9/11/17

La República es la gente en la calle

Y con todo ello, desde la calle la gente y desde el exilio y las cárceles el gobierno, se empieza a hacer visible que ni el miedo de la violencia oficial o paraoficial ni las acciones de los protectores del régimen del 78 -sindicatos oficiales incluidos – no parece que puedan ser elementos suficientes para detener la reacción de dignidad y coraje que los CDR supieron administrar tan bien ayer, en todo el Principado.


Por Vicent Partal
Kaos en la Red 09/11/2017

Todo lo que pasó ayer me parece un síntoma evidente de que entramos en una época diferente, y esto reclama soluciones y maneras de hacer innovadoras. No habíamos visto tanta decisión colectiva puesta al servicio de una causa, articulada organizativamente con tanta precisión y con un apoyo tan multitudinario y compacto de la gente. Ayer la República se hizo viva en la calle, con el control y la paralización de muchas de las estructuras básicas del país. Las imágenes de la ocupación de la estación del TGV de Girona, por poner uno de los ejemplos más destacados, nos costará mucho olvidar.

Los Comités de Defensa de la República hicieron un papel lucido ayer, con una eficacia más que notable. Es lícito discutir su método e incluso, si lo desea, podemos discutir si este tipo de acciones pueden llegar a ser contraproducentes, según cómo. Pero honradamente nadie puede negar hoy que los sindicatos convocantes o que daban apoyo al paro -Intersindical-CSC y CGT, Unión de Agricultores y USTEC y los CDR han conectado con la gente y han sabido hacer aflorar en la calle la voluntad de resistencia y de lucha del país.

Con ello, España ayer tuvo una primera ocasión de darse cuenta de que controlar el Principado sólo aplicando un artículo de su constitución no le será posible. Ayer la gente demostró que podía tomar el control de una manera disciplinada y eficaz cada día y siempre que quisiera. El desarrollo y cumplimiento flexibles, rápidos y permanentes de objetivos y consignas fueron simplemente espectaculares.

Sin embargo, no fueron importantes solamente las movilizaciones, sino también las concentraciones. Tanto a mediodía como por la noche el número de manifestantes que bajaron a las calles y las plazas a apoyar a los presos políticos y en la República superó todas las expectativas. Y este también es un síntoma muy importante: el país no quiere estar quieto en casa, no quiere ceder el espacio público a la extrema derecha ni dejar pasar la oportunidad histórica de cambio que significa la República proclamada el 27 de octubre.

Los pilares del independentismo, que hasta ahora han reaccionado de manera contenida en el empleo de la Generalitat, ayer fueron desbordados. No es nada sencillo esto que pasa, sabiendo que hay presos y exiliados y con la presión permanente del estado en el cuello. Pero, seguramente, ni el ANC y Òmnium ni los partidos han acabado de acertar la manera de canalizar las ansias de la calle, lo que ayuda a entender también el éxito de la convocatoria de ayer. Por otra parte, la batalla partidista sobre las elecciones, hoy más incomprensible que nunca, ha reforzado en mucha gente la impresión de que no se puede hacer la independencia con los métodos, las formas y los modos de la autonomía.

Y en este punto me parece que la movilización de ayer debería hacer reflexionar todos. Especialmente teniendo en cuenta que en Bruselas el gobierno de la República va recuperando el pulso. Esta semana el presidente y los consejeros han participado en actos públicos y han hecho entrevistas cada día. Han marcado con su tono la defensa del estado aprobado en el parlamento y de la democracia secuestrada por Mariano Rajoy. También el vicepresidente y los consejeros encarcelados han intensificado su presencia, con cartas y artículos. La oficina de la presidencia comienza a tomar cuerpo e incluso ya tiene representación en Barcelona. Los canales de comunicación comienzan a funcionar …

Y con todo ello, desde la calle la gente y desde el exilio y las cárceles el gobierno, se empieza a hacer visible que ni el miedo de la violencia oficial o paraoficial ni las acciones de los protectores del régimen del 78 -sindicatos oficiales incluidos – no parece que puedan ser elementos suficientes para detener la reacción de dignidad y coraje que los CDR supieron administrar tan bien ayer, en todo el Principado.

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