4/4/15

Hasta pronto.

La columna Los de Abajo
de Gloria Muñoz Ramírez

Una parte de su corazón cabalgó las luchas que desde abajo recorren los campos de México. La otra parte no descuidó nunca la cotidianidad de las luchas de su pueblo en el sur de Francia. La congruencia y la coherencia de su andar no admitieron nunca concesiones a los poderosos ni a ninguna práctica capitalista. Ni siquiera me atrevo a mencionar su nombre completo, pues vivió en la colectividad hasta su último aliento, el pasado primero de abril.

Su paso discreto, amoroso y su palabra firme recorrieron a pie las comunidades zapatistas de Chiapas, donde su corazón latió más fuerte que nunca durante más de dos décadas. Caminó también las luchas del istmo de Tehuantepec, San Salvador Atenco, Cherán, Ostula y Nurío. En los últimos meses, siempre con esperanza, exigió junto a la gente solidaria de Toulouse la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa. De los pueblos del Congreso Nacional Indígena recibió enseñanzas que llevó hasta su tierra, donde también formó parte del recibimiento a luchadores sociales mexicanos, entre ellos don Juan Chávez e Ignacio del Valle.

Anticapitalista en el aquí y ahora, ayudó a sembrar emprendimientos transformadores de la vida cotidiana, la autonomía, el aprendizaje y la transmisión de conocimientos y memoria, como la tierra común La Fontié, ubicada a unos 50 kilómetros de Toulouse, donde compartió: “Ya están creciendo el trigo, la milpita, las plantas medicinales y aromáticas... ya rebosan de jitomate, rábanos, cebollas, berenjenas y calabacines, los dos invernaderos que nos han permitido enfrentar una temporada lluviosa y fría. Y ya pasean las ovejas en sus praderas. Fueron exitosos los injertos realizados en diversos árboles frutales, especialmente los castaños (la castaña ha sido durante milenios el alimento principal en muchas de nuestras regiones). Y ahora nos visitan compas de toda Francia y hasta de países vecinos, con quienes compartimos el ambicioso proyecto de reconstruir nuestras vidas”.

JPP no conoció la palabra desaliento. Por estas tierras del sur de Francia que tanto y tan bien conoció, siempre se le veía yendo y viniendo, tejiendo lazos entre quienes día a día, desde sus parcelas, luchan por recuperar o por preservar lo que queda de la vida del campo. Siempre de la mano de los que luchan por el derecho a la vivienda digna, contra el racismo, por la defensa de los migrantes perseguidos. Siempre abajo.

Con sentido del humor, amor y respeto al otro y la otra, también fue colaborador de Desinformémonos, donde compartió la lucha de los jornaleros de Andalucía. Hasta pronto, JP. Te mantendremos informado.


No hay comentarios: