28/10/13

Jornaleros doblegaron a empresas en Estados Unidos

Una coalición de trabajadores del campo logró que las grandes cadenas de comida rápida de EU dejaran de comprar jitomates a los productores que esclavizaran y abusaran de  pizcadores migrantes. Actualmente ganan más y tienen mejores condiciones de trabajo. Tras una década de lucha,  doblegaron a Taco Bell, McDonald's, Burger King y Subway.  Ahora se enfrentan con todo a Wendy's

Fotos · Luis Cortés
Laura Castellanos
El Universal. 27/10/2013

Immokalee, Florida.– Un joven jornalero de origen maya muestra la camisa  ensangrentada que vestía un muchacho que fue agredido por un capataz en 1996. “Fue brutalmente golpeado por el simple hecho de parar su labor para tomar agua”, explica Cruz Salustio mientras sostiene con sus manos la prenda perturbadora, enmarcada y protegida por un vidrio.

Estamos en la oficina de la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW, por sus siglas en inglés), donde se exhibe aquella evidencia del trato inhumano que han padecido los trabajadores del campo de Immokalee, un pueblo agrícola sumido en la pobreza, a dos horas de Miami. La organización de migrantes es reconocida por revertir las condiciones de esclavitud y explotación laboral de trabajadores del campo como no lo había logrado antes organización alguna en Estados Unidos, por lo que acaba de ser distinguida con el prestigiado Premio de las Cuatro Libertades Franklin D. Rooselvet, el pasado 16 de octubre.

Los jornaleros mexicanos, guatemaltecos y haitianos de la Coalición doblegaron a los acaudalados productores de jitomate para los que piscan, sometiéndolos a su Programa de Comida Justa que establece el acuerdo firmado de pagarles un centavo más por libra de pizca, cero tolerancia a prácticas de esclavitud laboral y de asalto sexual, y un Código de Conducta con mejoras laborales.

El acuerdo lo consiguieron tras doce años de boicots contra los principales compradores de la hortaliza, quienes también deben firmarlo. Así, once empresas, entre las que figuran cuatro de las cinco grandes cadenas de comida rápida en el mundo, instan a los productores a cumplir el programa o corren el riesgo de que se les revoquen sus contratos. Taco Bell, McDonald's, Burger King y Subway lo aceptaron. 

Se trata de un modelo revolucionario de responsabilidad compartida entre las partes, que educa a los jornaleros sobre sus responsabilidades y derechos laborales y les abre canales de denuncia dentro y fuera de las empresas.

El convenio no sólo mejoró el trato a los trabajadores del campo, sino que propició que obtuvieran mayores ganancias. 30 mil pizcadores de jitomate por contrato o a destajo de Florida generaron 10 millones de dólares en los últimos tres años. Cada jornalero consigue ahora entre 5 y 120 dólares extra a la semana.

Pero hay una empresa que se niega a firmar, Wendy´s. La segunda cadena de restaurantes de hamburguesas en Estados Unidos, después de McDonald´s. Bob Bertini, vocero de la empresa, escribió en un correo electrónico desde Ohio, sede de la compañía: “Todos nuestros proveedores de jitomate han firmado el Acuerdo de Comida Justa”. Añade: “Es su decisión determinar los pagos a sus empleados”.

La posición del consorcio que en 2012 tuvo ganancias brutas por más de 300 millones de dólares cimbró a la coalición de jornaleros. El mexicano Lucas Benítez, uno de los fundadores de la CIW, dice que el acuerdo no es sólo monetario sino que dignifica las condiciones laborales, y critica la posición de Emil Brolick, presidente ejecutivo de Wendy´s, quien tuvo ese mismo cargo en Taco Bell cuando la organización hizo ceder a tal compañía, luego de boicotearla de 2002 a 2005.

“Emil Brolick es un hipócrita al negarse a firmar”, expone. “Sabe que el acuerdo también es benéfico para la corporación pero no le es fácil cumplir demandas venidas de los trabajadores”.

Los jornaleros mexicanos, guatemaltecos y haitianos de la Coalición doblegaron
a los acaudalados productores de jitomate para los que pizcan Fotos · Luis Cortés
INDUSTRIA SIN LEY

En la oscuridad de la madrugada, decenas de migrantes se reúnen en el estacionamiento, el parqueadero, del súper/tortillería/taquería La Fiesta, frente a las oficinas de la Coalición.

Ahí se juntan desde hace medio siglo los pizcadores de jitomate de la región donde se cultiva el 90 por ciento de la producción del fruto que alimenta a Estados Unidos.

Decenas de hombres y mujeres toman café y deambulan entre los buses que los llevarán a distintos campos, files, para alistar la tierra en la siembra del jitomate. De noviembre a mayo, la “temporada”, decenas de miles más se sumarán a las labores de su cuidado y cosecha.

En Immokalee, el 43 por ciento de sus 19 mil habitantes, menos de la tercera parte mujeres, están abajo del nivel de pobreza del país. Muchos son indígenas guatemaltecos o de Chiapas, Estado de México, Oaxaca, Veracruz, Guerrero.

El sueño americano está sin embargo 40 minutos más adelante, en Naples, considerada por la revista financiera Kiplinger como la tercera ciudad de la nación que concentra casas de millonarios: unas doce mil.

En Immokalee no hay millonarios, y más bien ahí han luchado contra una pesadilla.

Benítez recuerda que hace 21 años era como un “pueblo del viejo oeste” en el que los contratistas y capataces portaban rifles y recurrían a las agresiones físicas o verbales para amedrentarlos.

En los campos los hacían esperar horas sin paga, los baños quedaban a 2 o 3 kilómetros de la pisca, no tenían agua para enjuagarse las manos de los pesticidas y menos para beber, y carecían de entoldados y descansos para restablecerse por laborar a temperaturas de 40 grados centígrados.

En esas condiciones una docena de migrantes comenzaron a reunirse en un cuarto de la iglesia local para discutir su realidad. Se les fue sumando gente.

En 1995, la empresa Pacific decidió reducirles el pago de 4.25 dólares por cubeta de pisca a $3.85 dólares, más 10 centavos.

600 trabajadores liderados por el grupo de Benítez tomaron el estacionamiento e hicieron huelga general contra Pacific y las demás empresas hasta que se restableciera el salario previo.

Tuvieron éxito. “Nosotros fuimos el primer okupa en Estados Unidos”, presume el guerrerense con barba de candado.

Decidieron entonces no formar un sindicato sino una Coalición en la que los jornaleros trabajaran a destajo con la empresa de su elección, para así poder seguir las cosechas de otros productos agrícolas de la costa Este que se extienden hasta Pensilvania. Ahora la CIW tiene 4 mil miembros.

COMIDA JUSTA

Benítez cuenta que al principio de su lucha pensaron que sus condiciones laborales mejorarían al presionar a los “rancheros” para que cambiaran a los capataces. Pero pronto se dieron cuenta del error. “Vimos que había un poder más arriba que teníamos que tener de nuestro lado: a los grandes compradores que por años sólo habían estado sacando beneficio de la pobreza de Immokalee”.

De esta manera crearon el Código de Conducta de su Programa de Comida Justa que demanda: las compañías darán un bono de un centavo más por libra pizcada, habrá relojes checadores para registrar el tiempo real de trabajo y las cubetas ya no se entregarían con “copete” de cosecha, sino al ras.

También los trabajadores tendrán derecho de quejarse por malos tratos con su superior o con la Coalición, y se les respetará su preferencia sexual, de raza o etnia, religión, discapacidad o edad. Las mujeres además estarán protegidas de acoso y violencia sexual por parte de sus empleadores o de sus mismos compañeros.

Nelly Rodriguez apunta: “las mujeres cuando vamos a trabajar enfrentamos muchos acosos por parte de los supervisores y contratistas, muchas tenemos que quedarnos calladas para no perder nuestro trabajo”.

La empresa igualmente les proveerá de entoldados móviles, agua potable y baños portátiles, les dará descansos durante el día y tiempo para la comida, y contará con equipos de primeros auxilios.

GUERRA CONTRA GOLIATS

La estrategia de la Coalición para provocar un cambio en los grandes corporativos de alimentos comenzó en 2001, presionando a Taco Bell, la principal cadena de comida rápida en Estados Unidos.

Benítez dice que la empresa les expresó: “nosotros no tenemos ninguna responsabilidad con ustedes porque no trabajan para nosotros”.

La organización logró sumar a su causa a redes de fieles de distintas religiones y sobre todo a estudiantes universitarios, considerados como los principales consumidores de comida rápida, y así creó una campaña en la que difundió: “Taco Bell es responsable de las condiciones infrahumanas que se viven en el campo”. Detalla: “Fue como destapar la olla de frijoles”.

Surgió de este modo la Students Farm Workers Aliance, que durante los cuatro años de campaña contra Taco Bell hizo marchas, protestas, juntó firmas y “logró el cierre de más de 25 restaurantes y la revocación de sus contratos en universidades”.

Luego “volteamos a ver a McDonalds y les fuimos a decir lo mismo”. El boicot duró dos años.

Después prosiguieron con grandes compañías de proveedores de comida y cadenas de supermercados, entre ellas la de productos orgánicos Whole Foods Market.

Ahora está en la mira la empresa de hamburguesas que se promociona con la imagen de una niña pelirroja de rostro inocente, y que posee 6 mil 500 sucursales en Estados Unidos y otros 27 países.

En México el corporativo no tiene oficinas propias y funciona a través de tres empresas independientes que suman 23 sucursales: 6 en el valle metropolitano de la Ciudad de México, 12 en Chihuahua y 5 en Monterrey.

LA LUCHA CONTINUA

Es sábado y quince estudiantes cubanoamericanos de la Universidad de Miami viajaron hasta Immokalee para conocer la experiencia del movimiento.

La mayoría son blancos, de cabello trigueño, y no todos hablan español pero lo entienden. Un jornalero guatemalteco les explica que si Wendy´s y otras empresas les venden comida chatarra a precios bajos es porque compran grandes cantidades de suministros, como los jitomates, a bajos costos, porque a su vez los productores

“¿Y qué le da poder a los rancheros (productores) y a sus compradores?”,  pregunta el pizcador centroamericano a los muchachos. Silencio. “Los consumidores”, les responde.

Luego, el grupo hace un recorrido por el pueblo. Los jóvenes comparten su consternación al desconocer las condiciones de explotación agrícola en su país.

La estudiante Denis Ciani dice: “lo que pasa aquí no es ajeno a nosotros, todos somos parte de la misma comunidad, y me impresiona saber que mientras yo estoy en mi casa viendo tele y yendo al súper a comprar tomates, estas personas están trabajando así”.

Actualmente la Coalición tiene comités de apoyo estudiantil en 40 estados, entre ellos Nueva York, Texas y Chicago, mismos que ya participan en el boicot contra Wendy's.

Benítez puntualiza que no se amedrentarán hasta doblegar a Wendy's. Y anticipa: “A Walmart tarde o temprano también le va a llegar su fiestecita”.

Fotogalería: Los jornaleros que doblaron las manos de McDonald's Fotos · Luis Cortés
Vídeo: Los jornaleros que doblaron a McDonal's; ahora boicotean a Wendy's

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