25/1/14

Asesinato sin justificación

Edgar Tamayo

Los de abajo 
Asesinato sin justificación
Gloria Muñoz Ramírez / La Jornada 25/01/2014

Edgar Tamayo lo dijo claro: si me ejecutan, no quiero que me usen... no quiero que metan mano en nada. Hasta el último momento, Édgar mostró la dignidad que tanta falta hace a las autoridades mexicanas cuando se trata de defender los derechos de los connacionales en Estados Unidos. Lo dejaron morir solo, pues únicamente declaraciones vertieron y ninguna acción eficaz realizaron. Su ejecución, advierte Amnistía Internacional, es un asesinato sin justificación alguna.

Tamayo dejó indicaciones también para después de su ejecución en la prisión de Huntsville, en Texas: las autoridades que se negaron a ayudarlo durante años fueron declaradas personas non gratas en su funeral. Detenido por la muerte de un policía en Houston, Texas, el 31 de enero de 1994 y sentenciado a muerte ocho meses después, Edgar pasó 20 años en el pabellón de la muerte. Su deceso no fue un acto de justicia, sino de venganza y discriminación. Un policía murió y alguien tenía que pagar. ¿Quién mejor que un mexicano que no hablaba bien inglés, no conocía sus derechos y no sabía explicar que hubiera sido sumamente difícil disparar un arma con las manos esposadas a la espalda?

Como bien señala la periodista Carolina S. Romero, especialista en asuntos de (in) justicia en Estados Unidos y en su sistema penitenciario, aunque los 131 ciudadanos extranjeros condenados a muerte en ese país son una pequeña minoría dentro de las 3 mil 108 personas en los pasillos de la muerte, el caso de Édgar Tamayo ilustra lo que suele pasar con ellos, especialmente si son mexicanos: la pena capital se usa para el control social, en la que factores de clase, nacionalidad, geografía, etnicidad, pero sobre todo raza, determinan si una persona va a vivir o morir.

El racismo en la aplicación de la pena capital, advierte Romero, no sólo se mide por la raza del condenado a muerte, sino por la de la víctima de asesinato. Si esta última es de piel blanca, hay mayor probabilidad de que el acusado reciba el castigo. Según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, por sus siglas en inglés), las víctimas son de raza blanca en alrededor de 50 por ciento de todos los casos, pero lo son en 76 por ciento de los que resultan en una condena a muerte.

Organismos internacionales demostraron las fallas en el proceso contra Édgar, pero nadie pudo parar su ejecución. ¿Cuál será el destino de los 3 mil 108 condenados en Estados Unidos? ¿Aún se les puede rescatar de los pasillos de la muerte, sin que queden condenados a los pasillos de la esclavitud que representan las cadenas perpetuas en Estados Unidos?

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