23/3/14

Batallas que mueven límites

Crimea demuestra que en pleno siglo 21 el mapa puede cambiar. En entrevista, expertos afirman que las potencias temen a los movimientos separatistas, pero los apoyan según sus intereses


Por Pedro Pablo Cortés
ReporteIndigo

La separación de Crimea del resto de Ucrania puso a temblar a las potencias con un mensaje claro: en el siglo 21 las fronteras pueden cambiar con la voluntad ciudadana.

Aunque es un caso especial, Crimea enseña que ante un gobierno inestable, instituciones débiles, y fuertes minorías, los movimientos separatistas causan conflictos entre los países.

En un estudio, Ruth Dávila, investigadora de la UNAM, encontró que en 27 países de la Unión Europea (UE) hay más de 80 minorías nacionales, de las que cerca de 20 tienen intenciones separatistas, como Escocia en Reino Unido y Cataluña en España.

Expertos entrevistados por Reporte Indigo explican que la globalización intentó borrar fronteras, pero que propició que los movimientos nacionalistas intensificaran su lucha por fortalecer su identidad propia.

Conflicto sin resolver

El derecho internacional no favorece a las luchas separatistas, pero son reclamos legítimos que surgen de conflictos sin resolver, expresa Dávila en entrevista.

“Son reclamos válidos y legítimos porque apelan a la cuestión de la soberanía, a la libre autodeterminación de los pueblos, que está presente en la carta de las Naciones Unidas o en la carta de la Unión Europea que habla de una Europa de pueblos”, indica.

“(Pero) hablando de la cuestión legal en el orden internacional, en el orden regional y en el orden nacional, no es legal”, añade politóloga.

La académica señala que para un nuevo Estado es prioritario el reconocimiento internacional, pues regiones como Escocia y Cataluña quedarían aisladas.

“Si no hay ese reconocimiento de Estados independientes, de alguna forma se quedan aislados y se vuelven Estados no viables, porque políticamente y económicamente perderían relación con el mundo”, subraya.

El problema, expone, es que las potencias juzgan de acorde a sus intereses, pues mientras la separación de Kosovo de Serbia recibió apoyo de Washington y la UE, estos desconocen la situación de Crimea porque afecta sus intereses geoestratégicos.

“Las potencias, como vemos hoy a Estados Unidos liderando a la OTAN o la Unión Europea ya con un poder más disminuido, tienen una vara para medir diferente los diferentes casos”, asevera.

Crisis institucional

Los problemas económicos, las instituciones debilitadas y los gobiernos fallidos, han estimulado el fortalecimiento de los movimientos independentistas, asegura el profesor Antonio Palazuelos, de la Universidad Complutense de Madrid.

Palazuelos pone a Cataluña como ejemplo, pues los catalanes están cada vez más decepcionados de un Gobierno y una monarquía que enfrenta acusaciones de corrupción, como el caso del presidente Mariano Rajoy y el de la infanta Cristina. 

“Esto mismo está ocurriendo en Cataluña, está ocurriendo en Madrid y en Andalucía”, apunta el académico, “lo que pasa que allí (en Cataluña) se le ha dado un sentido distinto.

“En la medida de que hay una problemática histórica, pero sobre todo desde las últimas décadas, en la cual hay una demanda de autogobierno mayor que algunos lo interpretan en términos de independencia”.

El académico destaca que el discurso a favor y en contra del separatismo se aprovecha con fines políticos en España, mientras que el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, respalda el referendo de Escocia que se celebrará en septiembre.

“La oligarquía española y la clase política dirigente que tenemos en los últimos años no ha sabido negociar o dar un cauce democrático a este proceso, y en la medida que se ha hecho así, ha servido electoralmente para ambos (pro y anti-separatistas)”, dice.

La estrategia de Rusia


Los políticos desestiman el factor cultural dentro de estos movimientos, considera Carlos Teissier, de la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Universidad Regiomontana.
“Como no consideramos la cultura como parte importante, por eso llegamos a pensar cosas tan absurdas como que la composición del mundo ya no se va a mover”, expresa el experto en negociaciones interculturales.

Sin embargo, agrega, el presidente ruso Vladimir Putin ha aprovechado este factor para anexar a Crimea y fortalecer su influencia en países vecinos.

“Nosotros olvidamos o hacemos menos las cuestiones culturales, Rusia justamente lo que hace es aprovechar esa identidad cultural de Crimea, sabiendo que la abrumadora mayor parte de Crimea son gente que se identifica con sus orígenes rusos”, detalla.

Pese a que es complicado que movimientos separatistas lejanos a Rusia logren su objetivo, las intenciones de Putin en Crimea y otras regiones prorrusas ponen en un predicamento difícil de resolver a las potencias occidentales, sugiere Teissier.

“Aunque todos los países del mundo unánimemente dijeran ‘no estamos de acuerdo’, ¿quién puede ir en contra de la abrumadora voluntad de un lugar de hacer lo que ellos quieren? Es un problema serio”, concluye.


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