27/8/14

Un encuentro de medios libres y radios comunitarias por la defensa del territorio

Somoselmedio.org Agosto 26, 2014
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Foto: Mario Marlo/Somoselmedio.org

El cerro cabeza de mono fue quien me indicó que estábamos cerca de Izúcar de Matamoros. Alguien comentó que Amilcingo se encontraba entre la frontera de Puebla y Morelos, así que poco faltaba para que llegáramos al Encuentro de Medios Libres y Radios Comunitarias por la Defensa del Territorio que inició del 22 al 24 de agosto, donde llegaron periodistas independientes del estado de Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Estado de México, Distrito Federal y del país de Chile. ¡Ya casi!, me dije a mi misma cuando empezaron a aparecer pintas en las paredes de los pueblos vecinos con leyendas “No al gasoducto”.

La comunidad donde se realizó el encuentro se encontraba justo atrás de la cabeza de mono gigantesca, mejor conocida como el cerro de chumil. Amilcingo es uno de los tantos pueblos que rodea el volcán Popocatépetl, sus casas de adobe y ladrillo abrían camino para guiarnos a nuestro destino. Una plaza con el fondo de la casa comunal y con algunos murales que representaban la identidad de los pobladores y la radio comunitaria, indicaba que habíamos llegado. La cancha de básquetbol ya estaba acondicionada para alojar el compartimiento de conocimiento y aprendizaje. Un acto de bienvenida, por parte de los pobladores de Amilcingo, dio inicio al encuentro entre medios libres y radios comunitarias. “Este es el mero centro del pueblo, eso significa que no hay peligro. Todos los pobladores están en la lucha, así que más seguros no pueden estar, pero no es recomendable que anden por ahí solitos”, comentó uno de los ejidatarios en resistencia.

Habíamos llegado a un pueblo en donde un gasoducto amenaza con convertirse en sus venas, lo que significa el envenenamiento de sus tierras y agua; por eso en el 2011 los campesinos se vieron obligados a tomar el camino de la resistencia para defender su territorio y su vida, formando parte del Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra (FPDAT). No sólo el gasoducto se ha convertido en su principal enemigo, también se encuentran dos centrales de termoeléctricas que pretenden extraer el agua desde las entrañas de su pueblo. Pero nada de esto se les había informado y hasta la fecha la gente sigue con muchas dudas, comentó Samir quien forma parte de los fundadores de la radio comunitaria de Amilcingo: “empezó el rumor hace tres años, fuimos a preguntar a las autoridades sobre el gasoducto y nadie nos daba respuesta. Conforme pasa el tiempo, se dejan ver personas de la Comisión Federal de Electricidad y visitan, uno por uno, a los ejidatarios. Cada vez venían más y más vehículos del gobierno.”

A falta de comunicación e información de lo que estaba pasando en Amilcingo, se decide crear la radio comunitaria que en un principio empezó a transmitir con bocinas y desde ahí se convocaban a las asambleas. En enero de este año, con un equipo más apto, se arrancan las transmisiones por FM y ahora la voz de esos campesinos que han emprendido la lucha por su territorio, llega hasta los municipios vecinos. Sin embargo, la nueva Ley de telecomunicaciónes y radiodifusión ha puesto en peligro de extinción a los medios de comunicación colectivos y es en este sentido que se convoca a un encuentro entre medios libres y radios comunitarias con la finalidad de fortalecer el trabajo, pero sobre todo, para compartir e intercambiar el conocimiento para tener las herramientas necesarias y así enfrentar los ataques que se vienen contra la libertad de expresión.  

Entre días soleados, nublados y lluviosos arrancaron los talleres de edición de foto, periodismo escrito, redes sociales, fotorreportaje, edición de audio, música, entre otros, todos impartidos en la escuela primaria. En ocasiones se veían periodistas convertidos en estudiantes y estudiantes convertidos en talleristas, todos aprendiendo a tomar el registro del lugar, tomando fotos y grabando la voz que el gobierno intenta callar. También los pobladores de la comunidad se integraban a los talleres, compartían sus experiencias con la radio y se unían a los equipos de trabajo.

Hombres y mujeres del campo daban su testimonio de cómo han sido objeto del despojo y la represión. En la azotea de la casa comunal, mientras el sol se ocultaba tras las montañas para dar paso a la noche, Samir nos decía que en el 2012 se otorgó un amparo que niega el paso del gasoducto: “fuimos y les pedimos que retiraran la maquinaria. Les dijimos que no tenían permiso, pero no hicieron caso. Vienen de empresas italianas y españolas”, narraba mientras sus manos se agitaban en el aires como queriendo descargar el coraje que carga en el pecho. “Empezó a verse la fuerza pública: federal, estatal y el ejército militar para resguardar la construcción del gasoducto, así comenzaron a rascar a escondidas y sin la autorización de la comunidad. El 13 de abril cinco compas fueron aprendidos, hubo uno con impacto de bala; los emboscaron cuando iban a ver sus tierras que estaban siendo rascadas por la maquinaria. Dispararon balas de goma, cartuchos de gas y balas de plomo. Hasta la fecha muchos de nosotros estamos con amenazas de ir a la cárcel, otros ya están en ella y todo por defender nuestras tierras, nuestra vida”, continuaba su relato. 

Los campos agricultores mostraban a la cámara fotográfica los caminos rasgados que dejaron las máquinas constructoras y unos tubos abandonados presumían su paso por aquellas tierras en donde se produce el amaranto, las calabazas, el sorgo, el maíz y el cacahuate. “Los tubos ya pasan por debajo de los sembradíos. Nos cortaron muchos metros de nuestros terrenos, destruyeron cercas y tumbaron los árboles. Ellos no tenían permiso para hacer todo esto, jamás lo consultaron con el pueblo, con los campesinos”, comentaba un ejidatario que era nuestro guía para documentar la construcción del gasoducto. “Da tristeza ver a nuestras tierras lastimadas de esta manera, antes todo esto estaba lleno de vida, de árboles, ya no está como antes. Cuánta gente tuvo que morir para quitarle a los hacendados lo que nos habían robado y pa' que estos na'mas vengan a quitarnos la tierra de nuevo. Tanta lucha que dio Emiliano Zapata para que tuviéramos dónde sembrar. ¡Da tristeza, mucha tristeza!”. Al decir estas palabras los ojos de nuestro guía miraban con nostalgia aquellos terrenos donde la milpa y el amaranto luchaban por sobrevivir, se les notaba la desnutrición en sus hojas amarillentas y la falta de crecimiento en sus tallos débiles y pálidos. “La tierra tiene como tres o cuatro capas donde guarda todos sus nutrientes, eso es lo que hace que las plantas crezcan, pero al removerla todas las vitaminas se pierden y es por eso que el sembradío ya no crece como antes”, nos comentó uno de los estudiantes del taller de periodismo que pertenece a una radio comunitaria en el estado de Oaxaca y que dijo ser campesino.

“El gobierno nos ha perjudicado, nos ha dividido, nos ha confrontado entre familias y vecinos, ya nos vemos como si fuéramos perros y gatos. Estábamos tan tranquilos cuando ellos llegaron a violentarnos con este proyecto. Hasta horita han enterrado los tubos en todo Morelos, falta Puebla y Tlaxcala.” narraba nuestro guía mientras las fotos se disparaban. El sol ya pegaba fuerte sobre nuestras cabezas, pero daba buena luz para resaltar en las fotografías el color rojizo del amaranto. “Amilcingo está dentro de una bomba. El gasoducto ha tapado la única salida de emergencia que existía en caso de explotar el volcán Popocatépetl. Los temblores que causa el volcán, puede provocar que el gaseoducto explote. Esto es una bomba de tiempo.”, continuaba su relato nuestro guía durante el recorrido de regreso a la escuela para finalizar el taller de fotografía.

Durante dos días y medio de encuentro se pudo conocer a fondo la problemática de Amilcingo, pero sobre todo, la convivencia con los pobladores permitió que se entendiera su lucha, su resistencia y su coraje. Sus ganas de atendernos no paraba, “dime en qué te puedo ayudar”, le comenté a una mujer que cargaba una olla de frijoles, “es que a las señoras mayores les gusta atender a las visitas y por eso no permiten que sus invitados hagan algo, así son ellas”, me respondió esa joven que traía pegado a sus faldas un niño que aparentaba tener unos cuatro años y que no dejaba de echarme su mirada negra cristalina.  

Al finalizar el encuentro se realizaron algunas exposiciones de los talleres, en donde se proyectó la realización de un video que relata la lucha de los pobladores de Amilcingo. Con un pronunciamiento por parte de los medios libres se dio el cierre del encuentro: “Los medios libres nos declaramos en rebeldía frente a la ley de telecomunicaciones y radiodifusión impuesta por el mal gobierno”, se leía ante la mirada de los pobladores que la mantenían fija hacia el orador. “Nos declaramos en resistencia contra el saqueo y en defensa del territorio de nuestros pueblos. Les decimos que nos reconocemos como parte de su lucha y que con nuestro trabajo buscamos fortalecer la organización en defensa de la madre tierra. Con esto queremos decirles que se sientan acompañados porque su voz tiene oídos que escuchan y manos que trabajan para darle fuerza a su palabra y hacerla resonar sin límites más allá de nuestros territorios.”

En el mismo comunicado se advirtió que si una radio o proyecto se desmantela surgirán más y más: “No permitiremos que nos sigan encarcelando y reprimiendo, estamos organizados y dispuestos a garantizarnos el ejercicio de nuestros derechos. La tecnología es nuestra, nos la hemos apropiado y estamos dispuestos a ocuparla y compartirla sin límites.”

Así es como se dio fin al encuentro de Medios Libres y Radios Comunitarias por la Defensa del Territorio. No es una despedida porque desde lejos seguiremos de cerca lo que pase en Almicingo, Morelos, mirando, escuchando, grabando y escribiendo sobre esa lucha que emprendieron los campesinos por su derecho a vivir. Nos subimos al camión que nos llevó hasta ese lugar, trayéndonos mucho aprendizaje. Arrancamos el regreso a casa más fortalecidos y cargados de energía para seguir difundiendo la voz de aquellos que intentan callar.

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