27/11/17

Cataluña. Maestros que temen hablar en clase de actualidad: “¿Qué voy a decir cuando me toque explicar las instituciones?”

El juicio en la Seu d’Urgell y otras denuncias por hablar del 1-O en clase hace que algunos maestros se autocensuren y que algunas direcciones pidan a sus docentes evitar el tema.


Sònia Calvó
Diarieducació

No es fácil para un maestro hablar de la actualidad política en clase, y mucho menos estos días. Con ocho maestros imputados por un supuesto delito de incitación al odio, una campaña política contra el adoctrinamiento y formularios que animan a familias a denunciar malas praxis, algunos docentes optan por evitar que el proceso entre en sus aulas. En algunos casos, prefieren autocensurarse, mientras que, en otros, los claustros o las direcciones les han hecho recomendaciones en esta línea.

Una de ellas es Laia Garcia, maestra de quinto de primaria en una escuela pública de Badalona, que opta por emplear un nombre falso, para no implicar a su centro. Inmersa, desde hace unos días, en una actividad en clase para explicar qué son las guerras, cómo se financian las armas y cuánto dinero invierte el Estado español en Defensa —con materiales didácticos proporcionados por el Centro de Recursos Pedagógicos (CRP)—, la dirección de la escuela le solicitó que no siguiera con el tema. “No lo hicieron por ideología, sino por el miedo a recibir denuncias”, expone esta docente.

En las últimas semanas, el equipo directivo de su escuela, asegura, ha solicitado al conjunto del profesorado que “no hable con el alumnado sobre el 1 de octubre” ni sobre ningún tema que pueda levantar ampollas, como “la financiación armamentística o las guerras de origen religioso”. “Es muy complicado poder explicar según qué temario, si no puedes debatir sobre determinadas cuestiones”, lamenta Garcia.

“Existe una tendencia que está llevando a parte del profesorado a no tratarlo”, constata Ramon Font, portavoz del sindicato USTEC-STEs, en referencia a cuestiones como los hechos del 1-O o el encarcelamiento y el exilio del gobierno de la Generalitat. “Si no nos plantamos, podemos acabar sin espíritu crítico; debemos defender la libertad de pensamiento y la libertad de cátedra”, defiende. En esta línea, la plataforma Somescola, que agrupa a una cincuentena de entidades educativas, ha defendido, en un manifiesto, el papel del profesorado en el modelo de educación en Cataluña.

Autocensura para evitar la reacción de familias

En algunas ocasiones, son los propios maestros los que han optado por autocensurarse. En Tarragona, en el Instituto Pere Martell, Javi Barba y el resto de compañeros de su equipo docente han decidido “no hablar” sobre “nada que tenga que ver con el referéndum ni el 1 de octubre, para evitar entrar en conflicto”. Barba explica que, en su instituto, donde se imparten, sobre todo, ciclos de grados medio y superior, hay “todo tipo de alumnado y con todo tipo de opiniones e ideologías”. “Tengo tres o cuatro hijos de guardias civiles y policías nacionales; yo no sé qué les explican en casa, que cada uno piense lo que quiera”, explica este profesor de Tarragona.

“Como profesorado, estamos en un escaparate, en un momento muy complicado, además, y, cuando llegan a casa, los alumnos lo cuentan todo”, continua. Para él, “es arriesgado hablar con chicos de 16 años, puedes tener problemas”.

El temor a la reacción de algunas familias es lo que frena a este docente. No sólo porque algunas denuncias hayan acabado en los juzgados, como en el caso de los ocho profesores de la Seu d’Urgell, sino también porque entidades como Societat Civil Catalana animan a que se les trasladen quejas sobre casos de posible adoctrinamiento. Tampoco es ajeno al día a día de los docentes el hecho de que el Ministerio de Educación ya haya trasladado tres requerimientos al Departamento de Enseñanza en que solicita información sobre decenas de casos, algunos de los cuales han aparecido en la prensa.

Antes del 1-O “se podía hablar de todo”

Sara, profesora de un instituto público de Santa Coloma de Gramenet, no habla “del tema en clase por miedo a denuncias”. Según explica, hasta principios de octubre “se podía hablar de todo”. Pero tras el referéndum, su centro, junto a otros de la zona, hicieron una manifestación en contra de la violencia, una iniciativa por la que afloraron quejas de algunos miembros de la AMPA. Desde entonces, ella ha optado por evitar las cuestiones de actualidad política.

Al igual que en su centro, el 2 de octubre la mayoría de escuelas de Cataluña hicieron actos de rechazo a la violencia policial. Entre ellos, el de Laia Garcia, en Badalona. “El 2 de octubre, cuando los niños llegaron a clase, algunos me decían que había habido un atentado yihadista y que, por eso, los Mossos d’Esquadra pegaban a la gente”, explica Garcia, para dar a entender que muchos no tenían ni idea de qué había pasado exactamente. “Como profesora, debes explicar lo que ha pasado, sobre todo si ellos tienen dudas”, opina. Les explicó que no habían sido los Mossos, sino la Policía Nacional y la Guardia Civil, aunque asegura que “no entienden muy bien las diferencias entre cada policía”.

En la asignatura de Sociales, Garcia y sus alumnos acaban de estudiar qué es un ayuntamiento y cómo funciona, y el próximo tema que les toca abordar es la Generalitat de Catalunya. “Les tengo que explicar qué son los diputados, las elecciones, el presidente…” Garcia se lamenta: “¿Qué les voy a decir? ¿Cómo explicas la Generalitat? No sé cómo hacerlo.” Ante ello, el equipo directivo le ha recomendado “que pase por alto este tema” y que ya lo verán “más adelante”. De nuevo, insiste, “miedo a lo que pueda pasar”.

Dos modos de pensar

En el Instituto Montserrat Roig, de Terrassa, donde Carles Codina ejerce de profesor de secundaria y bachillerato, aunque el equipo directivo no ha dado ninguna directriz concreta, algunos profesores prefieren no sacar el tema. “Algunos no quieren hablar de ello por miedo al qué dirán sus compañeros, ya que algunos profesores del Instituto están a favor [del proceso soberanista] y otros, no”, explica Codina, que matiza que, en su centro, “los sectores que no están de acuerdo con el proceso, en este momento, se sienten más incómodos”.

Él, sin embargo, sí opta por afrontar el debate, si se le presenta en clase. Considera clave que los alumnos vean que es un conflicto entre posiciones distintas. “Lo planteo como una contraposición entre dos formas de pensar, sin reforzar la posición de ninguna parte e intentando generar empatía mutua”, expone.

Lo mismo opina Lluïsa Ayza, profesora de ESO del Instituto Can Peixauet, de Santa Coloma de Gramenet. Sus alumnos, explica, tienen dudas constantemente sobre el conflicto político catalán. “No se callan: plantean preguntas, tienen dudas… Intento argumentar con ellos, que vean distintos puntos de vista, que entiendan qué ha pasado y por qué, pero nunca tomo posición ni doy a entender lo que pienso”. Para ella, es muy importante que, si los alumnos preguntan, tengan respuestas.

“Estamos en una sociedad donde cuesta hablar de según qué asuntos”, sostiene el profesor de humanidades en la Universitat Pompeu Fabra y especializado en filosofía y ética Jordi Mir. “Parece que, si no tomas posición, no puedas hablar del tema”, apunta Mir. “Debemos enseñar todas las partes, enseñar todos los argumentos, con rigor. La complejidad dependerá de la edad de los alumnos, pero debemos evitar las simplificaciones entre buenos y malos.”

“La educación está en las antípodas del adoctrinamiento; lo que busca es capacitar a las personas para hacer frente a los retos de la sociedad”, sostiene este profesor de la UPF, que se muestra sorprendido por las denuncias contra los maestros de la Seu d’Urgell por incitación al odio. “Tenemos que poder hablar del referéndum del 1 de octubre, del mismo modo que de otros temas difíciles de abordar, como la interrupción del embarazo, la eutanasia, la Guerra Civil o la situación económica actual”, concluye.

El formulario de Societat Civil Catalana

Societat Civil Catalana (SCC), que se autodefine como una asociación para fomentar “la cohesión y la convivencia entre los ciudadanos de Cataluña” y “mantener la cultura catalana como parte inseparable de la cultura española común”, ha presentado un formulario donde las familias pueden denunciar a las escuelas por adoctrinamiento, si detectan algún caso. Según SCC, algunos de los motivos para denunciar podrían ser “símbolos políticos en los centros”, como “pancartas de Somescola” o “murales”.

“Sirve para que las familias que sientan vulnerados sus derechos en las escuelas puedan vehicularlo”, explica el presidente de SCC, José Rosiñol. Asegura que, “lamentablemente, en Cataluña no existe ninguna forma de vehicular este tipo de quejas”, porque, dice, “si lo haces en las escuelas, pueden llegar a estigmatizar a tu hijo”. Ante la activación de este formulario, desde la comisión jurídica de USTEC “se está estudiando” lo que valoran como una “caza de brujas”.

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