16/2/14

México: La cruz, las sotanas, los chalecos y las balas

Desde que se desatara la violencia por la llamada “guerra contra el narcotráfico” que emprendió el ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa, algunos obispos, párrocos y sacerdotes levantaron la voz, salieron a las calles a marchar, tomaron las palabras como armas, pelearon con el crimen organizado en una lucha encarnizada por salvar vidas; fueron exiliados, se pusieron chalecos antibalas y le dijeron a los políticos en su cara, muy cerquita: “Corruptos”…

Por Shaila Rosagel
SINEMBARGO.MX

Cuando se levantó en armas le Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZNL), en 1994,  el entonces Presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León, no dudó en acusar al obispo Samuel Ruiz García, de ser uno de los principales promotores de la guerrilla en Chiapas, debido a su amplio trabajo en las comunidades indígenas y a la práctica de la Teología de la Liberación.

La obra de aquel obispo que murió en 2011, no concluyó con su muerte. Los indígenas de Chiapas jamás volvieron a ser los mismos y los políticos mexicanos se tuvieron que acostumbrar a lidiar con los sacerdotes católicos que no se quedan callados.

Ellos comenzaron una lucha que ha seguido hasta estos días, en medio de los asesinatos, desapariciones, violaciones, secuestros y extorsiones que ocurren en el territorio mexicano, salen a dar la cara por sus feligreses, a lo que llaman “la iglesia de Cristo” y al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Encienden conciencias. Son los nuevos “curas Hidalgo”, que al tocar las campanas para llamar a misa, también llaman a la protesta, al repudio de la impunidad y no se limitan, a pesar de que sus superiores, en muchas ocasiones, los reprenden y exigen obediencia.


Alejandro Solalinde Guerra

Padre Alejandro Solalinde, director del albergue Hermanos en el Camino. Foto: Cuartoscuro

“Los migrantes me han enseñado a mí la verdad de la situación de abajo, de los excluidos, de los que no se ven, de los que no cuentan.

Desde arriba, de los intereses del bolsillo del político, las cosas se ven diferentes, se ven distintas”, dice el padre Alejandro Solalinde Guerra. El sacerdote católico de 69 años de edad, con 40 de servicio y nueve inmerso en la defensa de los derechos de los migrantes que cruzan el país, es irreverente y no le teme a decir lo que piensa.

Hace unos días en un evento perredista, les dijo a los políticos “corruptos” cara a cara y con esa misma voz, les dice a los jerarcas de la Iglesia Católica, que tienen que cambiar la vieja práctica y adaptarse a las necesidades del México de hoy.

Un México pisoteado, ensangrentado, donde la población es cada vez más vulnerada en sus derechos elementales. Así, el padre Solalinde recuerda que alguna vez él tuvo que tomar una decisión: “Me pasó lo mismo que a Jesús al bajarse de la barca, que vio a mucha gente sin pastor, igual los vi yo.

Tenía la alternativa de aceptar una parroquia para seguir haciendo lo mismo o salirme de ese sistema y tratar de acompañar en la calle a la gente más agraviada que son las y los migrantes. Eso hice, no podía permanecer tranquilo de saber que esa gente me necesitaba, yo tenía que responder y respondí”, dice.

Solalinde es un hombre de palabras certeras, que lanza como dardos para dar en el blanco en el momento preciso. Es un hombre que aprovecha las oportunidades para hablar por el más desprotegido.

“Los obispos tienen que ponerse al tono con el México de hoy, con el México en crisis tan agraviado, pero sobre todo, ponerse al tono con el Papa que tenemos, ya no seguir comportándose como si él no hubiera llegado.

Ya vamos a cumplir un año de la llegada de él y es justo y necesario que cambiemos y tratemos de no ser convencionales, que tratemos de salirnos de los moldecitos, los rieles, los esquemas, los estereotipos, para poder responder adecuadamente al pueblo de México”, dice.

Solalinde proviene  de la orden de los Jesuitas de Eusebio Francisco Kino, el religioso que evangelizó Sonora y como Jesuita, aboga por la “liberación” de las conciencias desde Ixtepec, Oaxaca a través de la Pastoral de la Movilidad Humana.

“La Iglesia está hecha de obediencia, pero ningún obispo, ninguna autoridad puede estar por encima de la conciencia de nadie, de la obedeciera mayor que es el reino de Dios: Jesús dijo ‘busquen primero el reino de Dios y su justicia’.

Si la jerarquía católica está a tono con esta búsqueda de la justicia hay que obedecerla, pero si está en un estado simulador, que no está representando al pueblo, ni a los intereses del pueblo, en conciencia yo no puedo acompañar a esa jerarquía que está con los intereses del gobierno”, dice.

Para el sacerdote no hay disyuntiva: “No puedo, tengo que seguir a los intereses de Dios, a la gente, cumplir con ese mandato de buscar primero el reino de Dios y justicia en los que están agraviados, en los campesinos, en los indígenas, en los trabajadores explotados, en los que no han sido tomados en cuenta, en los migrantes”, dice.

Luego apunta sus dardos hacia el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto y le restriega en su cara, como él dice, que en lo que va de su administración, la situación de los migrantes ha empeorado. “Ha persistido la corrupción y siguen los agravios para la comunidad y el pueblo migrante.

Tiene que reconocer que la política con los derechos de los migrantes ha fracasado. Que en este año y fracción que lleva gobernando, se ha demostrado una y otra vez, que este Instituto Nacional de Migración [INM] no tiene remedio, que no va a caminar por los derechos humanos y que se va corrompiendo”, dice.

Además de los migrantes, al sacerdote le preocupan las mujeres que son asesinadas y violadas en México. “Nada más para restregárselo en la cara de este gobierno: ya van 190 mujeres asesinadas en lo que va del año, no han parado en esa tierra, que es mi tierra y del Presidente Peña, en el Estado de México.

Que no nos vengan  a contar que México está cambiando, mentira, simulan y simulan”. Alejandro está satisfecho. En México no son unos cuantos los que como él, siguen su conciencia y no a los jerarcas. “He descubierto que hay obispos en este momento que están comprometidos, que están callados, en silencio.

Sacerdotes que están inquietos, religiosas, no somos unos cuantos ya. Hay unos de la jerarquía muy comprometidos y a tono con el Papa que tenemos, porque ya no hace juego el tipo de jerarquía que teníamos en México. Están perdiendo el miedo, el respeto a una falsa obediencia, a una falsa sumisión.

Estamos madurando y van a saliendo esos padres Goyos –refiriéndose a Gregorio López, quien huyo exiliado de Apatzingán Michoacán por amenazas de muerte-, que están calladitos y que van a defender su conciencia”.


Raúl Vera López

El obispo de Saltillo, Raúl Vera López. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

El 10 de marzo del año pasado, el obispo de Saltillo, Coahuila, Raúl Vera López, de 68 años, protestó junto con un grupo de madres en el Monumento a la Independencia, ubicado en Avenida Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, por los desaparecidos durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.

El religioso impecablemente vestido con su túnica aperlada acompañó a las madres hasta el lugar y tomó la palabra para demandar justicia, no sólo para ellas, sino para todos los mexicanos que son víctimas de la impunidad.

“Quienes venimos el día de hoy, somos víctimas y testigos de cómo se daña la vida de mexicanos y mexicanas a base de desapariciones forzadas, secuestros, extorsiones, amenazas, desplazamientos, pérdidas de la fuentes de trabajo e incontables atrocidades más”, dijo.

Después de una pequeña pausa, el obispo continuó: “Aquí junto al monumento a la independencia de México, este 10 de mayo han querido congregarse mujeres procedentes de distintos puntos del país para hacer presencia ante ustedes señores gobernantes que se mantienen en sus puestos a base de sus complicidades con los criminales y ante ustedes señores empresarios que lavan el dinero de las mafias.

La presencia de estas mujeres les quiere decir que el resultado de sus acciones corruptas es el sufrimiento de millones de personas y que mientras se siga alimentando la impunidad, el sufrimiento y la angustia invadirán cada día a un mayor número de hogares”.

Raúl Vera es un religioso dominico reconocido por su trabajo en defensa de los derechos humanos. Vivió la guerrilla al lado de Samuel Ruiz en Chiapas, también conoció de cerca las necesidades de las regiones más pobres de Guerrero y desde hace 13 años apoya y acompaña a la población de Coahuila. Como Solalinde, comparte esa actitud irreverente y crítica ante la Iglesia y la clase política que domina el país.

Durante la presentación de un documental sobre la Policía Comunitaria de Guerrero, en la Universidad Iberoamericana (UIA), el obispo criticó severamente al gobierno del priista Peña Nieto y dijo que no llegó a resolver los problemas del país, sino  a “servirse con el plato grande”,  y a vender “todo lo que puedan”, empezando por los energéticos.

“Lo que estamos viendo es la manifestación de un país sin estructura, donde el nuevo gobierno entró, no a resolver estos problemas, entraron a poner los energéticos en manos de los extranjeros, a servirse el plato grande.

Esa es la carencia de la verdadera vocación política que tenemos en nuestros gobernantes, la falta de visión y prevención”, dijo el obispo católico. Raúl Vera participó en el documental y aseguró que el origen de las autodefensas y comunitarios es legítimo, debido a que “no les quedó de otra”, ante la corrupción e impunidad que priva en sus comunidades.

El obispo fue más allá: la estrategia de Peña Nieto para poner orden en Michoacán es una “simulación”, pues al gobierno priista solo le importa poner a la venta al país. “Las autodefensas, sinceramente es una reacción espontánea del pueblo ante la ausencia de la obligación de la estructura política de implantar la justicia y el derecho.

Este país en lugar de ir para adelante, va para atrás. Están interesadísimos en vender todo lo que puedan vender, no les interesa defender nuestra vida y nuestra integridad”, dijo. El obispo no solo critica y culpa los políticos de la violencia que se vive en el país, sino que asegura que la Iglesia ha fallado.

“La Iglesia tiene necesidad de ser una acción pastoral mucho más integral, más completa y profunda. Nuestras acciones pastorales han sido débiles, por eso esta ausencia de valores, de responsabilidad hacia el otro y esta corrupción que tenemos.

La Iglesia tiene que llegar a todas partes y fortalecer su espíritu misionero”. Vera es un obispo polémico, criticado por ideas “liberales” sobre temas como la homosexualidad. Lo han llamado extraviado, que contradice a los principios de la Iglesia Católica, incluso a La Biblia.

Pero a Vera esas críticas no le quitan el sueño. Tiene mucho en qué pensar: en acompañar a esas mujeres que perdieron a sus hijos en total impunidad, en hablar por los pobres, en predicar más allá de las paredes de un templo.


Fray Tomás González Castillo 
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Fray Tomás González, director del albergue La 72 de Tenosique. Foto: Cuartoscuro

En agosto de 2010, cuando un grupo de criminales masacró a 72 migrantes secuestrados en San Fernando, Tamaulipas, uno por uno con el tiro de gracia en la cabeza.

Fray Tomás González Castillo recién había sido nombrado por la orden franciscana como encargado del proyecto de Atención a Migrantes en Tenosique, Tabasco.

A tres años de distancia, el sacerdote dirige la Casa Hogar para Migrantes La 72, bautizada con ese nombre en honor a las víctimas de San Fernando, y vive amenazado de muerte por un grupo del crimen organizado local que se encarga de asaltar, violar, secuestrar, reclutar y asesinar a los indocumentados que cruzan la frontera de Guatemala y el municipio sureño.

En un día común al padre se le van las horas en entrevistas a cada migrante que llega al albergue. En viajes a su parroquia donde oficia misa, en buscar alimento y vestido para los que llegan hambrientos y en ocasiones semidesnudos después de los asaltos en las vías del tren.

Cuando el sacerdote llegó a Tenosique les servía comida caliente a los indocumentados en una cocina improvisada en una de las salas de la parroquia.

Sin embargo pronto fue necesario contar con un lugar más amplio y así fue que nació La 72, un lugar donde diariamente se sirven ente 150 y 200 raciones de alimento tres veces al día. “Por qué soy franciscano –vacila un momento, y responde–: No lo sé.

A los 17 años fui a tocar la puerta de los diocesanos y me dijeron que tenía que esperar año y medio; a mí ya se me cocían las habas, ya quería entrar al seminario, entonces fui a la orden franciscana que está por la calle Madero en el Distrito Federal, ahí en centro”, dice.

De ese momento a la fecha, pasaron 23 años y la labor de Fray Tomás en Tenosique no se limita a darles de comer a los migrantes centroamericanos, sino a brindarles asesoría jurídica y acompañarlos a levantar denuncias ante el Ministerio Público cuando son víctimas del crimen organizado o de las autoridades migratorias.

“A mí me tienen amenazado desde que llegué. Hay una colusión terrible de las autoridades con los criminales. Policías municipales, migratorias, federales, estatales, militares y hasta el tránsito. Todos abusan de los migrantes y los he denunciado con nombre y apellido”, dice.

Aunque el sacerdote vive amenazado, no se paraliza de miedo. Él sigue con su trabajo y misión. Viaja por la Ruta del Migrante cada año en la Caravana de Madres Centroamericanas de Migrantes Desaparecidos. Las acompaña ataviado con su sombrero de ala ancha, huaraches y morral.

Su lucha está en las vías de La Bestia, donde mira de frente a los asesinos, a los miembros del crimen organizado que gozan de total impunidad en Tabasco. Los ubica por sus apodos, los reconoce por los tatuajes, se lo dice a la policía cada vez que acompaña a los migrantes a denunciar. Las autoridades no hacen nada y por eso, su vida, todos los días está en peligro.


Mario Campos Hernández

El sacerdote Mario Campos Hernández es poco conocido, pero su lucha en la Montaña de Guerrero en contra de la impunidad y la inseguridad, tiene años.

Es párroco de Tlapa de Comonfort, Guerrero, está a punto de cumplir los 56 años de edad, hace 28 años y 11 meses se ordenó como sacerdote católico y en 1995, creó a la Policía Comunitaria, hoy Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) de Guerrero, para hacer justicia por su propia mano, debido a la impunidad que imperaba en las comunidades de la Montaña.

Campos nació en una de esas comunidades pobres de Guerrero y fue en 1988 cuando se involucró en los proyectos de su comunidad, más allá de oficiar misas. “Empecé trabajado por mejorar los caminos y carreteras.

Empecé organizando con las catequistas la defensa de los bosques de los talamontes, luego para 1995 se agudizaron los asaltos, asesinatos, violaciones sexuales, esto último lastimó el alma de la gente”, recuerda el sacerdote.

Mario Campos dice que ya había organización en la comunidad y entre el 14 y 15 de octubre de aquel año, se creó la primera Policía Comunitaria en Santa Cruz del Rincón. “Se hizo ante notario público y desde entonces empezó a actuar la seguridad en bien de la población.

A partir de eso se controló la inseguridad y se regresó el orden. Los detenidos se entregaban a las autoridades del gobierno, pero vimos que ellos no hacían justicia, a muchos los soltaban y nace la CRAC”, dice.

En Guerrero, Mario Campos es acusado por algunos de sus detractores de “propagar la Teología de la Liberación” y de “incitar” al pueblo a la violencia en sus misas. El padre ha sido amenazado y en el 2000 sufrió un atentado, pero no se quebró, él siguió movilizándose a través de las Policías Comunitarias.

Justo la semana pasada viajó a El Ocotito, donde recientemente la población se levantó en armas en contra de las bandas del crimen organizado que opera en la región. “Cuando yo veo que la gente camina, yo también camino. No queremos sufrir y queremos caminar.

Cuando llega la gente con nosotros víctima de violencia, decimos: ‘Sí vamos hacer oración, pero también necesitamos actuar y asumir con nuestra fe los compromisos del mundo’. Este proyecto que tenemos no es un modelo perfecto, pero sí es alternativo y está orientado por principios”, dice.

En El Ocotito el sacerdote católico realizó un llamado a la Unión de Pueblos y Organizaciones del estado de Guerrero (UPOEG) para dialogar con las autoridades estatales y buscar juntos una solución al problema de inseguridad que se vive no solo en El Ocotito, sino en toda la zona aledaña.

“La solución no está en las armas, sino en la organización y concientizar a todas las personas. Se ha tenido que recurrir a las armas por la emergencia que se vive, porque la violencia se ha desbordado y la gente lo que quiere ya es paz”, dice.


Gregorio López: “Padre Goyo”
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Gregorio López Jerónimo, sacerdote de Apatzingán. Foto: Cuartoscuro.

El sacerdote Gregorio López oficiaba misa con un chaleco antibalas, se enfrentó a Los Caballeros Templarios, denunció la corrupción y hoy el cura de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.

El sacerdote reveló en enero que Nazario Moreno y Servando Gómez Martínez, los máximos líderes de Los Caballeros Templarios, comieron un miércoles en un rancho llamado “La Cucha”, cerca de Apatzingán, Michoacán, justo el día en que llegó el grueso de las fuerzas federales a Tierra Caliente.

“Nazario Moreno ayer comió con ‘La Tuta’ [Servando Gómez Martínez] en un rancho que se llama La Cucha, aquí a unos kilómetros de Apatzingán, y el gobierno lo sabía.

Pero había que enfocar, focalizar la mirada en Fausto Vallejo [Gobernador de Michoacán], ese decrépito que vino a visitarnos cuando los jefes más nocivos de la reunión estaban reunidos allá, tal vez hasta con seguridad del gobierno mismo, de la XXI Zona Militar, que recibe nómina de Los Templarios”, dijo en una entrevista con Red Noticiero.

La estrategia de enviar fuerzas federales a Apatzingán, Michoacán, es “una farsa, un teatro” porque incluso los elementos de la Policía Federal reciben su nómina del crimen organizado y el gobierno federal y estatal lo saben, afirmó el padre Gregorio López.

Nazario Moreno González, conocido como “El Más Loco”, “El Chayo” o “El doctor”, fue dado por muerto por el gobierno de Felipe Calderón el 9 de diciembre de 2010. Pero otras fuentes dicen que vive, entre ellas los habitantes de la región.

La Policía Federal de Genaro García Luna dijo que lo abatió en Apatzingán pero nunca presentó el cadáver. Servando Gómez Martínez, “La Tuta” o “El Profe”, es la cabeza visible del cártel de Los Caballeros Templarios. En los últimos meses ha divulgado entrevistas y videos en las que establece posturas, amenaza y da instrucciones.

El sacerdote Gregorio López, quien es miembro de la Diócesis de Apatizingán, expuso a Red Noticiero que, tras la llegada de las fuerzas federales, él registró a un grupo de Templarios, “vestidos de periodistas, ahí paseándose en las narices de los propios policías”.

El párroco dijo que “el que cobraba la cuota, un suplente de “Valladares”, que participó en el sabotaje de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), vestido de periodista, con su buena cámara y buen chaleco, se paseaba y hasta se tomaba fotografías enfrente de la policía militar en la Presidencia (Municipal)”.

Hoy, le están viendo lo “tarugo”, empezando por Vallejo (Fausto) y por el Presidente Municipal de aquí, y todo este teatro de títeres de los Templarios, porque están trabajando para ellos”.

Se refirió al incendio de una farmacia, apenas a unos metros de la Presidencia Municipal, y denunció que al momento de comenzar a arder “todos los policías, aquí en fila, cobrando en el banco su nómina, no sé si fue día de cobro, pero ahí estaban todos en el cajero y a dos cuadros quemándoles las farmacias”.

En Apatzingán ningún negocio abre, porque se quema y esa orden, dijo el sacerdote Gregorio López, la dio Nazario Moreno. “Así están las cosas aquí, aquí es un lugar sin ley. Aquí mandan Los Templarios, aquí mandan, deciden y hacen lo que les da su regalada gana”, dijo el padre Goyo.

Después de estas declaraciones el sacerdote quedó totalmente vulnerable y sufrió un atentado que fue frustrado por las autoridades. El padre dijo que la Iglesia “no puede seguir hablando a un pueblo de Dios cuando están matando a sus fieles.

Yo mismo no puedo seguir hablando de Dios cuando aquí, apesta a muerte”. Sin embargo, su superior lo reprendió. El Arzobispo Alberto Suárez Inda le pidió actuar de “manera más sensata”.

“Hemos conminado para que actúe de manera más sensata, se le ha aconsejado fraternalmente para no ser protagonista […] necesitamos ayudarle a que se serene”, dijo Suárez Inda en una conferencia de prensa donde acompañó al Obispo Miguel Patiño Velázquez.

El Arzobispo consideró que el hecho de que su imagen aparezca en los noticieros le dieron aires de protagonismo, ante la problemática que se vive en la región de la Tierra Caliente y Apatzingán.

El sábado, en una incendiaria homilia el religioso regañó a la población de Apatzingán por no haber denunciado los delitos cometidos por los templarios y también sentención al grupo criminal que o se iba de la población o serían expulsados.


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