1/1/14

Los medios se mueren de nostalgia


Babel 

Javier Hernández Alpízar


¡Ah, los medios y la gran nostalgia que tienen de sí mismos! Por sus ediciones los conoceréis. Cómo extrañan la época en que los zapatistas ponían los muertos y ellos ganaban con el aumento del tiraje y la circulación de sus impresos. Cómo extrañan a aquellos zapatistas ingenuos de los noventas que los recibían, les daban entrevistas, se dejaban tomar fotos con ellos y les mandaban cartas a sus pequeños con dibujos autografiados.

Publicaron entrevistas, perfiles, notas, reportajes, fotos, las cartas, libros, películas… Los medios exaltaron a Marcos (lo siguen haciendo, cf: la edición de esta semana de Proceso) y luego, cuando los zapatistas se negaron a aceptar programas pronasoleros y les dijeron que su democracia tutelada y excluyente de los indios y de los de abajo no era lo que buscaban, los acusaron de sectarios y dijeron que todos eran un producto de Marcos, el genial impostor que un día antes amaban (y aún extrañan: lo quieren ver en sus mítines y demás happenings) y ahora aborrecen con despecho.

Pero como la mayoría de los amores despechados, ahora se ve que la rabieta es mucho narcisismo: publican autopromociones como “yo fui quien dio a conocer a Marcos”, y se olvidan de cuando estaban decepcionados porque “a esta guerra le hace falta guerra”.

Sin dejar de reclamarse de izquierda, compraron los argumentos de la derecha y acusaron a los zapatistas de ser una guerrilla de internet, la declararon muerta, inexistente o al menos la loca de la casa: los peores son quizá quienes siguen con el síntoma del miembro ausente y la felicitan (a sus bases, dicen, como si supieran algo de ellas, a las que jamás escuchan ni les hacen caso) y la exhortan a volver a entrar en razón y afiliarse a su partido electorero.

Pero las ediciones de estos días son sintomáticas: quienes escribieron para retirar su firma de una carta en apoyo a la demanda de las mujeres víctimas de tortura sexual por la policía en Atenco hoy publican una entrevista de… 2001, hecha por alguna vaca sagrada de los medios.

En realidad los medios se extrañan a sí mismos, su éxito con ediciones que se vendían como pan caliente, el rating fácil que además les servía de currículum de izquierda.

Lástima que en medio de ese romance se interpuso la contrainsurgencia, la verdadera política del Estado mexicano: partidos, medios, intelectuales, todos se han visto presionados y la mayoría sometidos por un proceso deliberado para extirpar la piedra zapatista de la locura y aceptar las elecciones (“madurez”, le llaman) como el principio, el fin y todo horizonte de la política.

A los zapatistas se les mira menos nostálgicos, viviendo en el presente, construyendo el futuro y hasta reconociendo errores (aunque eso se preste a un encabezado amarillista, pero al menos Gil Olmos es el único que ha entrevistado a un zapatista de base para este aniversario). En la izquierda “madura” eso no se hace, para eso tienen sus medios leales, para echarle la culpa a otros de sus errores y derrotas. Los que se mueren de nostalgia son los medios: ¿a dónde se fueron los buenos tiempos de un zapatismo que no les criticaba (eso creían) a sus jefes de tribu política?

Como quiera, son malos tiempos para el periodismo. Los periodistas exponen el físico y los empresarios pontifican desde sus editoriales. Como en una canción de Silvio Rodríguez, el diario es “ese señor rudimentario que nos dará la absolución”. Al menos eso creen, por eso se mueren de nostalgia y desempolvan sus viejos trabajos. Ya no les habla la musa.

Después de calumniar a los zapatistas y de silenciar la voz de las bases de apoyo cuando la comandancia no publica comunicados, todavía los medios comerciales sacan raja del 20 aniversario del EZLN y esa noticia les salva la edición del día o de la semana.

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