no había ningún delito o falta que perseguir.

Por este medio denunciamos esta agresión policial contra nuestro compañero, que nos muestra el modus operandi en que conmunmente incurren los cuerpos policiacos locales realizando detenciones arbitrarias y haciendo un uso ilegal de la fuerza, modus operandi que ha sido intensivamente documentado por los centros de derechos humanos en la ciudad y en Chiapas, así como por los medios libres locales. También nos habla de la forma en que ocurre cotidianamente el hostigamiento policiaco contra las y los jóvenes en San Cristóbal de las Casas.

Para estos días muchos compañeros y compañeras del Centro de Medios Libres han asistido a Chiapas para las coberturas de fin de año. El Centro de Medios Libres es adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Muchas más compañeras y compañeros de diversos medios libres permanecen en la entidad con el mismo objetivo. Desde aquí llamamos a los medios libres locales, nacionales e internacionales a estar al pendiente de las agresiones policiacas que puedan ocurrir en estos días, y a difundir y denunciar estos actos de represión.

-.-

México, a 20 años de la rebelión zapatista en Chiapas


Guillermo Almeyra
La Jornada 29/12/2013

Desde el fraude salinista de 1988 y la imposición de políticas neoliberales que destruyeron el mundo rural mexicano, impulsaron brutalmente la emigración, hicieron a México totalmente dependiente de la importación de alimentos pagados con petróleo hasta los escándalos, las decenas de miles de asesinados y desaparecidos y el fraude masivo en los siguientes gobiernos del PRI-PAN y sus partidos paleros (entre ellos, el PRD de los chuchos), la oligarquía que está ligada al capital financiero internacional aplica un solo plan destructor de la soberanía y la independencia misma del país y de todas las conquistas sociales y políticas resultantes de la Revolución Mexicana y de su continuación, el gobierno de Lázaro Cárdenas.

El gobierno de Enrique Peña Nieto es hoy la expresión más infame y de punta de ese neoporfirismo pero, si la protesta social no lo detiene en seco, será sólo la antesala de una situación todavía peor con gobiernos parecidos a los de Puerto Rico, que someterán a México a la condición de esa isla colonizada e integrada en la economía de Estados Unidos como proveedora de mano de obra barata.

Como durante el régimen de Porfirio Díaz, los mayores medios de información cumplen hoy el papel de siervos del régimen, de intoxicadores de la opinión pública y de constructores de una ideología para las clases medias acomodadas y para los más ignorantes (porque la oligarquía, desde Iturbide, desde Maximiliano y los franceses, es siempre agente del capital extranjero y antinacional). También como durante el porfirismo la protesta social actual es continua y enorme, pero no está organizada y está aún en la difícil fase de la difusión del magonismo del siglo XXI con la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y otras organizaciones de la Organización Política de los Trabajadores (OPT) que, partiendo de las mejores tradiciones del nacionalismo revolucionario mexicano, buscan una transición hacia una política anticapitalista de masas, tal como Flores Magón quería desarrollar hacia el socialismo el liberalismo de izquierda.

También hay continuidad en la resistencia indígena, campesina, obrera y popular contra la transformación de México en un nuevo estado virtual de Estados Unidos, el cual se ahorra hoy la ocupación y anexión que intentó en el pasado. Un solo hilo rojo une en efecto el triunfo electoral de Cuauhtémoc Cárdenas de 1988, con la acción de la Teología de la Liberación en Chiapas, el movimiento estudiantil en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1990, el levantamiento neozapatista de 1994, el apoyo nacional masivo a la Marcha del Color de la Tierra, las posteriores luchas campesinas, la huelga de un año en la UNAM, la resistencia de Atenco, la lucha del SME, la policías comunitarias y los grupos de autodefensa campesinos, la formación del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y de la OPT.

En esa continuidad de las luchas, la rebelión neozapatista de enero de 1994 y la heroica resistencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a la represión militar hasta los Acuerdos de San Andrés fueron particularmente importantes porque marcaron el comienzo de una contraofensiva popular después del fraude salinista y de las salvajes medidas neoliberales que golpearon al movimiento campesino, en particular con la anulación del artículo 27 constitucional. Al demostrar ante México y el mundo que se podía decir NO a esas políticas, resistir y mantener territorios donde se empezase a construir la autonomía, los zapatistas chiapanecos lograron un eco enorme en los demás sectores indígenas del país y en la izquierda social mexicana, muy dispersa y golpeada por las represiones de los 70, por la aceptación pasiva por el PRD del fraude de 1988 y por los asesinatos sucesivos de militantes de ese partido.

Apoyándose en esa simpatía activa, el EZLN intentó en un principio buscar alianzas nacionales, construir frentes más amplios contra los enemigos comunes pero, desgraciadamente, no persistió en esos intentos unitarios y, ante varios tropiezos y traiciones, se retrajo a la construcción de sus bases en Chiapas y, en la escena nacional, adoptó una política abstencionista y se retiró de la actividad política considerando que todos sus adversarios y todos los partidos eran igualmente nocivos (y que los peores eran los reformistas que contaban con apoyo de masas), actitud que favoreció primero el fraude de Calderón y, después, a Peña Nieto. Pero al mismo tiempo organizó y defendió los caracoles zapatistas y extendió la educación, la sanidad, la justicia en las zonas donde influye, manteniendo durante 20 años, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por ahogar y sabotear sus intentos autonómicos, la independencia de centenas de miles de indígenas chiapanecos y parte de su influencia en sectores juveniles de todo el país. El EZLN, a pesar de sus carencias y errores políticos, no sólo fue en sus comienzos un importante impulso a otras luchas sino que, hoy mismo, sigue siendo una fuerza política y organizativa que debe ser tenida en cuenta para la construcción de un frente nacional de defensa de la democracia, la independencia, los derechos humanos y las conquistas de la Revolución Mexicana.

Porque, con la privatización del petróleo y la anulación de la propiedad estatal de los recursos del subsuelo se abre también el camino a la privatización del agua y de los minerales y, además, a una profunda crisis económica, ya que México depende de Pemex, hoy entregada a las trasnacionales, y de la exportación de mano de obra; es decir, está integrado de hecho con Estados Unidos. El semiestado mexicano enfrenta hoy, en las comunidades, la resistencia zapatista, las policías comunitarias, los grupos de autodefensa y, en el país, el proceso de organización masiva de Morena y de la OPT, así como la resistencia de lo mejor de la intelectualidad y de la juventud universitaria. Desde abajo se impone la necesidad de un frente de resistencia y como en 1910-20, el porfirismo entreguista será derrotado

Info relacionada:

29/12/2013 Veinte años después. Francisco López Bárcenas
27/12/2013 En febrero, "iniciativa de gran calado" para pueblos indígenas: Martínez Veloz Elio Henríquez

-.-

Veinte años después


Francisco López Bárcenas
La Jornada 29/12/2013

Este primero de enero se cumplen 20 años de que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional le declarara la guerra al Estado mexicano. Muchas cosas han sucedido de entonces a la fecha. Una de ella es que el Estado se avejentó y algunas de sus instituciones tuvieron que ser reformadas para que siguieran funcionando; otras fueron sustituidas por no responder a las nuevas orientaciones de la política estatal, mientras se creaban otras para atender, se dijo, los nuevos reclamos sociales. Los políticos no escaparon a los cambios: en muchos casos fueron sustituidos por empresarios y los que persistieron se convirtieron en agentes de estos; como consecuencia, los intereses económicos de los primeros se impusieron a la política y en lugar de procurar el bien social ésta se quedó produciendo discursos que algunas veces se acompañan de imágenes diseñadas ex profeso para ello.

El resultado de estas transformaciones ha sido que un pequeñísimo grupo de empresarios y políticos se ha apoderado de la riqueza de país, sumiendo en una escandalosa pobreza a la mayoría de la población mexicana. La consecuencia natural de esto ha sido la irritación y el descontento social que se ha manifestado de diversas formas. Una de ellas ha sido la lucha por espacios gubernamentales con la idea de impulsar otro tipo de políticas, misma que ha sido enfrentada por los detentadores del poder con fraudes muy sofisticados o la negociación con quienes buscan esos espacios para entregarlos a cambio de que no modifiquen lo sustancial de las políticas del grupo dominante. Lo anterior demuestra que en tiempos neoliberales la democracia no sirve para que las mayorías decidan sobre el tipo de gobierno a implementar, sino para que los poderosos legitimen su dominación sobre ellas. Esto, naturalmente, termina aumentando la irritación popular y el desencanto con la participación en ese tipo de política.

Otros optan por la lucha social, entre ellos los pueblos indígenas. Convertidos en actores centrales de la política nacional, gracias a la apertura del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, que en la agenda de diálogo pactada con el gobierno federal los puso en primer plano, en estos 20 años han protagonizado las más fuertes resistencias contra las políticas de despojo a la nación. Como la mayoría de los lectores ha de recordar, el 16 de febrero de 1996 se firmaron los Acuerdos sobre Derechos y Cultura Indígena entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que sentaba las bases para reconocer a los pueblos indígenas como sujetos de derecho y comenzar una nueva relación entre ellos, el gobierno y la sociedad. Desgraciadamente, el gobierno mexicano se negó a cumplir su palabra y los pueblos, fieles a la suya, iniciaron por todo el país la construcción de autonomías. El gobierno respondió con las políticas asistenciales de siempre, dividiendo pueblos y reprimiendo a los insumisos, situación que se acrecentó en lo que va de este sexenio.

Aun así los pueblos persisten en sus planes. Unas veces manifestándolo abiertamente, otras sin decirlo, muchos avanzan en su reconstitución interna, de acuerdo con sus propias capacidades y situaciones concretas. Hay quienes lo hacen defendiendo sus territorios, sus bosques, sus aguas; otros que impulsando radios comunitarias para comunicarse y difundir su cultura o escuelas comunales con maestros propios porque sienten que en las escuelas gubernamentales no les enseñan lo que necesitan para la vida, o impulsando la siembra de sus alimentos, revalorando sus prácticas y saberes propios, para librarse de las garras de quienes han hecho de los alimentos una mercancía y arma de dominación. Esto ha dado como resultado diversos procesos autonómicos, con el rumbo que cada quien consideró más pertinente, por eso los resultados también son múltiples, unos muy exitosos, otros no tanto.

Ahora que se cumplen los 20 años del levantamiento zapatista muchos vuelven a hablar de ellos y los indígenas. Desde el gobierno se dice que, ahora sí, se cumplirán los acuerdos sobre derechos y cultura indígena. Los pueblos son escépticos sobre ese anuncio, porque saben que en los últimos años sólo se han aprobado leyes para favorecer el despojo, incluida la reciente reforma constitucional que permite a las trasnacionales apoderarse del petróleo mexicano; no entienden por qué ahora sí les cumpliría el gobierno. Saben también que antes de una reforma que realmente garantice sus derechos, el gobierno debe derogar las leyes que atentan contra ellos y cancelar las concesiones y permisos que se han otorgado para la explotación de los recursos, que también los violentan. Los pueblos no quieren leyes que simulen reconocer derechos, sino que paren los despojos contra su patrimonio. Por eso luchan. Eso es lo que han aprendido en estos 20 años de zapatismo. Por ahí ven su camino y su horizonte.

Info relacionada:

29/12/2013 México, a 20 años de la rebelión zapatista en Chiapas
27/12/2013 En febrero, "iniciativa de gran calado" para pueblos indígenas: Martínez Veloz
Elio Henríquez

-.-

"Marcos" se arrepintió de protagonismo

En la más reciente entrevista que dio a un medio de comunicación el jefe guerrillero puso en duda la pertinencia de haberse ubicado como figura principal del movimiento zapatista ante la prensa

Subcomandante Insurgente Marcos· Foto Ricardo Trabulsi

Laura Castellanos
El Universal 29/12/2013

CARACOL DE LA GARRUCHA, Chiapas.— Aquella tarde fresca el rebelde del sureste mexicano regresaba del recorrido por el norte del país, como parte de las actividades de La Otra Campaña, una caravana en la que encontró poblaciones desgarradas por el crimen organizado y territorios indígenas devastados por los despojos. Lo vi agotado, abatido. Tosía por momentos. Sin embargo, durante la conversación mostró al humano detrás de la capucha, así como aquella agudeza y humor ya legendarios. El EZLN estaba por cumplir 14 años de vida.

El jefe guerrillero llegó armado, montando a caballo, acompañado de otros dos jinetes zapatistas. La charla tuvo lugar en un galerón del Caracol de La Garrucha, en el corazón de la Selva Lacandona, el 2 de noviembre de 2007. Ahí, el Subcomandante Insurgente Marcos dio la que sigue siendo considerada su última entrevista formal con medios de comunicación.

Hablando de aniversarios, ¿cómo llegas al catorce aniversario del EZLN? ¿Con qué sensación, con qué sentimiento, después del recorrido de “La Otra Campaña”? ¿Después de todo lo que ha pasado desde que llegaste aquí hace 24 años? —le pregunté al ser humano, más que al personaje—.

Hay una duda, una gran duda de si hicimos bien en detenernos en enero de hace 14 años (1). Y si fue un acierto, ya incluso con todos los fracasos, haber insistido tanto en la interlocución con arriba. Hay compañeros que dicen que no, que como quiera sirvió, pero yo siempre tendré la duda si…

¿Tú hubieras seguido? —lo interrumpo—.

No, yo creo que hicimos lo que teníamos que hacer, y yo hice lo que tenía que hacer. Pero siempre voy a tener la duda de qué hubiera pasado si no hubiéramos parado, si hubiéramos interpretado la movilización ciudadana de otra forma. Qué hubiera pasado si hubiéramos interpretado el cese al fuego de (Carlos) Salinas de otra forma, porque nosotros estábamos con planes militares ya hechos, ya estaban rodando cuando se para todo.

¿Y qué planes militares eran? ¿Hacia dónde se iban a extender?

Avanzar —me contestó haciendo una pausa— hasta la ciudad capital —remató, riéndose—. Está la duda de qué hubiera pasado. Porque era tanto el descontrol de la clase política, bueno de todo mundo, que nosotros tampoco lo podíamos prever. Sí sabíamos que había fisuras adentro, pero no de tal magnitud. Todos se volteaban a ver quién era el que podía estar detrás del levantamiento del EZLN. Porque nadie pensó que era un movimiento legal. Todos pensaban “no, es el otro, el que le está buscando arruinar a Luis Donaldo Colosio” o que era Manuel Camacho o Fernando Gutiérrez Barrios o incluso Salinas de Gortari.

La carga de ser “Marcos”

¿Y qué otras dudas tienes de las decisiones que tomó el EZLN en estos 14 años? —le dije pensando que me hablaría de alguna otra decisión militar—.

Si fue correcto haber permitido que se concentrara tanto la atención en la figura de Marcos, un individuo. A veces pienso que sí, que sirvió para asomarse a lo que estaba pasando dentro del movimiento. A veces pienso que no, que muchos se quedaron nada más en la figura y no vieron lo que estaba detrás. Incluso esta sospecha es más fuerte que la otra que fue histórica, y ésta fue propositiva. Y cuando nos dimos cuenta de lo que estaba pasando dijimos: “Bueno, usemos la figura de Marcos para esto”. Siempre está la duda, y a veces pienso que a lo mejor en unas épocas sirvió y en otras no.

¿Es mucha carga ser “Marcos”?

Aparte de lo que tengo que cargar en la mochila…

Digo, con la reflexión que me estás diciendo, y con lo que está detrás en este momento, ¿es mucha carga?
Sí.

¿Nunca has pensado: “¡Basta! ¡Ya no quiero ser Marcos!?”

Después de cada entrevista —continuó en tono serio—. Es mucha carga porque aunque esa responsabilidad se está diluyendo en la división de trabajo, aún prevalece la opinión de que los errores del EZLN son errores de Marcos, y que los aciertos son de las comunidades. A nosotros nos ha servido de mucho ser como el pararrayos. Pero entre los compañeros esta división del trabajo les provoca preocupación. Porque dicen, también por lo mismo, si hay un golpe, van sobre ti.

Lo imaginé en su camioneta, en sus recorridos de La Otra Campaña por el país, protegido por una escolta desarmada.

¿A veces te sientes vulnerable?

Sí, sobre todo cuando salgo en La Otra Campaña me siento completamente indispuesto porque no es mi territorio. No tengo los medios, no están mis compañeros, no tengo los recursos.

Qué pasaría si de pronto —no me deja formular la hipótesis de que sufriera un ataque—.

Lo pensamos para las salidas. Ahora con lo que está pasando (2), pues dicen los compañeros que probablemente no salga nadie más.

“Lo haría otra vez”

Bueno —continué con terquedad sobre el motivo de su persona—, hace 24 años llegaste, resume esa experiencia en una palabra o frase.

¿En una palabra? Aprender. En una frase: volver a nacer.

En una entrevista con Gabriel García Márquez hablas de tu proceso formativo, de tu familia, de tus padres como maestros. Veinticuatro años aquí… Y yo te pregunto: ¿ha valido la pena?

Sí, si tuviera, lo haría otra vez, sin cambiar nada más que esa parte.

¿Cuál? ¿Haberse detenido en el 94?

No, lo mediático.

¿Qué hubieras hecho?

No sé. A lo mejor… hacer un esfuerzo para que se concentrara menos la atención en la figura de Marcos, precisamente en los primeros años. Porque más tarde quisimos remediarlo y ya no se podía. Por ejemplo, ahora valoran la presencia o ausencia del EZLN en los medios como la presencia o ausencia de Marcos. En ese punto hay un fracaso. Nosotros pensábamos que íbamos bien cuando nos abrimos y entró la prensa, porque fue así como se vio directamente a las comunidades, y se hicieron muchas entrevistas. De ese modo se conoció que el EZLN sí tenía base social. Pero en muchos medios se frivolizó, como en la película del mestizo que se va con los indígenas. ¿Cómo se llama?... ¡Danza con lobos! Y eso era lo que vendían algunos medios.

Veo que eso te pesa. Ya me has hablado dos veces sobre la presencia mediática de Marcos —pensé en voz alta—.

Si algo pensaría en cambiar sería eso, no haber sido tan protagónico en los medios —dijo por tercera vez—.

¿Eso también representó que mataras metafóricamente a Sebastián Guillén? ¿Quién es él? —suponía que “Marcos” debió anular su identidad original—. Puso cara de sorpresa.

¡Ah! ¡El tampiqueño! —me dijo en tono de burla, moviendo una mano—. ¡No!, ¡no sé por qué insisten en la historia del tampiqueño! ¡Y yo ¿por qué voy a matar a alguien? ¡No, yo no maté a nadie! Yo entiendo que tú como reportera quieres darle por ese lado, pero ese no soy yo. Y el nombre completo es Rafael Sebastián Guillén.

Me refiero a esto. Después de 24 años aquí ¿qué pasó con ese otro que no eres tú? ¿Qué se quedó atrás?

De esa persona que yo era antes, nada bueno. Yo pienso que si ese que yo era antes hubiera seguido las pautas tradicionales, o sea, si no me hubiera venido yo para acá, ¡uf!, sería diputado, senador del PRD, algo horrible pues. Ni siquiera algo más respetable, como capo de un cártel, que merece incluso más respeto. Pienso que las opciones que eliges tienen que ver mucho con el medio en que te mueves.

Y creo que lo fundamental de la vida de Marcos, considerando lo que fue y lo que es, es el momento en que decide quedarse aquí. Eso del PRD es una jalada. Pero hubiéramos seguido la línea de las guerrillas urbanas tradicionales.

A lo mejor habríamos llegado a ser conocidos o no —continúa—. A lo mejor terminábamos arrepentidos. Pero el proceso de formación de Marcos como ser humano ocurre fundamentalmente en las comunidades, y como parte de la generación a la que pertenezco, con la que entré a la clandestinidad, que es la del viejo Antonio —el indígena de la Selva Lacandona que lo acercó a la cosmovisión indígena—, que no tiene que ver con esta, la nueva generación.

El origen del protagonismo

“Esta comunidad, el Caracol de la Garrucha, está más urbanizada. Fue hasta mero adentro, en la zona más aislada, más puramente maya, en la Selva Lacandona, donde vi lo que ocurría con la niñez de esas comunidades. No había niños. Se morían. Y las mujeres parían y se morían. Eso cambió todo. Y a partir de ahí, el proceso de formación consistió en que los compañeros que ahora son comandantes, y entonces eran contactos con los pueblos, se reeducaran. Ellos, los de mero adentro, empezaron a explicarnos lo que es la tierra, la cultura, el modo, lo que llaman usos y costumbres allá fuera, y nosotros llamamos “nuestro modo”. Nosotros decimos que entre las pocas virtudes que tenga Marcos la mejor es reflejar de alguna forma con palabras lo que está pasando”, dice el comandante, y en ese momento pensé en sus expresiones literarias.

¿Eso desde un principio se consideró parte de la estrategia? Porque los primeros comunicados tras el alzamiento eran muy de los años setenta —recordé—.

Cuadrados, ortodoxos. No, el plan no era ese. El plan era que el comité fuera vocero. Pero el 1 de enero se chinga todo. El 1 de enero, un grupo de comandantes de los Altos iba a dar las explicaciones del alzamiento a la prensa pero por culpa de un turista francés, el asunto se desvía.

El turista francés llega a la plaza de San Cristóbal, que tenemos tomada. Yo ando por Rancho Nuevo. Me llaman y me dicen que hay un periodista que supuestamente habla inglés y que no le entienden, me piden que vaya para que traduzca.

Regreso a la plaza de San Cristóbal, y resulta que se trata del turista francés, que está preguntando cuándo puede salir, y le explico que no puede salir. En eso llega la prensa y toma las primeras fotos. Y de ahí resultan las primeras versiones de la policía de que yo era francés, un extranjero. Yo le decía a los periodistas: ‘ahí está el comité, vayan para que les explique’. ‘Y usted ¿quién es?, ¿el Comandante Tigre o el Comandante León?’, preguntó un periodista de Tuxtla. ‘No, yo me llamo —le dije, a la James Bond— Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos, y ahí ya se chingó Roma —y soltó una carcajada—.

Notas(1) Se refiere a la movilización multitudinaria en la capital mexicana del 12 de enero de 1994. Provocó que el EZLN y el gobierno se sentaran a dialogar.(2) Se refiere al hostigamiento que el EZLN recibió en retenes militares durante su recorrido en La Otra Campaña.

* Este fragmento aparece en el libro “Corte de Caja: Entrevista con el Subcomandante Marcos”, editado de manera independiente. Parte de la conversación fue publicada en la revista Gatopardo en diciembre de 2007.

Notas relacionadas:

Hace frío como hace 20 años, dice el EZLN

Rebobinar 1. Comunicado del EZLN del 28/12/2013

Información relacionada:

"México Armado: 1943-1981" y "Corte de Caja"
de Laura Castellanos

-.-