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Ocho tzeltales, primeros detenidos del zapatismo antes del alzamiento

· El Ejército los acusó de asesinar a 2 militares y traición a la patria, entre otros delitos.
· En mayo de 1993 crecían los rumores de la formación de un grupo guerrillero en la selva Lacandona.
· La recuperación de tierras, el logro más notable para el EZLN, dice Antonio López Jiménez, sobreviviente de esas acciones.
· Ahora, el gobierno y soldados ya no hacen lo que quiere.

Tiburcio Ruiz, Lázaro Pérez y Antonio López Jiménez, indígenas tzeltales
detenidosy torturados por elementos militares en 1993, durante la entrevista
con La Jornada · Foto Elio Henríquez

Elio Henríquez
La Jornada 31/12/2013

Siete meses antes del alzamiento armado de 1994, el Ejército Mexicano detuvo en esta comunidad de las cañadas de Ocosingo a ocho indígenas acusados de asesinar a dos militares y de traición a la patria, entre otros delitos, lo que incrementó los rumores sobre la conformación de un grupo guerrillero en la selva Lacandona.

El hecho permanece en la memoria de la comunidad porque todos sus pobladores fueron concentrados en la cancha de basquetbol y, en presencia de hombres, mujeres y niños, los ocho tzeltales, entre ellos un menor de edad, fueron llevados por los militares, lo que los convirtió en los primeros detenidos relacionados con el movimiento zapatista, antes de que se hiciera público.

La detención ocurrió el 24 de mayo, después que los dos días previos elementos del Ejército Mexicano se habían enfrentado con hombres armados en la sierra de Corralchén –ubicada a unos seis kilómetros en línea recta de esta comunidad–, al localizar y luego destruir el campamento zapatista Las Calabazas. En los enfrentamientos murieron dos militares y otros dos resultaron lesionados, pero también perdió la vida un guerrillero, por lo menos.

Los federales, que se habían desplegado por cientos en varias comunidades de la zona ubicada en la selva Lacandona, llegaron a acampar a esta localidad el 23 de mayo de 1993, y un día después concentraron a todos sus habitantes en la cancha. Uno a uno obligaron a los jefes de familia a acompañarlos a sus casas para catearlas. En total encontraron 11 armas viejas y de bajo calibre que los lugareños usaban para cazar.
Ello fue suficiente para detener a Tiburcio Ruiz Clara (diácono de la diócesis de San Cristóbal); Lázaro Pérez Lorenzo y su hijo Marcos Pérez Jiménez; los hermanos Nicolás y Manuel Clara Ruiz, y Antonio y Melchor López Jiménez, así como Melchor Jiménez López, fallecido hace siete años. Ya traían nuestros nombres en una lista, recordó Antonio López Jiménez, quien entonces tenía 17 años de edad. Por separado fueron detenidos los hermanos guatemaltecos Mateo Salvador Domingo y Andrés Salvador Antonio, este último menor de edad, quienes se dedicaban a vender ropa.

Agregó que al ser trasladados en vehículos militares de Pataté a la vecina La Garrucha nos pusieron boca abajo y luego nos llevaron en helicóptero al aeropuerto militar de Terán, en Tuxtla Gutiérrez, donde tres días después nos entregaron a la Procuraduría General de la República.

Entrevistado en esta comunidad, cuyos pobladores pertenecían, como ahora, a la Asociación Rural de Interés Colectivo (ARIC) Unión de Uniones, añadió que allí nos torturaron, nos mostraron fotografías de los militares muertos y nos preguntaban si habíamos visto a los guerrilleros. No era sólo interrogación, nos amenazaban con que si no decíamos dónde estaban los guerrilleros no saldríamos nunca de la cárcel.

Aseguró que en los careos, un militar le decía: Yo te vi que disparaste, a lo que él respondió: Si me viste, ¿por qué no me disparaste?, y cuando le contestó que porque “había mucha neblina’, le replicó: ¿Entonces cómo me viste?

Aunque entre los ocho detenidos había algunos milicianos rebeldes, López Jiménez destacó en la entrevista: Realmente no matamos a los militares, no era cierta la acusación.

Acompañado de Tiburcio Ruiz y Lázaro Pérez, expresó que a partir de esas fechas comenzó a hablarse de que en Chiapas había guerrilla, pero no fue hasta el primero de enero, con el alzamiento armado y la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que se corroboró.

Afirma que aunque eran inocentes, fueron acusados de asociación delictuosa, portación de arma de fuego de alto poder, homicidio y lesiones calificadas,  acopio de armas y traición a la patria, delito del nadie había sido acusado desde la Revolución de 1910.

Dos meses después, cuando se demostró su inocencia, fueron liberados del desaparecido penal de Cerro Hueco, Lázaro Pérez Lorenzo, Nicolás Clara Ruiz, Marcos Pérez Jiménez y Melchor López Jiménez, así como el guatemalteco Andrés Salvador Antonio. Los otros cinco salieron un día antes de que se cumpliera un año de su detención, cuando ya habían transcurrido casi cinco meses del levantamiento armado.

Antonio López Jiménez comentó que todavía estaba en la cárcel cuando se enteró de que entre los zapatistas que murieron en los enfrentamientos con el Ejército en Ocosingo estaban Javier Hernández y José Méndez, originarios de la zona, y cuyos nombres llevan ahora poblados constituidos en tierras recuperadas en la región por el EZLN.

En su opinión, a 20 años del alzamiento armado, “el logro más notable para los zapatistas es la ‘recuperación’ de tierras”, y para las otras organizaciones la conquista de muchos derechos, porque ahora ya no entran a nuestras comunidades el gobierno o los militares como antes, que hacían lo que querían.

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