6/1/14

Memoria personal de un periodista Zapatista

A 20 años de un 1 de enero que cambió la historia de México, retomamos y transcribimos este monólogo en el que el fallecido ex gobernador en rebeldía de Chiapas, Amado Avendaño, relata el contexto del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.



http://chacatorex.blogspot.com.es/2011/10/levantamiento-zapatista-traves-de-la.html

DESCARGA EL AUDIO Esta es la experiencia de Amado Avendaño con los Zapatistas desde la noche del 31 de diciembre 1993. Don Amado fue editor fundador del periódico "Tiempo" que fungió como principal medio de difusión y comunicación del EZLN para el mundo y para sus comunidades, durante los primeros años del levantamiento. También ocupó el cargo de "Gobernador en Rebeldía" por 6 años para el estado de Chiapas.
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Familia Avendaño

Por Amado Avendaño
El Barrio Antiguo

Amado Avendaño
San Cristóbal de las Casas era una ciudad tal vez muy triste, muy callada, muy simple. Yo hacía un periódico que se llama Tiempo y hacia yo trecientos o quinientas copias, máximo, no pasaba nada aquí en esta ciudad. Cuando por la noche del 31 de diciembre para amanecer primero de enero de 1994, la ciudad comenzó a… pues no sé si a temblar o a preocuparse porque algo raro estaba ocurriendo, nadie lo decía, sólo veía que pasaban fantasmas en la noche, fantasmas con armas o cubiertos de la cara con pasamontañas, pero no sabíamos que había, que estaba ocurriendo. Como a las 12 de la noche, de ese día, de esa noche, paso a la casa de ustedes, aquí en el bario de San Diego, una compañera muy conocida y que la queremos mucho, que se llama Mercedes Osuna, y me informó: en la ciudad hay hombres armados y están tapados de la cara con pasamontañas, algo está ocurriendo, no salgas y como era noche de año , le dije: se te pasaron las copas, vete acostar mejor ya, no andes en la calle haciendo ni diciendo eso, pero, una hora después llegó el fotógrafo, Antonio Turok, a la casa también y me informó, me dijo él que personas armadas con pasamontañas, estaban derribando las puertas del cabildo municipal, derribándolos con hachas, entonces ya me puse a pensar que Mercedes Osuna, no estaba borracha, tenía razón, tenía razón, había gente armada. Seguimos esa noche con preocupación, mi preocupación personal era que mis hijos, como era noche de fiesta se habían ido con sus amigos a diferentes casas y entonces, comencé a buscarlos, a localizarlos para decirles que se quedaran en esas casas, que no fueran a salir porque había peligro en las calles, la respuesta fue lo contrario, rápido salieron y se fueron a la casa ¿no? para saber que había ocurrido. Yo soy muy valiente pero no salí en toda la noche, hasta que amaneció, me fui a la plaza central, frente al Palacio Municipal, a ver que estaba ocurriendo y sí, vi que había gente armada, con pasamontañas, pero, en nuestra calidad de periodistas estábamos buscando quien era el jefe, para poder platicar con él y no acertábamos quien era, yo tuve suerte, encontré a un fantasma encapuchado y con una buena metralleta y le pregunté ¿tú eres el jefe? Y me dice: no, Amado, yo soy el sub comandante; cómo que esté me dice mi nombre, yo no lo conozco a él, quién será. Y me comenzaron las fotografías, porque los periodistas no tenían referencia de ningún zapatista, entonces, como yo estaba cerca del sub comandante, comenzaron a tomar fotografías para ubicarse porque no sabían quién era ese fantasma y más o menos a mí sí me conocían aquí en la ciudad, entonces ya había una referencia, y el sub comandante Marcos, me preguntó: ¿no te perjudica qué te tomen fotografías conmigo? No, le dije, porque yo no soy guerrillero, yo solo vine a tomar la noticia y ya me voy. Le dije, si tú no eres el jefe, dónde está el jefe, quiero platicar con él, ahorita te llevo, y me llevo a la planta baja de la presidencia municipal y ahí me dijo, me dijo, pásale, ahí está el jefe. Pasé al interior y estaba un joven, sentado y le digo: ¿tú eres el comandante, tú eres el jefe?, Sí maestro, yo soy el jefe, pero ¿tú?, sí, yo soy el jefe, este muchacho había sido mi alumno en la High School, en la escuela preparatoria diez años antes, entonces í lo conocía yo bien, lo ví y me extraño mucho que ahora viniera como Comandante, no, no es posible, no podía yo creer que un muchacho indígena, humilde, ahora fuera Comandante, mañana lo van a ver de nuevo, es el Comandante David, mis respetos para él. Como había sido su maestro, él era mi alumno, pero diez años atrás, yo comencé a darle consejos, cómo te vas a meter de guerrillero, mira el Ejercito mexicano está bien pertrechado, tiene armas, armas importantes, tiene aviones, tiene helicópteros artillados, y ustedes andan con armas hechizas, con palos, mal vestidos, no es posible que se pongan ustedes con el gobierno, entonces, se paró y me dijo: Cállate, maestro, hace diez años que me metí a esto y sé lo que estoy haciendo, si quieres ayudar, quédate y si no, te puedes largar, entonces ya baje yo al piso, ya no era yo el maestro, él era el comandante, entonces ya humilde le pregunte, en qué te puedo ayudar, repártenos esto; nos dios la primera declaración de La Selva Lacandona, ahí me entregó una copia, lo multipliqué y lo distribuí con los periodistas, antes de salir de donde estaba él me invitó, mañana vamos a entrar a la 31 zona militar, te invitamos, estás loco, le dije, cómo oponerse un grupo de indígenas, mal armados, entrar a la zona militar, estás loco, si quieres, si no, no vayas, dice. Y claro, soy valiente pero no fue, claro.

Al día siguiente, me asombre porque desde la planta alta de mi casa, ví como los helicópteros y aviones de la 31 zona militar, arrojaban roquetes y balas, bombas, para quitarse a los indígenas que estaban entrando, y entraron, entraron a la 31 zona militar, yo no me explicaba como es que pudieron entrar si hay cañones ahí, cómo entraron. Mi esposa fue al tercer día a platicar con el comandante de la zona militar, el General Gastón Menchaca Arias, así se llama, y le confió a mi esposa, dice, me faltan 380 hombres y no los encuentro ni vivos, ni muertos, estoy preocupado, decía al General; cuando mi esposa me lo platicó, me sentí emocionado, porque entendí como habían logrado entrar sin que los militares de dentro, los pudieran rechazar y la explicación es bastante sencilla, cómo entraron los zapatistas, no entraron esa noche, entraron seis meses antes, seis meses antes, llegaron como simples ciudadanos mexicanos y se inscribieron como soldados federales y en México, la idea del Ejercito mexicano es, ni sobra el que viene, ni falta el que se va, entonces, todos los días pueden estar reclutando más personal, entonces lo zapatistas se vinieron a inscribir seis meses antes como soldados y los admitieron. En la noche entraron los soldados, los zapatistas a San Cristóbal, era año nuevo y los soldados querían salir a pasear, a estar con su familia, a pasar esa noche juntos; entonces, los zapatistas se ofrecieron, Capitán, si usted quiere yo me quedo esta noche haciendo la guardia, no hay problema, quédate haciendo la guardia, entonces, cuando llegaron los zapatistas a la zona militar federal, ya habían muchos caballitos de Troya hay adentro y, por eso entraron con suma facilidad. Si se acuerdan ustedes antes, los zapatistas andaban con armas de madera, de palo, andaban con lanzas, con machetes, cuando salieron de la zona militar, eran el Ejército mejor pertrechado del sureste, llevaban muy buenas armas. Lo mismo ocurrió aquí en la ciudad, cuatro, cinco meses antes los zapatistas se inscribieron como policías municipales, como policías judiciales, entonces, la noche que entraron, ellos estaban de guardia, cuando yo llamaba por teléfono para preguntarle a la policía, que es la que se supone que debe saber, qué estaba ocurriendo en la ciudad y me respondían, todo controlado, señor, ustedes no se preocupen, no pasa nada, pero eran ellos mismos los que avisaban, entonces, esa fue la irrupción en la ciudad de los zapatistas, que vinieron acá.

Yo había iniciado mi periódico treinta años ates, el periódico, Tiempo, lo inicie cuando era estudiante de la Facultad de Derecho, cuando terminé de estudiar leyes, continúe haciendo el periódico, pero yo pensé que mi periódico les servía a la gente, a los lectores de esta ciudad, a la zona urbana, nunca me imaginé que los indígenas utilizaban mejor el periódico, que la gente de la ciudad, inclusive venían ellos, los indígenas de las comunidades campesinas y me decían, quiero que nos publiques, esto, era una queja donde se estaban portando mal con ellos, y venían a denunciar y me preguntaban, cuánto vas a cobrarnos, dije nada te voy a cobrar, al contrario, yo te debo pagar porque me estas trayendo noticia para aumentar las ventas de mi periódico, a bueno, entonces publicanos esto y lo publicaba; al día siguiente regresaban y me decían, no publicaste lo que te trajimos ayer, no como no, aquí está míralo, no, eso no es, es que lo españolice para que lo entiendan mis lectores, porque ellos lo traían en una especia de pocho ¿no? una especia de tzeltañol o tzeltal con español, o tzotzil con español y yo lo españolizaba para que lo entendieran mis lectores, pero ellos me decían, no me interesan tus lectores, nos interesan los nuestros, entonces, a partir de esa fecha ya comencé a publicar tal y como lo traían, con errores de sintaxis y con erros ortográficos, así lo publiqué, y pasaron cinco, diez años, tal vez, esté periódico lo llevaban a la comunidad, un periódico quizás y los discutían y platicaban, y traían la respuesta y de esa manera, nuestro periódico Tiempo, se convirtió en el medio de intercomunicación entre las comunidades, yo nunca supe que habían utilizado mi periódico para esos efectos, con mucha astucia, pues, es una estrategia que utilizaron ellos.

Los indígenas, no sé si solo los de esta región o todos los del mundo, desconfían mucho del hombre blanco, cuando los mestizos, que nos toman por blancos, les hacemos un favor, ellos se quedan siempre con la desconfianza de cuánto les ira a costar ese favor años más tarde, no nos tienen confianza, porque los hemos engañado tanto, tanto han sufrido en ese sentido que cuando les hacemos un favor, ellos se quedan como deudores que más tarde nos tendrán que pagar ese favor, entonces, para ganarnos su confianza pasan muchos años, entonces, a través de mi periódico, de publicarles sus noticias me los fui ganando, entre comillas, y pasaron como diez o quince años y entonces ya me tuvieron confianza, ya sabían que yo era parte de ellos ¿no? y me asumieron como que si yo estaba formando parte de su lucha, por eso cuando el Sub Comandante estuvo en San Cristóbal y yo le pregunté, qué quién era el jefe, si él era, y me dijo, no, Amado, yo no soy el jefe, entonces me tenía bien ubicado, sabía quién era yo, me tenían confianza. El obispo, Samuel Ruiz García, se ganó la confianza de los indígenas porque comenzó a hablar, a aprender la lengua de ellos, seis meses trajo una indígena Tzotzil a la cocina de su casa y con ella comenzó a platicar en tzotzil y aprendió tzotzil; seis meses trajo una tzeltal y aprendió tzeltal con ella, seis meses una chol y otros seis meses una tojolabal, en dos años el hombre podía platicar en las principales lenguas de la región y de esa manera, se los ganó, él, al platicar directamente en su lengua de ellos, le confiaron sus penas, sus problemas y por eso Don Samuel Ruiz García, en los cuarenta años que estuvo en esta región, era parte de ellos, era como su hermano. La otra tercera persona que se ganó la confianza de los indígenas, es el Sub Comandante Insurgente Marcos, él utilizo otro método, desde luego, él se vino a vivir con ellos, primero venía de la universidad a la región de la Selva Lacandona en las vacaciones, y regresaba, pero poco a poco se fue integrando con ellos hasta que llegó un momento que ya no pudo regresar a la universidad y se quedó aquí con ellos, a comer maíz, pozole, tortillas; a vivir con ellos y de esa manera se los ganó también. Porque al principio cuando venían hace veinte, veinticinco años, estaba muy en boga el comunismo, el socialismo, el guevarismo, maoísmo, etcétera y trajeron esas ideas acá, pero no pegaron, a los indígenas no les gustó la doctrina que traían, entonces, en las idas y venidas del Sub Comandante Insurgente Marcos, y sus compañeros que venían del centro de la República, comenzaron a buscar cómo podían ganarse a los indígenas, que hubiera una ideología acorde con ellos, que hubiera un héroe campesino, como ellos y de esta manera estos muchachos que venían del centro del país hacia Chiapas, buscaron un héroe, que fuera acorde con el campesino y encontraron a Emiliano Zapata, que era campesino, que peleo por las tierras y que tenía idea de la tierra, cómo rescatarla, cómo salvarla y de esa manera, él se fue metiendo ideológicamente entre los campesino y esa idea del zapatismo, así pego, las otras, comunismo, socialismo, esas no pegaron, por esa razón es que Zapata es el héroe de ellos, porque adaptaron al héroe zapatista de la tierra y del maíz, a la zona Lacandona, en donde los campesinos necesitaban una base, un soporte campesino, para creer en el mensaje que le traían. Esto sin duda explica porque aparece el Subcomandante Marcos, como el líder ideológico, el líder militar, desde luego y se posesiono del ambiente y por eso lo quiere y lo respetan.

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A mí ya me tenían ubicado también y cuando apareció aquí la guerra, la sociedad civil de Chiapas y de todo el país, comenzaron a pedirle al gobierno mexicano que parara la guerra y comenzaron a pedirle a los zapatistas que ya no siguieran con su violencia, que se pararan, entonces, el Subcomandante Marcos, lanzó un comunicado diciendo, si la sociedad civil mexicano no quiere que haya guerra, que entren pues, que participen, para que la guerra se pare y fue ahí donde comenzó mi desgracia personal, porque la sociedad civil, comenzó a señalarme como la persona que podía participar en elecciones por la vía civil, por l vía pacífica para detener la guerra, para cambiar la situación en Chiapas y cambiarla en México, fue así como comencé a aparecer como candidato a gobernador en Chiapas.

Los zapatistas utilizaron a mi familia para convencerme de que yo participara como candidato, a partir del movimiento zapatista, a mí me han hecho invitaciones a diferentes partes del mundo, he estado en los Estados Unidos, con varios amigos de acá en cuatro ocasiones, en Europa, en otras cuatro ocasiones y en América del Sur, cuando regresé de América del Sur, de Santiago de Chile, entré a la casa, estaba mi familia reunida esperándome, y lo primero que me dijeron fue, tú vas a ser candidato a gobernador de Chiapas, yo, si no me han dicho nada, cómo lo sé, tú sabes que en esta familia somos democráticos, tú eres un voto, ya perdiste, entonces le dije a mi familia para conocer, para saber las condiciones en que voy a participar como candidato, pues quiero hablar con los zapatistas, con la comandancia, entonces le dije, mañana, temprano, nos vamos a la selva a hablar con el Sub Comandante y con los Comandantes, y mi hija mayor, dijo, no, ahorita nos vamos, le digo, vengo muy cansado, acuéstate atrás en el coche y vamos, y me llevaron a la selva, estaban en esa ocasión la comandancia, en una comunidad que se llama, Prado, selva adentro, y los encontré ahí, y les pregunté, ustedes quieren que yo sea candidato a gobernador del estado, sí señor, queremos que tú seas candidato a gobernador, pero, no un gobernador común y corriente, queremos un gobernador de transición, sólo para hacer el traspaso, es decir, participas en elecciones, triunfas en las elecciones, convocas a un congreso constituyente, le presentas un proyecto de constitución, que lo modifiquen o aprueben o vean que hacen y en cuanto termine esa nueva constitución, tú convocas a nuevas elecciones para que el candidato que hay triunfado en esas nuevas elecciones, sin ventajas, a ese tú le entregas el bastón de mando y te retiras a tú casa, perfecto, así si participo y entre a las elecciones. Entonces acepte ser candidato a gobernador, porque no me quedaba de otra, además ¿no? Y fue fácil triunfar, muy fácil, porque los zapatistas me dijeron, tú no tienes que hacer campaña política en toda la zona zapatista, es orden militar que todos van a votar por ti, punto, entonces vine con don Samuel Ruiz García, el obispo de la diócesis de toda la región y le pregunto, ustedes en qué van a ayudar, en qué van a cooperar para esta campaña política, dice, ya estamos cooperando, hay diez mil catequistas haciendo campaña por ti, así es que no te preocupes, vete a otra parte donde no haya quien te apoye, entonces me fui a hacer campaña a la costa del estado, en el pacífico y como había mucho rencor en contra del partido oficial, todo el mundo me iba siguiendo y mi nombre, era… no lo conocían pues, era Amado Avendaño, nadie lo conocía, pero, si detrás estaban los zapatistas, entonces ya el nombre sonaba más, entonces, el gobierno, el partido oficial, temió perder las elecciones y entonces, tramaron como asesinarme pero que apareciera como un accidente, yo me iba a morir en un accidente, no que el gobierno me hubiera matado, entonces, contrataron un tráiler y organizaron en la capital, Tuxtla, Gutiérrez, un desayuno en donde debían de estar todo los candidatos, yo nunca pensé que ese desayuno era para asesinarme, entonces, estuvieron insistiendo mucho que yo debía asistir a ese desayuno, yo estaba en Tapachula y tenía que venir, que viajar a Tuxtla, Gutiérrez para participar, yo no sabía que en el camino estaba un camión esperando para enfrentar a mi vehículo y aplastarnos ¿no? Solo que hay Dios, yo soy cristiano y creo que Dios si está pendiente de nosotros, entonces, le pedí a mi chofer, que era mi sobrino que hiciéramos como que regresáramos y que luego regresáramos al llegar a Mapastepec, donde yo nací, entonces el tráiler que llevaba un ritmo de velocidad, para chocar con nosotros se tuvo que parar, porque no veníamos allá en el horizonte, cuando regresamos nuestro vehículo… el tráiler se arrancó para chocar con nosotros pero, la velocidad no la alcanzo, iba como a unos cincuenta o sesenta kilómetros por hora, cuando choco con nosotros, entonces no pudo chocar bien y lo que hizo fue arrastrar nuestro vehículo y lo aplastó contra la pared, entonces ahí fallecieron tres personas, los tres que iban de este lado y yo iba de este, delante, detrás iba mi hijo, más atrás otro amigo, los tres que iban de este lado quedaron aplastados y fallecieron, yo quede muy mal, se me rompieron todas mis costillas, se rompió mi cráneo, pero, quede vivo ¿no? entonces, mi hijo que iba detrás de mí, como me iban acompañando zapatistas, le comunicaron inmediatamente al Sub Comandante Marcos, que había habido un atentado y que estaba a punto de morirme, entonces el Sub Comandante lanzó un comunicado que era una amenaza, decía, a quien corresponda, claro, era a Salinas, decía el texto: La democracia en México, depende de la vida de ese hombre, sálvenlo, sálvense. Entonces, el Presidente de la República envió un avión especial a recoger mis despojos y lo llevaron a México, al mejor hospital del país, el Siglo XXI, y me pusieron los mejores veinte médicos del país, unos me arreglaron las costillas, porque una costilla pico el pulmón y se colapsó, mi cara quedo deshecha con los cristales, entonces, pusieron un cirujano plástico que me compusiera la cara, yo era muy feo y este, me arreglaron todo ¿no? Entonces, me … inclusive el propio Presidente de la República fue a visitarme en mi lecho de muerte, es decir, lo que querían, el Presidente Salinas era demostrarle a los zapatistas que él estaba haciendo todo lo posible por salvarme, entonces, personalmente llegó a verme en donde estaba yo en el… en la cama pues, casi muerto ¿no? Por fortuna nunca me di cuenta de la presencia del Presidente de la República, si no, tal vez, muero ¿verdad? Mi esposa se quedó aquí, y en México me tenían pues con las mejores atenciones del mundo, porque estaban tratando de rescatar mis restos, y le dijeron a mi esposa que a los tres días a las 72 horas, me iban a quitar todas las sondas y los aparatos para que yo pudiera vivir por mí mismo y no a través de los aparatos que tenía puestos, llegó mi esposa a los tres días y me quitaron todas las sondas y los aparatos y en ese momento yo comencé a morirme y volvieron a ponerlos ¿no? Le dicen a mi esposa, venga usted mañana, mañana si le vamos a quitar los aparatos para que recupere sus sentidos y ya vuelva a la vida, volvió a llegar mi esposa al día siguiente y al quitarme los aparatos, me volví a morir, entonces mi esposa le dijo a mi hija que estaba conmigo, dice, ahí te dejo a tu papá, si se muere, lo entierras aquí en el Distrito Federal, porque no quiero que vaya a dar lástima a Chiapas y si vive, ahí me lo llevas, porque yo me voy a la selva y se fue a la selva mi mujer y me dejo allá, en el hospital, porque yo era un despojo pues, estorbaba, por fortuna, tres días después, cuando me volvieron a quitar los aparatos, ya no me morí, ya quede, quede vivo, tenía yo la mano de mi hija, agarrada y le preguntó, oye dónde estoy, yo recuerdo que iba en una carretera, dice, te accidentaste papá y por eso quedaste así, por eso estás aquí en este quirófano, entonces me acorde, y mi hijo dónde está, si él iba atrás de mí, si yo quede así cómo quedo mi hijo, dice, él está bien, no, me estas engañando, entonces, había un teléfono, me puso con él y por fortuna estaba mi hijo aquí, y me hablo y me dice, hola, papá, que bueno que ya despertaste, le pregunto, cómo esta Rigoberto, está bien, cómo está Agustín, está bien, cómo esta Ernesto, todos están bien, sólo tu saliste un poco mal, habían tres muertos, el único que estaba bien era él, y eso me animó mucho. A los cinco días ya no soporté el hospital y pedí que me sacaran y que me trajeran aquí, a San Cristóbal, porque la idea era continuar la campaña política, pero, no podía porque mis costillas estaban quebradas y no podía viajar, ni siquiera en vehículo, ni podía hablar fuerte porque mis costillas todavía estaban quebradas y no podía hablar mucho, entonces, sólo hacía yo los discursos y mi hija los leía ante el público, aparte de que se organizaron en todos los municipios, unas comitivas así como vienen ustedes ahora para hacer campaña y como un mes después iba a ser las elecciones, porque el accidente fue el 21 de julio y las elecciones fueron el 25 de agosto, entonces estaba muy reciente, cuando fueron las elecciones, por coraje, por lastima o por compasión todo el mundo fue a votar por Amado Avendaño, porque, perdió el gobierno la confianza y la ganó Amado Avendaño con los zapatistas detrás y fue un triunfo arrollador, ganamos de calle las elecciones. Entonces ganamos las elecciones, pero en este país, a pesar del que el pueblo vota, es el congreso del estado, los diputados los que califican quien ganó, a pesar de tener los votos, no es como en Florida ¿no? que pasan otros fenómenos raros, entonces, el Congreso del Estado, que era de puro priista, del partido oficial, determinaron que el que gano, que fui yo, perdió y el que perdió, era el triunfador, no era posible eso ¿no? Y sin embargo, le dieron el triunfo a Eduardo Robledo Rincón, del partido oficial y, la derrota fue para Amador Avendaño.

Entonces, hubo una conmoción en el estado porque todo mundo había visto que ganamos, que triunfamos, entonces yo me fui a la Selva Lacandona a hablar con la comandancia y le dije, señores, ya vieron las cosa como está, si dice, ya vimos y ocurre lo mismo cada seis años, los que pierden ganan y los que ganan pierden, entonces, ¿estás dispuesto tú a convertirte en gobernador rebelde con nuestro apoyo? Sí, señor, estoy de acuerdo, voy a ser su gobernador de ustedes, si ustedes así lo quieren, perfecto. Iban conmigo cuarenta líderes de las organizaciones campesinas de Chiapas, OCES, SENPA y un montón de siglas que hay aquí en México, que eran las que me iban a apoyar y me apoyaron para tomar posesión como Gobernador de Chiapas en la plaza central de Tuxtla, al mismo tiempo que Ernesto Zedillo, Presidente de la República, le estaba dando posesión al usurpador, Eduardo Robledo en otro teatro en Tuxtla, Gutiérrez.

Hubo una contradicción evidente, yo, Amado Avendaño, gobernador en rebeldía zapatista, tenía yo pueblo, pero no tenía Palacio de Gobierno, y ellos, el partido oficial y su candidato oficial, con su gobernador, tenían Palacio de Gobierno pero no tenían pueblo, entonces, nos venimos a San Cristóbal de las Casas, y nos instalamos en el Instituto Nacional Indigenista y ahí montamos nuestro gobierno en rebeldía, un gobierno zapatista, sin apoyo oficial, solo con el apoyo del pueblo que estaba con nosotros. Entonces, nos venimos para acá pero, hay traiciones, los cuarenta líderes que dijeron allá en la selva que se iban a morir conmigo, defendiendo el gobierno en rebeldía, se vinieron conmigo también aquí a las oficinas del Instituto Nacional Indigenista, pero, el gobierno federal trajo mucho gobierno y comenzó a comprárselos uno por uno, les daba dinero o les daba tierras, vehículos y poco a poco me los fue quitando, diario cuando llegaba yo, le preguntaba a mi secretario particular, cuántos nos quedan, y me decía, se fueron otros cinco, llego un momento en que sólo estaba mi Secretario de Gobierno y yo, y le dije así, con sorna, y dónde están los demás, los compró el gobierno y se los llevó, entonces nosotros cojamos nuestro vehículo y vámonos a la selva porque si seguimos aquí nos van a dar en la madre. Nos fuimos a la selva a platicarle a la comandancia lo que estaba ocurriendo y el Sub Comandante Marco se rio de mí y con justa razón, dice, lo mismo nos pasaba a nosotros, siempre van los líderes al frente y el gobierno o los compra o los mata y nos quedamos sin cabeza, sin líder, bueno, pues lo mismo me paso a mí, me quede solo, entonces les dije que me admitieran en su tropa como soldado raso, para que yo me uniera a su… a la guerra de ellos allá, y mi hijo que iba conmigo, me acompañaba, dice, mi papá no puede ser soldado, porque su cartilla del servicio militar dice, inútil para el servicio de las armas, entonces, el Sub Comandante Marcos le respondió, no te preocupes la cartilla del Che Guevara también decía así, Inútil para el servicio de las armas y ya viste que desmadre hizo.

Entonces me aconsejaron, si ya lo dejaron los líderes, usted váyase a su casa y nosotros lo vamos a proteger ahí en su casa, porque es usted el símbolo del movimiento zapatista, es el gobernador en rebeldía, nosotros lo vamos a sostener si usted se sostiene, perfecto, entonces a partir de ahí me regresé y mi oficina se convirtió mi propia casa y mis guardias era zapatistas, así pasaron seis años, hace tres años cuando entró el nuevo gobierno de Fox en México y de Pablo Salazar en Chiapas, fui a la selva otra vez y le dije, señores, no puedo seguir tanto tiempo, entonces me dieron una especie de salvo conducto en donde ya me liberaban de la obligación de ser gobernador, iban a esperar ellos el cambio, a ver si era posible y yo creo que… así como yo me decepcione de este cambio, que no es cambio, también ellos están decepcionados.

Pues esa es parte de la historia, la introducción, podemos pasar aquí toda la noche platicando, pero, tenemos hambre ¿verdad?

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