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¿Qué es el EZLN y por qué respalda a una mujer indígena como presidenta de México?

Foto por Adolfo Vladimir/Cuartoscuro.com

29/05/2017 VICEN News 

México está por presenciar dos hechos históricos que marcarán la elección presidencial de 2018: por primera vez una mujer indígena será nominada al mayor puesto político del país y, también por primera vez, esa mujer estará respaldada por un exmovimiento armado, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Del 26 al 28 de mayo se llevó a cabo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el Congreso Nacional Indígena, una reunión a la que asistieron líderes de 56 pueblos indígenas del país, quienes expusieron la situación actual que viven sus comunidades, y dieron los primeros pasos para elegir a su candidata. La médico tradicional María de Jesús Patricio Martínez fue nombrada vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), y esto, según ha trascendido, la convertirá en la candidata para el año 2018.

El EZLN es una organización rebelde que irrumpió con fuerza en la política mexicana hace 22 años, pero que es poco conocida para millones de los votantes primerizos en los siguientes comicios federales.

Para entender qué es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, hay que remontarse a 1983, cuando se instaló el primer campamento guerrillero, llamado "La Pesadilla", en la Selva Lacandona, en el sureño estado de Chiapas. Aquella zona era —sigue siendo— un territorio marginado, donde la mayoría de sus habitantes, de origen indígena, sufren la falta de alimentos y medicamentos. El olvido en el que los tenía el gobierno sirvió para que en lo profundo de la selva se planeara en sigilo una insurrección armada que estallaría una década después.

Aquel largo plan se concretó el 1 de enero de 1994. Ese sábado, el gobierno mexicano celebraba del ingreso del país al Tratado de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos. El entonces presidente priista Carlos Salinas aseguraba que aquel trato llevaría a México al primer mundo. Pero la fiesta se topó con el México excluido: en las primeras horas del Año Nuevo, un levantamiento armado ocurrió en Chiapas. Sin previo aviso, un grupo de indígenas armados tomaron por asalto siete municipios —incluido San Cristóbal de las Casas— y durante 10 horas intentaron, sin éxito, apoderarse de la XXXI Zona Militar.


Los rebeldes se autodenominaron Ejército Zapatista de Liberación Nacional y mediante un comunicado —llamado Declaración de la Selva Lacandona— se posicionaron en guerra contra el gobierno, anunciaron su avance hacia la capital del país venciendo al Ejército y demandaron la renuncia del presidente por haber olvidado a los pueblos originarios.

"Pueblo de México: Nosotros, hombres y mujeres íntegros y libres, estamos conscientes de que la guerra que declaramos es una medida última, pero justa. Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos desde hace muchos años, por lo que pedimos tu participación decidida", leyeron los zapatistas en aquel día, inspirados en el marxismo libertario.

Contra lo que esperaba el gobierno mexicano, el movimiento zapatista ganó rápidamente simpatizantes a lo largo del país. También obtuvo apoyo desde el extranjero. La demanda de tierra, techo, alimentación, salud, educación e independencia para los indígenas ganó tantos adeptos que la administración de Carlos Salinas, después de 11 días de enfrentamientos entre militares y rebeldes que dejaron oficialmente un centenar de muertos, dobló las manos.


El 12 de enero de 1994, el presidente ordenó al Ejército no disparar más contra los indígenas, anunció una amnistía para no perseguir penalmente a los rebeldes y el envío de un Comisión de Paz para negociar con el EZLN y convertir sus demandas en leyes. Horas después, unas 80.000 personas marcharon en la Ciudad de México celebrando el final de la guerra civil.

El EZLN había logrado en menos de dos semanas empuñando las armas lo que años de protestas pacíficas no habían conseguido: poner la agenda indígena en lo alto de las prioridades del país.

Para llevar el mensaje del zapatismo a la mayor cantidad de personas, el EZLN eligió a un carismático líder como su vocero y representante ante los medios de comunicación: el 'Subcomandante Marcos', quien según la posterior versión del gobierno fue profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y su nombre es Rafael Sebastián Guillén Vicente. Su apariencia y manejo mediático atrajo la atención mundial: su identidad estaba resguardada detrás de un pasamontañas, una pipa humeante y un uniforme de combate.


Después del cese al fuego, vinieron largas conversaciones entre el gobierno y los zapatistas, que derivaron en febrero de 1996 en los históricos Acuerdos de San Andrés Larráinzar, un documento con decenas de reformas constitucionales para dar derechos y autonomía a los pueblos indígenas.

La elaboración del acuerdo fue elogiado a nivel internacional como uno de los mejores ejercicios democráticos en la historia reciente. Sin embargo, cuando llegó al escritorio del presidente Ernesto Zedillo, éste lo firmó con sustanciales modificaciones, lo que provocó el enojo del zapatismo y el desconocimiento de los acuerdos. De nuevo, el diálogo estaba estancado y los zapatistas se frustraban con una Constitución que, según ellos, no les daba plena protección.

Desde entonces, el EZLN ha luchado como movimiento político —ya no activamente armado— por la creación de una sociedad "democrática, incluyente, participativa y anticapitalista". En su afán por lograrlo, han realizado caravanas a lo largo del país, han realizado multitudinarias protestas en el Zócalo capitalino y la Ciudad Universitaria de la UNAM. Uno de los actos más importantes sucedió en marzo de 2001, cuando aceptaron la invitación a ocupar las curules y el Pleno de la Cámara de Diputados para exigir una Constitución que garantizara sus derechos. La imagen de decenas de encapuchados en el Congreso mexicano se replicó por todo el mundo.



Dos años más tarde, el EZLN innovaría con una forma de gobierno autónoma, y reconocida por la ley, llamada "Los Caracoles" y "Juntas de Buen Gobierno", cuyo lema para administrar los bienes públicos es "Mandar obedeciendo".

El EZLN se había caracterizado por su renuencia a participar en las elecciones. Su argumento era que conformarse como partido político, o apoyar a un candidato presidencial, los haría perder el rumbo de su lucha y perpetuaría el olvido de los indígenas.

En las elecciones presidenciales de 2006, cuando México estuvo más cerca de estar gobernado por un presidente de izquierda, el zapatismo creó "La Otra Campaña", una iniciativa que llamaba a no votar o votar en blanco y que, según los analistas políticos, pudo hacer la diferencia en una elección que terminó ganando el conservador Partido Acción Nacionales. En los comicios federales de 2012, el EZLN repitió ese llamado.

Esa inercia parece haber cambiado: tras 22 años de desdeñar las urnas, en octubre del año pasado el más grande exmovimiento armado de las últimas tres décadas anunció que postularían una candidata presidencial que buscaría "detener la destrucción y defender la vida de cada persona". El anuncio sorprendió al país, tanto por el cambio radical de posición como por la falta de detalles.


El misterio quedará resuelto en unos días: ¿jugará el EZLN en la contienda presidencial como si fueran un partido político tradicional? ¿estarán en la boleta, junto a las fuerzas políticas que tanto despreciaron? y, finalmente, ¿quién será la nueva presidenciable para conducir al país el siguiente sexenio?

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